lunes, 25 de abril de 2016

Estos son los principales motivos por los que la gente es infeliz y cómo remediarlos

  • ¿Sabías que las expectativas son determinantes 
  • en la configuración de la realidad?
Las expectativas desarrollan, en gran parte, nuestro potencial para escribir la propia felicidad o la desdicha. “La esperanza es el motor de la humanidad. En ocasiones esperamos que el futuro nos depare cosas positivas y eso nos permite activarnos para conseguirlas”, indica la psicóloga Natalia Poyato. La ciencia lleva años analizando este fenómeno. 
En concreto, un estudio realizado en los sesenta por la Universidad de Harvard demostró cómo no solo son nuestras creencias las que influyen en nuestro comportamiento, sino también las de los demás. 
En la investigación participaron profesores a los que se dijeron que ciertos niños (escogidos al azar) eran inteligentes. Todo derivó en que los elegidos tuvieron mejor rendimiento, tanto en clase, como en tests de coeficiente intelectual. Lo que demuestran estos estudios es que la capacidad de sugestión del ser humano tiene un efecto determinante en el cuerpo y en la mente
Pero, ¿qué ocurre cuando son demasiado altas o no se corresponden con la realidad? Los siguientes casos pueden minar el bienestar de casi todas las personas. 
El condicionamiento externo

Las personas con bajas expectativas tienden a tener peores resultados en la vida
Las personas con bajas expectativas tienden a tener peores resultados en la vida (Carla G. - Carla G. / Getty)
La medicina ha trabajado en este ámbito en el denominado efecto placebo. Uno de los estudios determinantes sobre dicho fenómeno fue el desarrollado por G.A. Hoffman que demostraba cómo entre el 30 y el 60% de las personas que tomaban pastillas para el dolor de cabeza lo sentían en menor grado tras haber recibido un medicamento placebo. 
Por su parte, el dr. Travis Bradberry, presidente de Talentsmart y autor de Inteligencia Emocional 2.0, señalaba en su perfil de Linkedn que: “Los pacientes que tienen expectativas bajas en procedimientos médicos tienden a tener peores resultados que aquellos que esperan el éxito”. Es lo que se denomina el “efecto nocebo”. Algo que demuestra que si no crees en lo que haces, difícilmente conseguirás el éxito
Anticiparnos a la adversidad

infeliz
infeliz (Clarissa Leahy - Clarissa Leahy / Getty)
Adelantarse a los posibles acontecimientos negativos supone una zancadilla al bienestar. 
“Ponemos en marcha diferentes soluciones para cambiar el suceso futuro, pero solemos tener problemas para regular las emociones frente al mismo”, cuenta la experta. De ahí que lo único que consigamos es agotarnos. Un probable despido, que se estropee un coche o un proceso quirúrgico anunciado pueden desencadenar episodios de insomnio, preocupación y tristeza. “Lo más importante es mantenernos activos frente a la adversidad y no dejarnos derrotar”, continúa. 
Un revés inesperado

Proyectar la ilusión de felicidad hacia el futuro puede ser perjudicial si las cosas no pasan como esperábamos
Proyectar la ilusión de felicidad hacia el futuro puede ser perjudicial si las cosas no pasan como esperábamos (Jason Hetherington - Jason Hetherington / Getty)
Imagina que has volcado todas tus ilusiones en un viaje, pero inesperadamente surge una huelga de controladores aéreos que impide que se realice. 
Las expectativas juegan en nuestra contra cuando estamos convencidos de que algo bueno va a suceder, pero aparece un resultado negativo imprevisto para el cual no nos hemos preparado”, afirma la psicóloga. 
Proyectar la ilusión de felicidad hacia el futuro puede tornarse en su opuesto si los hechos no suceden según habíamos pensado. “La planificación nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, pero debemos ser capaces de mantener un equilibrio entre los planes propios y el entorno, siendo flexibles y adaptándonos a las situaciones inesperadas”, añade Natalia. 
Asimismo, apunta al valor de la práctica en estos casos y a la perspectiva. “Hay que enfrentarse a las situaciones, viéndolas como un nuevo reto y no como una amenaza”, indica.
Preocupación crónica

