martes, 25 de junio de 2013

El cambio climático en un escalofriante vídeo


James Balog (Crédito de la fotografía: Instituto de Investigación Polar, Universidad de Ohio)


El prestigioso fotógrafo norteamericano James Balog creía que el cambio climático era una patraña inventada por los ecologistas.

En el año 2006, la revista National Geographic le encargó fotografiar algunos glaciares alrededor del mundo. Preparando ese reportaje, Balog quedó impresionado por la velocidad a la que los glaciares estaban desapareciendo:
“Estructuras que habían tardado siglos en formarse, se desvanecían frente a mis ojos en pocos días”.
Al año siguiente, con la colaboración de la NASA y el Instituto de Investigación Ártica de la Universidad de Colorado, Balog fundó el “Extreme Ice Survey”, un proyecto que fotografía periódicamente los glaciares más importantes de nuestro planeta.

Aquí podeís ver un vídeo filmado por el equipo de Balog. Se trata de la mayor ruptura de un iceberg jamás documentada:
“La única manera de comprender este vídeo es ponerlo a escala humana. Imagina Manhattan y que, de repente, todos esos rascacielos empiezan a colapsar. Imagina una ciudad masiva que desaparece delante de tus ojos”.


(El sonido del vídeo es casi tan impresionante como sus imágenes).



lunes, 24 de junio de 2013

Estupenda conferencia de Peter Higgs en Barcelona





Este es el resumen en español de la conferencia que acogió a Peter Higgs en CosmoCaixa Barcelona el 6 de noviembre de 2012. El profesor Higgs tuvo la amabilidad de aceptar una invitación hecha por el Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) y Obra Social "la Caixa" para explicar en primera persona la historia del Bosón de Higgs, la partícula que nos puede ayudar a entender porqué la materia tiene masa. .¿Qué han visto ahora en el CERN los miles de físicos que durante décadas han perseguido el Bosón de Higgs? ¿Cómo llegó Peter Higgs a plantear la necesidad de una nueva partícula?

martes, 18 de junio de 2013

“¡Uf, por este artículo de opinión sobre las políticas de igualdad me va a caer la del pulpo!” por Miguel Aguado



