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Terapia zen contra el frenesí de Google



Google contrató a Chade-meng Tan como ingeniero, pero ahora imparte un popular curso de concentración en el trabajo.

24 may 2012  El País Por CAITLIN KELLY

MOUNTAIN VIEW, California — Al entrar en la sede de Google —con su casa construida en un árbol en el interior y sus asientos de inodoro con calefacción— se podría pensar que hemos viajado hasta el arcoíris. Pero todos los juguetes y las ventajas adicionales ocultan un ritmo frenético, y muchos empleados reconocen que la vida en este lugar puede ser dura para los egos frágiles.

Los empleados que provienen de campos donde el ritmo es rápido aseguran que Google les presiona para producir incluso a más velocidad de la que podían haber imaginado.

Larry Page, cofundador y consejero delegado de Google, prometió recientemente en el sitio de la empresa que mantendría “una indiferencia saludable hacia lo imposible”. Por tanto, no es de extrañar que entre los centenares de clases gratuitas que Google ofrece a los empleados, una de las más populares se llame BDT, que significa Busca Dentro de Ti. Es una idea de Chade-meng Tan, un ingeniero de 41 años que llegó a Google en 2000 y que ahora trabaja en recursos humanos.

Se puede decir que BDT es el zen de Google. Tan ideó el curso y lo perfeccionó con la ayuda de nueve expertos en el uso de la concentración en el trabajo. Y en una época en la que Google está sometido al escrutinio de los reguladores europeos y estadounidenses por el tema de la privacidad y por otros temas, una clase sobre concentración podría ser algo bueno. La clase tiene tres fases: el entrenamiento de la atención, el conocimiento y el dominio de uno mismo, y la creación de hábitos mentales útiles. Más de 1.000 empleados de Google han asistido a la clase, y hay una lista de espera de 30 personas cuando se ofrece, cuatro veces al año. Se admiten 60 alumnos en la clase y se desarrolla durante siete semanas.

R ichard Fernández, director de desarrollo ejecutivo, psicólogo de formación, admite que aprecia una diferencia significativa en su comportamiento en el trabajo desde que asistió a la clase. “Sin duda, soy un líder mucho más flexible”, señala. “Escucho con más atención y menos rechazo en las reuniones de gran importancia”.

El primer libro de Tan, Busca dentro de ti: el inesperado camino para alcanzar el éxito, la felicidad (y la paz mundial), se va a publicar en 17 mercados de todo el mundo, desde Corea del Sur hasta Brasil y Eslovenia.

Tan, budista y nacido y criado en Singapur, aprendió por su cuenta a escribir códigos de programas informáticos a los 12 años. Y a los 15 ya había ganado su primer premio académico nacional. “En Singapur, la manera de distinguirte es ganando concursos”, explica. “Pero no me contentaba con eso. Me sentía obligado a ser el mejor”.

Tan asegura que quiere crear la paz en el mundo. Estudió ingeniería informática en Singapur e hizo los estudios de posgrado en la Universidad de California, en Santa Bárbara. Cuenta que le ofrecieron un trabajo en Google a los cinco minutos de enviar su currículo por correo electrónico después de licenciarse.

Recientemente, unas 50 personas llenaban un anfiteatro en Google. Tan se encontraba en el estrado con un compañero profesor, Marc Lesser, antiguo monje budista. Durante dos horas, los empleados trabajaron con compañeros para realizar ejercicios en los que identificaban y compartían emociones. La clase ofrecía a los estudiantes un lugar para cuestionar de qué manera se comportan y por qué lo hacen.

Al igual que Tan, muchos estudiantes de BDT son inmigrantes de Asia con alta formación. Este curso les reta a examinar de qué manera sus decisiones afectan a su trabajo y a sus relaciones. “Necesitamos un experto”, señala Tan al empezar la clase. “El experto eres tú. Esta clase es para ayudarte a descubrir lo que ya sabes”.

En un ejercicio se pide a todo el mundo que nombre y comparta con un compañero tres valores fundamentales. “Te centra”, comentaba más tarde un participante. “Puedes ir por la vida olvidando cuáles son”.

En un ejercicio de siete minutos, se pide a los asistentes que escriban sin detenerse cómo se imaginan sus vidas dentro de cinco años. Tan pone fin al examen golpeando suavemente un cuenco tibetano y hablan de lo que significa tener éxito y fracasar.

A continuación, Lesser pide a toda la sala que grite: “¡Yo fracasé!”. “Tenemos que ver el fracaso de una forma buena, suave y generosa”, explica. “Veamos si podemos explorar estas emociones sin avaricia”.

Blaise Pabon, ingeniero de ventas empresariales, asistió a esta clase en 2009. “La idea del BDT es mucho más radical o contracultural en Google que en ningún otro sitio”, asegura. “Aquí la presión es realmente muy intensa. Es un lugar repleto de personas que llegan muy alto y que están formadas para encontrar el reconocimiento a través de factores externos”.

¿Se puede trasladar el BDT a otras empresas y a otras culturas empresariales?

Pabon señala: “La razón por la que pienso que puede aplicarse en general es que todo el mundo tiene problemas. ‘¿Soy la persona más inteligente de la sala?, ¿qué pasa si no lo soy?’. A todo el mundo le preocupa perder su trabajo y tiene cierto temor a no ser capaz de sobrevivir”.

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