Es importante analizar cuáles son las herramientas con las que contamos para poner nuestro objetivo en marcha
Es importante analizar cuáles son las herramientas con las que contamos para poner nuestro objetivo en marcha (Richard Wareham Fotografie - Richard Wareham Fotografie / Getty)
La propia inseguridad personal o permitir que el malestar del entorno incida demasiado en nuestra vida minan la felicidad. 
Si alguien piensa constantemente en que va a fallar en el trabajo o en el ámbito personal, ten la certeza de que acabará ocurriendo. “Se trata de la gente que se preocupa crónicamente intentando prepararse siempre para lo peor. Se genera un alto coste personal en esa espera”, señala la especialista. 
Una carga que se manifiesta en el agotamiento mental y genera un entorno limitador. “Quizás podemos compararlo con un problema de matemáticas en el cual primero hay que entender qué problema tenemos delante, ver qué es lo que queremos conseguir, analizar cuáles son las herramientas con las que contamos y que nos permiten conseguir mejor nuestro objetivo y finalmente ponerlas en marcha”, concluye.
¿La solución? Vivir el presente

La meditación es una de las claves para ayudarnos a conseguir la felicidad
La meditación es una de las claves para ayudarnos a conseguir la felicidad (Dimitri Vervitsiotis - Dimitri Vervitsiotis / Getty)
“Dan Gilbert, un psicólogo de Harvard, publicó hace unos pocos años un ingenioso trabajo en la revista Science en el que demostraba que tanto pensar en el futuro como en el pasado nos hace menos felices que simplemente estar centrados en el instante presente”, comenta Natalia. Parece que la ciencia coincide en este aspecto con las enseñanzas de Buda y quizá la meditación sea la clave para ayudarnos a alcanzar la dicha. 
Por otra parte, Gilbert, autor de Tropezar con la felicidad (Ed. Destino), habla de que poseemos un “sistema inmunológico psicológico” que nos haga sentirnos felices incluso si las cosas no salen según lo planeado.
¿Cuál sería entonces la ecuación para la felicidad? Pensamiento positivo, una mente permeable al cambio y orientar la experiencia al presente. ¿Listo para intentarlo?

Publicado en LA VANGUARDIA

domingo, 24 de abril de 2016

UNA BREVE HISTORIA EJEMPLAR: EL PROFESOR Y LA CONCILIACIÓN



El profesor Sidney Engelberg, ni se inmutó cuando el hijo de una madre en su conferencia sobre el comportamiento organizacional se puso a llorar. La madre con vergüenza trató de salir de la clase, pero en su lugar, el padre de cuatro niños y abuelo de cinco más se llevó el niño y lo calmó en sus brazos (sin perder el ritmo de la lección). El permite que las madres que asisten a las conferencias de sus maestros puedan traer a sus hijos. Ninguna madre debería tener que elegir entre un niño y su educación.

miércoles, 20 de abril de 2016

Este curioso experimento muestra algunos aspectos de la conducta social

.monos 1.

Un grupo de científicos metió a 5 monos en una jaula en medio de la cual había una escalera con plátanos arriba de ella.

Cada vez que uno de los monos subía las escaleras para agarrar un plátano, a los demás les arrojaban agua fría desde afuera.

monos 2

Así, luego de un tiempo, los monos empezaron a atacar a aquel que intentara subirse a las escaleras.

monos 3

Después de esto, ningún mono se atrevía a hacerlo a pesar de la gran tentación.

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Los científicos sustituyeron un mono por otro. Naturalmente, lo primero que hizo el nuevo mono fue subir las escaleras.

monos 5

Lo atacaban cada vez que intentaba llegar a los plátanos. Pronto dejó de hacerlo sin entender por qué los demás reaccionaban de esta manera.

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Entonces los científicos cambiaron otro mono. Sucedió lo mismo, además, el primer mono sustituido atacaba al nuevo igual que los otros.

.monos 7.

Poco a poco los científicos fueron cambiando los monos viejos que conocieron la ducha de agua helada por monos nuevos. Como resultado, se formó un grupo de 5 monos que jamás fueron castigados con agua al intentar alcanzar los plátanos.

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Sin embargo, seguían atacando a cualquier mono que quisiera subir las escaleras.

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Si pudiéramos preguntarles a los monos por qué atacan, es seguro que la respuesta sería:

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¿Te suena familiar?

monos 11
Fuente: Genial.guru
Adaptación: Paradigma Terrestre

viernes, 15 de abril de 2016

FRENTE A LAS MALAS NOTICIAS, 22 FOTOS QUE ME HACEN SENTIRME ORGULLOSO DE LA GENTE

Por cada villano, tenemos cientos de héroes.



1. Esta cola para donar sangre a las dos de la madrugada en Santiago de Compostela después del accidente del Alvia en julio de 2013.