Debo decir de antemano que siempre he defendido la igualdad de hombres y mujeres. No creo que una sociedad en la que la mitad del planeta tenga menos derechos y oportunidades que la otra sea una sociedad justa. Considero que esta no es solo una causa de las mujeres, es y debe ser una causa común de las personas justas. Sinceramente creo que los valores femeninos son mejores para lo colectivo y lo público; es decir, que con una visión femenina la política sería mejor para todos. No descubro nada nuevo: ya lo dijo el feminismo en el pasado siglo. No me refiero a una cuestión numérica, que también, sino de modos y formas: la búsqueda de lo que se comparte frente a lo que diferencia, el acuerdo frente a la discrepancia,… ¡Vamos, una democracia más real!
Dicho esto, quisiera reflejar algo que me lleva dando vueltas desde hace tiempo. Lo políticamente correcto sería callarme, dejarlo en ese lugar del cerebro donde se almacenan las cosas que no se usarán. Pero creo que el debate libre nos obliga a poner sobre la mesa lo que consideramos debe ser de utilidad, aún a riesgo de estar equivocado o de tener respuesta discrepante.
Hace algunos años en las entidades sociales y en la izquierda política se hablaba de políticas o áreas de mujer; quedaba claro, se trataba de acciones dirigidas a lograr que la desigualdad de la mujer en general se redujese. Eso está muy bien. Luego, por esa obsesión que tenemos en la izquierda de reinventar los nombres para seguir muchas veces haciendo lo mismo, pero más moderno, se le llamó políticas de igualdad. Ahí comienza mi discrepancia, cuya expresión en público en este artículo me llevará a la “muerte política” (es broma, ¿supongo?).  
Es verdad que tenemos muchos problemas de desigualdad en nuestra sociedad con las mujeres, sin lugar a dudas. Es cierto que tenemos un número repugnante de atentados a mujeres por hombres asesinos, machistas y posesivos, es igualmente cierto que las mujeres en general cobran menos que los hombres como reflejan los informes oficiales, es cierto que cuesta ver una mujer en los lugares importantes de toma de decisiones en la esfera internacional o en las empresas. Es verdad todo eso.
Pero tengo la sensación que una cosa es la realidad y otra la respuesta tradicional desde la izquierda. Los partidos de izquierda (PSOE e IU principalmente) compiten para ser los que más peso le dan a las políticas de mujer. Así logran colocar en la agenda política temas como la paridad, las listas cremalleras, los porcentajes de mujeres en puestos directivos, la defensa de la decisión de las mujeres sobre el aborto (parece mentira que en pleno 2013 tengamos que seguir hablando de ello por la visión retrógrada del PP y especialmente del “progre” Gallardón), los premios de mujer, las entidades de mujer,… Todo muy bien, ahora lo llamamos igualdad y no hay dirigente que no  quiera estar al frente de ello.
Así, en mi propio partido recientemente se propuso como evolución positiva que en todas las decisiones importantes que se tomasen estaría presente una persona (presumiblemente mujer) para valorarlo desde la perspectiva de la igualdad o de género. Considero que la igualdad, la justicia social o la honestidad por ejemplo,no se pueden “procedimentar” o reglamentar; se trata de valores y eso o está presente en todo y en todos los que toman decisiones o no hay reglamento que lo sustituya.
Este feminismo de las élites femeninas en política bien podría ser llamado el “feminismo del 1%”, el cual trata sólo del techo de cristal, pero muy pocas veces del suelo de piedra. Se ocupa de las preocupaciones, ansiedades y prerrogativas del 1%, mujeres que están en o cerca del nivel más alto de sus profesiones, el mundo corporativo o gubernamental. Desgraciadamente, esto les ciega en su propio campo de visión limitado, tiende a hablar en nombre de todas las mujeres, universalizando algo que es profundamente particular. Porque, realmente ¿todas las mujeres españolas consideran como prioritario que los partidos políticos presenten sus listas en forma de cremallera? Que conste que cuando me presenté a la Alcaldía de mi municipio (Tres Cantos) en 2003 (¡qué mayor ya!) presenté una lista cremallera, por convencimiento, por didáctica política y por capacidad de todos y todas. 
Considero que esta visión de feminismo corporativo es fundamentalmente conservadora, porque liga la igualdad a valores post-materiales. Daríamos a entender que lo material y la desigualdad más básica, la material, ya se ha logrado; quedando únicamente “huecos” por cubrir en ese post-materialismo. Esta visión del feminismo utiliza metalenguajes corporativos, es conformista con las estructuras de la cultura corporativa y no requiere, aparentemente, ningún cambio cualitativo en las relaciones sociales. En su lugar requiere que aquellas personas que estén sufriendo un  impacto fuerte de la desigualdad y la discriminación deban modificar su perspectiva psicológica.
El feminismo vertical desde arriba hacia abajo depende de la benevolencia y política de género de las que llegan arriba. No se trata de hacer acciones colectivas o construir un poder colectivo para el cambio.
Recuerdo que cuando en el Gobierno del José Luís Rodríguez Zapatero se lanzaron las ayudas de 2.500 euros a los nacimientos, política que no comparto por ser lineal, trabajaba en una agencia de comunicación y en ese momento se encontraban embarazadas, al tiempo, la Directora General y la recepcionista. Mientras que para la primera era un dinero que le vendría bien, para la segunda era una ayuda imprescindible.
Pero, considero que sin restarle importancia al problema esta visión que se ofrece a veces  desde la izquierda es claramente una visión burguesa (como se decía antes). Porque, la mayor desigualdad, la falta de igualdad mayor en derechos y oportunidades en España no es entre hombres y mujeres, lo siento, es entre ricos y pobres; sin lugar a dudas. Es decir, no estamos en esa sociedad post-material donde algunos consideran se ubica la política.
Hace unos días la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organización internacional que reúne a los 34 países más industrializados del mundo, hizo público un informe sobre la desigualdad en el período comprendido entre 2007 y 2010.
España, según este estudio, no solo es el país con mayor desigualdad de la eurozona, también es donde más crecieron las diferencias entre los más ricos y los más pobres en este período, es decir, los años correspondientes a la primera mitad de la crisis. Complementariamente, tres millones de nuestros compatriotas (si, 3 millones) se encuentran en la extrema pobreza.
Este informe señala cómo la desigualdad en lo que referido a los recursos familiares, medido en el llamadocoeficiente Gini que refleja la diferencia de ingresos en un país, se agravó en España 2,9 puntos en este indicador a lo largo del periodo analizado.
¿Hay que trabajar por la igualdad entre hombres y mujeres? sin duda; pero hay que reorientar las prioridades. Esto quiere decir, desde mi perspectiva, que siendo importantes para nuestra sociedad y su progreso las medidas que se piden desde lo que denomino el feminismo del 1%; en época de crisis como la actual, debemos cambiar la prioridad y darle más importancia y esfuerzo a que la desigualdad no se cebe, aún más, en las mujeres en general y en las que se encuentren en situaciones de mayor vulnerabilidad en especial. Esto hay que hacerlo con más insistencia y al tiempo, no en lugar de.
Lo moderno parece ser hablar y hacer jornadas sobre mujer (bienvenido sea), igualmente señalar las políticas de nuevos derechos: gais y lesbianas, por ejemplo. Pero parece ser que es poco moderno hablar y trabajar por lo que la izquierda se fundamenta: acabar con la pobreza. Yo me quedo con la frase de mi admirado Olof Palme: “Yo no quiero acabar con los ricos, quiero acabar con la pobreza”. Por eso soy socialdemócrata.
Ahora,…. ya pueden lincharme.
Miguel Aguado Arnáez
Diputado PSOE Asamblea de Madrid

