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HABLEMOS DE ISLANDIA por Cosme Morillo

Mi buen amigo Cosme Morillo hace una reflexión a mi entender muy acertada sobre la llamada "revolución silenciosa" de Islandia. Lo publica en su blog (que recomiendo)  NOTAS DIVERSAS


En estos días convulsos, se ha puesto de moda en muchos medios de comunicación, la llamada revolución silenciosa de Islandia, y que algunos aficionadas al power point, por e-mail pretenden hacer llegar a todo el mundo, exageran hasta el punto de decir que los gobiernos de la UE intentan impedir la difusión de lo que allí sucede, por miedo al contagio en los demás países de la unión. En primer lugar y para todos aquellos que no conozcan este país casi ártico, a caballo entre Europa y América, debo decir que en una superficie de 103.000 Km2, Castilla la Mancha y la Comunidad Valenciana juntas, conviven tan solo 331.000 habitantes. La economía, desde tiempo inmemorial se ha basado en la pesca, particularmente del bacalao y su industria auxiliar, salazón conservera, etc. 

Otra explotación es la ganadería, aunque prácticamente para su autoconsumo. La escasez de recursos naturales, ha hecho de los islandeses unos grandes aprovechadores, en particular de la energía geotérmica, hecho que les ha dado fama mundial en el campo de las energías renovables. Últimamente dos grandes fábricas transformadoras de la bauxita, que importan, en aluminio que exportan, vienen a complementar los recursos económicos de los islandeses. 

El 17 de junio de 1944 Islandia obtiene su independencia de Dinamarca, y se constituye en república. La ayuda económica del Plan Marshal para la Europa de la posguerra, permite la industrialización del sector de la pesca, lo que contribuye a dar una gran prosperidad económica a los islandeses. Siguiendo la tónica imperante en la Europa de la posguerra, y aún con el hecho de gobiernos de corte liberal, siempre en el poder, Islandia adopta la socialdemocracia como fórmula económica que permite el reparto de la riqueza generada. Los bancos de titularidad pública, son la fuente financiera siempre controlada desde el poder político; situación que dura hasta la década de los noventa, donde la llamada revolución conservadora, que impulsan Margaret Tatcher y Ronald Reegan, hace mella en la isla, desencadenando una cascada de privatizaciones en el sector bancario; entidades que van a parar a manos de unos especuladores, que abandonan por completo el objetivo de ser el sostén financiero de los islandeses y sus industrias, para dedicarse en cuerpo y alma al lucrativo negocio de la estafas piramidales, engañando a grupos inversores particularmente del Reino Unido y Holanda, con la promesa de una alta rentabilidad, que a la hora de la verdad resultó ser completamente falsa. El pinchazo de la burbuja, pone al descubierto la martingala, y los islandeses reaccionan haciendo saltar el gobierno de derechas, para elegir un nuevo gobierno de izquierdas, al que exigen volver a la situación anterior, re-nacionalizando los bancos y reclamando un regreso a la socialdemocracia además de exigir prisión a los banqueros, responsables del desaguisado. También, se dan cuenta de los problemas causados por un nacionalismo que en épocas de vacas gordas, les había mantenido fuera del paraguas protector de una Unión Europea y de su moneda única, cuando la corona islandesa se devalúa al 50% de su valor, una situación extremadamente grave en un país donde todo debe ser importado, pues en su territorio por no crecer, no crece ni un árbol. 

Es verdad que los islandeses después de ser consultados, han respondido por dos veces que no aceptan pagar las inversiones fallidas en sus bancos cuando estuvieron privatizados, y que a esta actitud, la que se viene en llamar revolución silenciosa, es la que les aleja cada vez más de una posible y deseada entrada en la Unión Europea y su moneda única, situación que con toda seguridad, les permitiría salir más pronto del marasmo con un coste social mucho menor del que está pagando ahora este sufrido pueblo. ¿Pero se le puede llamar revolución a lo que está haciendo el pueblo islandés? ¿En verdad creen vds. que se está proponiendo un cambio profundo en las estructuras de la economía islandesa? Francamente mi respuesta a estas dos preguntas es sencillamente que no, pues ellos no hacen otra cosa que regresar al control político de sus finanzas, cuestión relativamente fácil cuando lo que cabe administrar son los recursos de 131.000 habitantes, pero de ninguna manera plantean un cambio real de sus estructuras productivas, por lo demás bastante difícil de plantear por razones de climatología entre otras. También en la búsqueda de soluciones los islandeses, persisten en su aislamiento internacional, cuestión a todas luces poco conveniente en una economía globalizada, en la que todos estamos inmersos.

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