2. Estos bañistas socorriendo a los inmigrantes que llegan a las costas de Tenerife.

Reuters / Arturo Rodriguez / The Associated Press / Handout / Via chinadaily.com.cn

3. Este voluntario que no dudó en echarse a las carreteras para ayudar a limpiar chapapote durante el accidente del Prestige en costas gallegas.

Eloy Alonso / Reuters

4. Este camarero de Madrid que defendió a los manifestantes ante los ataques de los antidisturbios.

Getty Images

5. Esta vez que la universidad de Cádiz decidió incluir a Idena, el perro guía de un alumno invidente, en la orla de fin de carrera.


6. Esta concejala musulmana de Badalona posando con una pareja gay a la que acaba de casar.


7. Este jovencito de Barcelona ayudando a recolectar alimentos para los más pobres.

Lluis Gene / AFP / Getty Images

8. Este bombero ayudando a una niña después del accidente de Santiago de Compostela.

REUTERS / Xoan A. Soler / Monica Ferreiros / La Voz de Galicia / Via reddit.com

9. Estos hinchas del Athletic desplegando una pancarta de bienvenida a los refugiados durante un partido de la Europa League contra el Augsburg.

Vincent West / Reuters

10. Esta cafetería que ofrecía los pinchos que le sobraban cada día a quien más lo necesitara.


11. Esta mujer a la que el Rayo Vallecano le pagó el alquiler de por vida después de que fuera desahuciada de su vivienda por avalar a su hijo.


12. Estas mujeres que abrazan a dos niños saharauis en Fuerteventura antes de que vuelvan a su casa.

Samuel Aranda / AFP / Getty Images

13. Esta voluntaria amante de la naturaleza comprometida con la preservación de la fauna de Fuente de Piedra.

Jorge Guerrero / AFP / Getty Images

14. Esta persona sin hogar de Elche que donó todo el dinero del que disponía a la lucha contra el cáncer.


15. Esta cafetería en la que los clientes pueden comprar cafés y bocadillos para los que vengan después y los necesiten.

Alejandra Martín / Via somosmalasana.com

16. Este miembro de la Cruz Roja que da el biberón a un bebé inmigrante en Tarifa.

Jon Nazca / Reuters

17. Esta asociación que se encarga de darle una jubilación digna a perros policía.


18. Estas personas de Gijón dispuestas a ayudar a quien más lo necesita en estos momentos.


19. Este taxista sevillano que ofrece su trabajo para ayudar a los niños que lo necesiten.


20. Este bombero de Sagunto que le hizo una maniobra cardiopulmonar a un cachorro para salvarle la vida.


21. Estos bomberos en contra de participar en desahucios.


22. Esta noticia que debería hacerte sentir más que orgulloso de ser parte de este país.







Alfredo Murillo es Editor Jefe en BuzzFeed España y vive en Madrid
Beatriz Serrano es Redactora de BuzzFeed y vive en Madrid 


jueves, 14 de abril de 2016

Ana María Schlüter: "Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen"


Ana María Schlüter


La maestra zen participó en la Semana de Teología Patoral del ISP

"El Vaticano II anima a que promulguemos los bienes espirituales de otras religiones"

El sufrimiento tiene una causa, que es el deseo. Hay una salida, que es el desapego, y los caminos rectos: el recto pensar, el recto hablar, el recto decidir, el recto vivir, el recto recogerse, el recto despertar



(Jesús Bastante).- Ana María Schlüter es una maestra zen que vive en Guadalajara. Desde el Instituto Superior de Pastoral de la Fundación Pablo VI, donde ha participado en la XXIV Semana de Teología Pastoral, nos habla de la "ceguera maligna" que padecemos en Occidente, "que nos hace pensar que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad".

Ana María afirma que "lo interior separado de lo exterior no es verdaderamente interior", y que el quietismo que se atribuye al zen es una falacia. 

Defiende que "hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen bien entendido", y también encuentra semejanzas en cuanto a la situación de la mujer en ambas confesiones: "Están igual de apartadas en el budismo y en el cristianismo, esto tiene que ver con una conciencia patriarcal por la que pasa la humanidad en su totalidad".

Para concluir, nos ofrece una sencilla definición del zen: "El zen es un camino para volver a casa"

¿Qué hace una maestra zen en un pueblo perdido de Guadalajara?