martes, 11 de junio de 2013

El coro que dejó a su audiencia, sin saber que hacer.





Los asistentes a un concierto de un coro infantil en la ciudad alemana de Wuppertal se quedaron estupefactos tras presenciar una actuación que tardarán tiempo en olvidar, video que puedes ver tras el salto. El motivo de su asombro no fue únicamente la gran calidad de las voces de los niños, sino algo inesperado que ocurrió durante la representación...Todo sucedió cuando el coro, formado por un nutrido grupo de jóvenes, empezó a entonar la canción 'Mad World' de Tears for fears.


De repente, uno de los niños se separó del grupo y salió del escenario. A los pocos segundos se le unió otro compañero, que dejó de cantar y se marchó con paso tranquilo.

La situación se repitió una y otra vez, hasta que sólo uno de los integrantes del coro se quedó de pie en el escenario. A pesar de los inexplicables abandonos, en ningún momento se detuvo la canción y el coro consiguió llegar hasta el final de la melodía. Fue entonces cuando se desveló lo que estaba ocurriendo...

El niño que se quedó solo frente a la incrédula audiencia aportó un dato muy revelador: "cada 3 segundos el mundo pierde a un niño por causas que podrían haberse evitado". En realidad, la 'espantada' se trataba de una original acción de concienciación de la ONG International Children's Fund con motivo del Día Universal del Niño.

Esta performance ha permitido a la organización recaudar fondos para sus acciones solidarias en distintos países del mundo, gracias a donaciones realizadas por usuarios que decidieron colaborar tras ver el vídeo de la actuación del coro. A esta ayuda hay que sumarle los ingresos que se generen a través de iTunes, donde se puede comprar la canción interpretada en la emotiva acción.

lunes, 3 de junio de 2013

La 'verdad incómoda' sobre el salario, el documental político que arrasa en EEUU



La crisis económica ha dado lugar a una abundante filmografía que, compartiendo unas tesis semejantes, ha intentado explicar el proceso que nos ha llevado donde estamos. De La doctrina del shock (The Shock Doctrine, Michael Winterbottom, Mat Whitecross, 2009) a Inside Job (Charles Ferguson, 2010), pasando por Vamos a hacer dinero (Let’s Make Money, Erwin Wagenhofer, 2008), estas películas suelen centrar su foco en los mercados financieros y en su funcionamiento para ver qué proceso nos llevó a la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y sus consecuencias. A todas ellas hay que añadir, desde su estreno recientemente en el festival de cine independiente de Sundance, a Inequality for All, una película dirigida por Jacob Kornbluth.

A diferencia de aquellas películas, el tema principal de Inequality for All no es tanto el mundo financiero como el reparto de la riqueza en Estados Unidos. La tesis principal que mantienen sus responsables es que los sueldos de la clase media americana se han estancado durante los últimos tiempos, mientras que los precios y la inflación siguen en constante aumento. Ello ha ocasionado que la distribución de la riqueza se encuentre cada vez más polarizada, de manera que el 1% más rico de la población cobró de media en 2010 algo más de un millón de dólares, mientras que la media del país se encontraba en 33.000 dólares. En resumen, los ricos son más ricos y la clase media, más pobre.

La película se desarrolla a partir de las charlas impartidas por Robert Reich. Para ello, Jacob ha contado con un poderoso aliado, el profesor Robert Reich, autor de Aftershock: the Next Economy and America’s Future (Vintage Books), en el que señalaba que el gran problema económico a superar es la concentración de la mayor parte del capital en unas pocas manos, que están asfixiando a las clases medias. La manera en la que está construida la película, a partir de diferentes charlas del profesor junto a sus alumnos o ante otros auditorios, ha provocado que haya sido comparada con Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth, Davis Guggenheim, 2006), aquella película en la que Al Gore explicaba de viva voz las consecuencias del cambio climático.

El discurso de un demócrata

Kornbluth se puso en contacto con Reich después de leer Aftershock, en principio, para proponerle un papel de ficción. Sin embargo, poco a poco el proyecto se fue desarrollando y Reich se convirtió en la persona ideal para exponer sus opiniones en la película. La historia del profesor daría, ya de por sí, para una película de Hollywood. Nacido con la enfermedad de Fairbanks (trastorno que afecta los centros de crecimiento de los huesos y que puede ocasionar enanismo leve), Reich trabajó codo con codo con Gerald Ford, Jimmy Carter y fue el Secretario de Trabajo de Bill Clinton (además, le gusta bromear con sus alumnos sobre su trabajo con Lincoln). Fue él quien acuñó el lema “poniendo a la gente en primer lugar” (“putting people first”) que, durante las elecciones de 1992, apostaba por una revalorización del papel del ciudadano.

Reich es un firme defensor de los sindicatos y del sector públicoDemócrata declarado, Reich apareció recientemente en diversas concentraciones de Occupy Wall Street. Además, tiene su cátedra de política pública en la Universidad de California en Berkeley. Sin embargo, a pesar de lo que podría parecer por la tesis principal de la película, Reich no apuesta por el reparto equitativo de la riqueza “de por sí”, sino que está más preocupado por los impuestos que clases altas, medias y bajas han de pagar. Se trata de un firme defensor del sector público que considera que “todo país ha de pagar”, ya que “los impuestos son el precio que pagamos por una sociedad civilizada”. Para ello, la medida que siempre ha defendido es la de subir los impuestos, tal y como señaló con motivo de la elección de Barack Obama en 2008.

“Hay que expandir el EITC (Earned Income Tax Credit), un suplemento al sueldo de la población con los ingresos más bajos, y financiarlo con un impuesto marginal más alto en el 5% más rico de la población”, indicaba el profesor. Se trata de un crédito creado a mediados de los años setenta con el objetivo de empujar a la búsqueda de empleo, y que tenía el objetivo de compensar la carga de los impuestos de seguridad social. Además, Reich es un firme defensor de los sindicatos y de la movilidad social que, hasta hacía décadas, había definido a los Estados Unidos.

Una reflexión previa a la acción

Reich sitúa a finales de los setenta el momento en el que todo empezó a ir mal. Para el profesor, la sociedad americana de los años cincuenta y sesenta había garantizado, hasta cierto punto, el llamado Sueño Americano, en cuanto que la escalada social era posible. A partir de ese momento, el país aumentó su riqueza, pero esta se repartió de manera más injusta. En parte por la legislación en contra de los sindicatos, en parte por la desregulación del mercado. El profesor se muestra muy pesimista en la película, señalando que “el 42% de niños nacidos pobres en Estados Unidos no van a moverse de ahí”. Sin embargo, la película se propone terminar con esa situación.

Queremos que sea una película revolucionariaLa voluntad del largometraje, que aún ha de estrenarse comercialmente es, según su principal responsable, ser “una película revolucionaria”. En realidad, aclara Kornbluth, no se trata de tomar el Palacio de Invierno, sino simplemente de cambiar la forma en que la gente piensa sobre economía. La voluntad didáctica de la película es innegable. Como confesaba su realizador a genConnect, todo surge de intentar explicar lo que –económicamente– le estaba ocurriendo a él y a sus amigos. Para ello se propuso realizar una película sencilla de entender por gente que, como él, no saben nada de economía.

A tal respecto, Reich afirmaba en una entrevista previa al estreno en Sundance que “la única manera de que la gente pueda absorber información compleja es haciéndola accesible, si hay humor y si hay conexión emocional”, y felicitaba al realizador por haberlo conseguido. Esta vez, el profesor intenta no nombrar culpables, ya que estima que la crisis ha sido “manipulada por demagogos de izquierda y de derecha”. Por eso, realizaba la última aclaración: “El gobierno no tiene la culpa, los negocios no tienen la culpa, los inmigrantes no tienen la culpa, China no tiene la culpa… Es todo cosa del sistema, y por eso hay que cambiar sus reglas”.