Ahí fuimos a parar buscando un lugar donde crear un centro zen. En el 76 vino aquí un jesuita de Tokio que, después de un discernimiento con Arrupe decidió enseñar zen. Estuvo en España durante 10 años, y yo le conocí a través de unas compañeras holandesas y austriacas que habían estado con él. Y luego, a través de él, conocí el zen. Él a su vez me presentó a un maestro zen japonés, que fue el que me dio el reconocimiento como maestra después de estar en Japón formándome.

¿Cómo le explicarías a los occidentales, a los que nos suena todo parecido (el zen, el budismo...), qué es el zen?

Un maestro japonés, al inicio de su manual de advertencias para la práctica del zen, dice que "el zen lleva a descubrir la luz original de cada uno". Es un camino para volver a casa, a casa de verdad. Suena un poco a lo que dice Cervantes en el Quijote a través de la pastora: "contemplando el cielo el alma vuelve a su morada primera". El zen es un camino para volver a lo que realmente uno es, que es cuando uno se entera de lo que realmente es.

¿Estamos, en general, un poco perdidos?

Sí, padecemos una "ceguera común", porque curiosamente el ser humano, lo que más es, no lo sabe. Es una ceguera maligna, porque no saber quién se es, no identificarse con la propia profesión o la propia edad, con ser de aquí o de allí... Si todo esto viene apuntalado por teorías, por ejemplo racionalistas, consumistas, materialistas, etc., es una ceguera maligna, porque dice que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad. Pero hay quien se da cuenta, sabe que esta ciego. se pone en camino y va al "oculista espiritual". Ésa es la ceguera del discípulo zen. Luego está la ceguera de haber caído en la cuenta de esa realidad que no se entiende con los sentidos ni con el entendimiento, y que lo deja a uno colgado. Es lo que antes se llamaría "iluminismo", pensar que todo lo demás no importa, que no hay pobres ni ricos, ni crisis ni nada... Eso sería la enfermedad zen. 

Pero la la iluminación zen, el verdadero despertar de esta ceguera, sería cuando, sin dejar de percibir todo lo que es igual, se pueden ver las diferencias, puedo distinguir entre quien no tiene casa porque le han desahuciado y quien no tiene comida y tiene que ir a comer en Cáritas. Ése es el verdadero despertar. Lo otro es estar colgado.

¿Cómo se aplica el zen a la vida? ¿No es algo demasiado interior como para poder manifestarlo hacia el exterior en el día a día?

Lo interior separado de lo exterior no es verdaderamente interior. Eso es quietismo, y es una falacia. En nuestro tiempo se cae a menudo en eso, porque se busca algo más profundo, pero entonces es muy comprensible que de vez en cuando se resbale, o que se quede muy en la superficie, buscando quietud. Eso está muy bien, pero no es suficiente. Con eso no te enteras de la realidad, no descubres el misterio de Dios.

¿Descubrir todo esto te obliga a intentar cambiarlo?

Es que si una persona se da profundamente cuenta de qué es la realidad, de que todos somos uno, y que el dolor del otro es mi dolor, necesariamente tiene que intentar cambiar.

¿Se parece mucho a las enseñanzas de Cristo?

Sí, hay una gran equivalencia. El zen surgió en el ámbito del budismo, pero cuando se mira con perspectiva, efectivamente tiene mucho que ver con la fe cristiana. Es como si viviéramos en el mismo universo, pero en dos galaxias diferentes. Como dijeron los griegos, y luego San Pablo: "todos vivimos en el mismo universo, pero nos movemos en distintos". Lo enfocamos desde otra perspectiva, pero es la misma realidad. Y eso es también una gran riqueza. Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana (por ejemplo, la sanjuanista), y el zen bien entendido.

¿Alrededor del zen, como alrededor de la mayoría de religiones, hay todo un mercado que tiende a desdibujar la búsqueda de plenitud del zen?

Sí, sin duda lo hay hoy en día. Sucede muchísimo, pero se explica porque hay un anhelo de más profundidad. Lo que pasa es que lo superficial ya no satisface, pero se va a parar otra vez a una superficialización.

Tengo un colega jesuita en la India que dice: "es increíble cómo en Occidente son capaces de consumir cualquier cosa, incluso la espiritualidad".

¿Los libros de autoayuda son fruto de este "boom de la espiritualidad"?

Sí, un intento de búsqueda de lo esencial. Pero no hay que quedarse ahí.

¿Podrían acusarnos de relativismo, por hablar del cristianismo y del zen como caminos parecidos en esencia?

Es cuestión de perspectivas, y eso nos enriquece mutuamente, y nos puede corregir. Eso es lo que se está intentando hacer hoy en día, además recomendado por el Vaticano II, que en la "Declaración sobre las religiones no cristianas", nos dice a los cristianos que conozcamos, valoremos, y hasta promulguemos los bienes espirituales de otras religiones.

¿Es decir, que se puede ser cristiano y practicar zen?

Pues sí. Mi maestro zen japonés era budista, y una vez me dijo: "Si le enseño a usted el camino del zen es para que sea mejor cristiana".

¿Cómo está actualmente la situación en cuanto a convivencia religiosa? ¿Cree la mayoría de cristianos, como cree usted, que hay distintas experiencias de fe compatibles con la fe cristiana?

Se ha avanzado muchísimo desde el Vaticano II. Hay encuentros a nivel de acción, a nivel de reflexión, y en cuanto al zen, hay sobre todo encuentros de experiencia contemplativa. Hará ya unos 40 años casi un benedictino belga estuvo conviviendo con unos monjes zen en Japón, y así surgieron unos encuentros periódicos entre monjes zen y monjes de la tradición benedictina cisterciense. Unas veces han venido aquí a Europa a convivir, y otras veces se han ido allí. Por ejemplo, un año estuvieron los monjes zen en Montserrat.

¿El zen es una experiencia de Salvación, o no afronta el tema de la Vida Eterna?

Sí lo afronta, y muy de raíz. Toda la tradición del zen arranca de la experiencia del sufrimiento y de la impermeabilidad de todo. Uno nace, uno crece, uno enferma, uno muere... La impermeabilidad es en realidad la experiencia humana fundamental de donde arranca todo, junto al sufrimiento. O bien se tiene algo y se tiene miedo de perderlo, o bien no se tiene y se tiene ganas de tenerlo. El sufrimiento tiene una causa, que es el deseo. Hay una salida, que es el desapego, y los caminos rectos: el recto pensar, el recto hablar, el recto decidir, el recto vivir, el recto recogerse, el recto despertar.

¿Es un camino que se puede llegar a completar o, como la propia vida, no tiene más fin que el propio camino?

La persona que se libera, que realmente llega a la Gran Liberación, llega a la salvación según la visión budista. El budismo cree que cuando una persona muere sin haber despertado, vuelve a nacer y vuelve a vivir, en una noria horrorosa que le obliga a volver a pasar por el sufrimiento. Eso de las reencarnaciones aquí en Occidente también se entiende con dificultad y se superficializa. Al igual que en el budismo no se habla de divinidad, aunque tampoco se niega. El zen no habla de lo que no puede conocer, pero también nosotros sabemos que a Dios nadie le ha visto.

¿Se puede alcanzar la felicidad?

Sí, y el camino es el despertar. Al enterarme de la realidad (que es igual y diferente a la vez), se alcanza una gran paz, una gran serenidad, que no quita sentir el dolor, pero sí el sufrimiento. No es lo mismo sentir dolor que sufrimiento. Por ejemplo, cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, llora porque sufre; pero en cuanto le recoge su madre y le abraza, le sigue doliendo pero ya ha dejado de sufrir. Es distinto.

¿La situación de la mujer en el budismo y en el zen es semejante a la que tiene en las confesiones cristianas?

Hay confesiones dentro del cristianismo en las que la mujer está apartada, y otras en las que ahora empieza a tener un papel mucho más importante. En el budismo y en el zen pasa lo mismo. Yo creo que esto tiene que ver con una conciencia patriarcal por la que pasa la humanidad en su totalidad. Entre las mujeres budistas y zen de Estados Unidos hay un movimiento muy grande para recuperar el puesto femenino dentro de la tradición del zen. Los verdaderos maestros zen no harían diferencias nunca.

Publicado en PERIODISTA DIGITAL

martes, 12 de abril de 2016

“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional” por Howard Gardner



Colab.LV | Foto: Laura Guerrero


Howard Gardner, neurocientífico; autor de la teoría de las inteligencias múltiples.

Aprender es el único antídoto contra la vejez y yo lo tomo cada día en Harvard con mis alumnos. Es tonto clasificar a los humanos en listos y tontos, porque cada uno de nosotros es único e inclasificable.

Únicos

Ninguna persona es mejor ni peor que otra. Ni tampoco igual a otra. Lo que nos hace humanos es que cada uno de nosotros es único. Así que ríase, con la neurociencia, de quien diga que alguien es más listo que otro: ¿listo para qué? Cualquier talento no es sino capacidad de adaptación al entorno: inteligencia. Por eso, Gardner sostiene que hay más de una. Y ahí no acaba nuestra diversidad: cada cultura y cada persona entiende esa teoría –todas las teorías– a su manera. Manera, además, que varía con la edad: cuanto más envejeces, más difícil te resulta adaptar tu vida a las nuevas ideas y menos adaptarlas cómodamente a tu modo de vivir sin variarlo. Por eso, creer saber envejece y querer saber rejuvenece.

Por qué cuestiona que la inteligencia es lo que miden los tests?

Porque yo soy un científico y hago experimentos y, cuando mido la inteligencia de las personas, descubro que algunas son muy buenas solucionando problemas pero malas explicándolos. Y a otras les pasa lo contrario.

¿Y si hay personas diversas es porque también tiene que haber diversos talentos?

Por eso he dedicado 400 páginas a describir siete tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal.

¿Y por qué no muchas más: la culinaria o la mística o la teatral o la ecológica?

Porque no cumplen los requisitos que sí cumplen esas. Y espero acabar demostrando que además hay una inteligencia naturalista, otra pedagógica y otra existencial para plantearnos preguntas trascendentes. Pero no más.

Hoy los colegios ya plantean sus programas según esas inteligencias múltiples.

Y yo no me dirigía a los pedagogos, pero fueron ellos los primeros que adoptaron mis teorías.

¿Por qué?

Porque comprobaban cada día en las aulas que las categorías de tonto o listo no cubren la diversidad del talento humano. Y, por tanto, que los tests de inteligencia no miden realmente nuestras capacidades, sino óolo la de resolverlos.

Su teoría, además, era cómoda para consolar a niños con malas notas y a sus papás.

Se abusó de ella al principio porque no se comprendió bien. En Australia, la administración la manipuló para explicar que había grupos étnicos que tenían inteligencias diferentes de otros.

¡Qué peligro!

En ese punto, empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas.

Esa ya es una pregunta filosófica.

Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos.

¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas?

Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.

A mí se me ocurren algunas excepciones...

Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre E CE: excelentes, comprometidos y éticos .

¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona?

No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia . Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.

Para hacerte rico, a menudo estorba.

Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.

Resulta tranquilizador saberlo.

Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.

“Señor, hazme casto, pero no ahora”.

Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad..., pero sin darlo todo nunca.

Sin ilusión, la vida se queda en obligación.

Y otros son transaccional es: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo.

¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente?

Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento...

¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias...

Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones.

¿Por qué?

Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.

¿En qué país influyó más su teoría de las inteligencias múltiples?

En China editaron cientos de títulos sobre inteligencias, pero las entendieron a su modo: querían que su hijo único fuera el mejor en todas.

Pues no se trata exactamente de eso.

Cada sociedad y persona entiende lo que quiere entender. Cuanto mayor te haces, más difícil es adaptar tu vida a un descubrimiento y más fácil adaptar el descubrimiento a lo que ya creías que era la vida. Por eso, voy a clase a desaprender de mí y aprender de los jóvenes.

Publicado en LA VANGUARDIA

lunes, 11 de abril de 2016

L.E.J - SEINE SAINT-DENIS STYLE


Me gusta mucho lo que escucho de este trío francés: L.E.J. Magníficas voces, buen dominio de los instrumentos y del baile. Merece la pena dedicar un tiempo a disfrutar de su música.

viernes, 8 de abril de 2016

REFLEXIONES SOCIALDEMÓCRATAS por José María Maravall


                                     
                                                 El líder socialdemócrata sueco Olof Palme


La izquierda pierde su sentido si no se reconsidera a cada momento. Su sentido principal es cambiar el ‘statu quo’, pero esto conlleva muchas más exigencias y críticas que conservarlo

JOSÉ MARÍA MARAVALL 


Según Norberto Bobbio,“ningún izquierdista puede negar que la izquierda no es hoy lo que era”. Resulta difícil encontrar hoy una voz intelectualmente más respetable en el ámbito de la propia izquierda. El comentario es difícilmente cuestionable; sin embargo, podría haber sucedido que, de no haber cambiado, estuviese muerta; que sólo hubiese sobrevivido por haber cambiado. Y también, que necesite hoy seguir cambiando para ser fiel a sí misma.


La izquierda –es decir, la socialdemocracia – pierde su sentido si no se reconsidera a cada momento. Su sentido principal es cambiar el statu quo, pero esto conlleva muchas más exigencias y críticas que conservarlo: tal vez por ello la izquierda sea tan inconformista consigo misma –en buena medida, tan propensa a la fragmentación y al autocastigo--. Ello genera una paradójica tendencia al conservadurismo político. Y a que, pese a las transformaciones sociales que ha producido, sea en ocasiones acusada de “traición a los principios”.

Bobbio no aclara si tales cambios corresponden a los fines de la socialdemocracia o a los medios para alcanzarlos. Por “fines” me refiero al tipo de sociedad que la socialdemocracia defiende. Por “medios”, a las políticas (instrumentales) para llevar a cabo dichos fines. Pueden cambiar los “medios” si los existentes, en un contexto nuevo, resultan ineficaces para defender esos “fines”. Voy a hablar de dos “fines”: la igualdad y el bienestar material.

Sin duda los “medios” (las políticas) de la izquierda han cambiado de forma considerable. Sucedió ya desde la mitad de los años 1950, cuando las políticas de nacionalización de los medios de producción fueron sustituidas por políticas redistributivas basadas fundamentalmente en el gasto social. Primero fueron los socialdemócratas escandinavos. Tiene razón Tony Judt cuando afirma que “el socialismo ha sido para los socialdemócratas, especialmente en Escandinavia, un concepto distributivo”. El giro de las políticas económicas se acentuó tras 1980: el peso de políticas económicas intervencionistas se redujo a menos de la mitad en los programas electorales, si comparamos el periodo anterior a 1960 y el posterior a 1980. Por el contrario, las políticas redistributivas se incrementaron en un 31 por ciento (datos obtenidos del Manifesto Project). Por políticas redistributivas me refiero a las políticas de gasto público en sanidad, educación, pensiones y cobertura del desempleo.

La socialdemocracia se agarró entonces a la igualdad como rasgo fundamental de su identidad. Bobbio ha escrito así que para definir la izquierda “la igualdad es el único criterio que resiste el paso del tiempo”. Es verdad que los gobiernos socialdemócratas redistribuyeron la renta en mayor medida. Cuantos más años gobernó un primer ministro socialdemócrata, menor fue el índice de Gini de ingresos disponibles (con una correlación de -.33): es decir, se redujo la desigualdad; lo contrario sucedió con los primeros ministros de la derecha, cuantos más años en el poder mayor fue dicho coeficiente (con una correlación de +.30): es decir, aumentó la desigualdad (datos de la OCDE). Una cuestión fundamental es si ello fue suficiente –y, obviamente, qué se puede entender como suficiente (¿Un índice de Gini de 0? ¿Que a cada proporción de la población le corresponda una proporción igual de la renta?)--. Este tal vez sea el principal problema de la igualdad como principio político fundamental. Entiendo que el corazón de un programa igualitario está constituido por la erradicación de la necesidad, las salidas a trampas de pobreza y desempleo como futuro vital, y las oportunidades de movilidad no filtradas por obstáculos sociales o económicos.

Otra cosa muy distinta fue lo que sucedió con el crecimiento económico y el bienestar. Mientras que los gobiernos socialdemócratas generaron más crecimiento económico hasta mediados de los años 60, a partir de mediados de los años 80 ese crecimiento fue mayor con gobiernos de la derecha. Ahora bien, la socialdemocracia no puede aceptar transacciones entre igualdad y bienestar. Consideren, por ejemplo, la siguiente alternativa: por un lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 10 y la más pobre 5 (una desigualdad de cinco puntos); por otro lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 7 y la más pobre 4 (una desigualdad de tres puntos). La igualdad sería mayor en esta última sociedad, pero el bienestar menor (también menor para la fracción más pobre). Desde el punto de vista del sector con menores recursos, no tendría sentido sacrificar su bienestar a cambio de una mayor igualdad. Esta opción difícilmente sería respaldada por los votantes.

La crisis iniciada en 2008 ha revelado hasta qué punto muchos partidos socialdemócratas tienen insuficientemente definida una política propia que combine el crecimiento económico con la igualdad. Una primera consideración es que la socialdemocracia ha definido escasamente el papel que le corresponde al Estado. Es cierto que el mercado no suministra de manera eficaz bienes públicos ni satisface derechos de forma equitativa, pero ello no garantiza que el Estado necesariamente lo haga. Un Estado activo del lado de la oferta frente a un Estado subsidiario puede constituir una diferencia fundamental entre izquierda y derecha: la inversión pública en infraestructuras, educación y formación profesional puede incrementar el rendimiento de las inversiones y mejorar la competitividad de productos y procesos.

Una consideración adicional es que la socialdemocracia ha reflexionado escasamente sobre las consecuencias de la internacionalización de las economías. El crecimiento y el bienestar dependen de la competitividad nacional en mercados de bienes y de capital internacionalizados. La movilidad de capitales permitió que, desde la introducción del euro, la inversión extranjera en España aumentara en los siguientes siete años de 38.000 millones de dólares a 83.000 millones --un país cuyo ahorro interno es comparativamente muy limitado--. Es necesario reflexionar sobre los márgenes políticos en una economía internacionalizada, comprobando si los flujos de capital no dependen de Estados anémicos sino de una buena gestión macroeconómica (un equilibrio presupuestario, una baja inflación, un régimen fiscal previsible, una balanza de pagos adecuada) y de la estabilidad política del país. Piénsese, de entrada, que Bélgica, Holanda, Austria y Alemania son países acreedores con Estados lejos de la anemia –su gasto público como proporción del PIB es entre 2 y 13 puntos superior a la media de la Eurozona (en España es 5 puntos inferior)--. Esos cuatro países se encuentran también en el grupo de países más competitivos del mundo (Índice de Competitividad Global, World Economic Forum).

En modo alguno significa esto laxitud respecto de déficits fiscales. Éstos no impulsan la economía ni redistribuyen. Desde un punto de vista intergeneracional no hay razón “igualitaria” para cargar déficits y deudas sobre las espaldas de generaciones futuras. El pago de la deuda a través, como es lógico, de los presupuestos generales del Estado detrae recursos de políticas sociales redistributivas, ya sea en sanidad, educación, desempleo o servicios sociales, o de políticas públicas de desarrollo. Por ello, políticas de déficit fueron desterradas por los socialdemócratas suecos desde 1932. Un ejemplo aleccionador lo constituye el Gobierno de Olof Palme desde 1982, que incrementó a la vez las políticas sociales y la competitividad de la economía sueca. Otros ejemplos de ese tipo de política han sido Helmut Schmidt desde 1974, Felipe González desde 1982, Michel Rocard desde 1988, Fernando Henrique Cardoso desde 1995. La regla de que el déficit estructural había de ser inferior al -0,5 del PIB solo fue cumplida en los 12 años posteriores al Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea por Suecia, Dinamarca y Finlandia –tres países que también figuran entre las 15 economías más competitivas del mundo (World Economic Forum) y entre las más igualitarias (más del doble que Estados Unidos, si estimamos la relación entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre (datos de la OCDE).

Tampoco significa mi argumento una defensa del gasto público sin más, por mucho que no genere déficit fiscal. Piénsese que menos del 50 por ciento de ese gasto beneficia más el consumo del sector de población de rentas inferiores. No hay razón basada en la equidad o la igualdad que justifique que personas con rentas superiores a la renta media se beneficien de transferencias o servicios financiados por contribuyentes con una renta inferior. Muchos programas (sobre todo muchos subprogramas) de gasto necesitan ser revisados. La reflexión no puede limitarse a las cantidades presupuestarias que se les asignan, sino a su gestión. Ello es condición indispensable para mantener el equilibrio presupuestario a la vez que se incrementan la redistribución social y la eficacia económica del gasto.

La socialdemocracia tiene que reflexionar mucho más sobre los cambios en los mercados de trabajo. Estamos lejos de poder prometer un pleno empleo de carácter estable y de remediar el crecimiento de empleos precarios y con retribuciones ínfimas. Aunque las tasas de crecimiento económico se situaran en la media del siglo XX los mercados de trabajo no volverán a tiempos pasados. Piénsese que, de acuerdo con muchas estimaciones, si el crecimiento de la productividad mantuviese su ritmo en el mundo, en 2030 la mitad de los trabajadores actuales podrían generar el producto actual. No es aceptable desde una perspectiva socialdemócrata que todo ajuste recaiga sobre trabajadores temporales, mujeres y jóvenes. Ni que exista un abismo entre el mundo de los trabajadores estables (normalmente varones adultos) y el de los trabajadores precarios. La respuesta no radica sin más en redistribuciones del trabajo existente (no existe un stock fijo de empleos en el que deban fundamentarse las políticas); tampoco en jubilaciones anticipadas: la población ha envejecido y, a la vez, los años de vida activa ya se han reducido mucho (de 40-45 a 30-35 en promedio).

Existen sin embargo muchas piezas para un programa socialdemócrata ante la crisis. Basta con recoger experiencias de políticas ante esta y anteriores crisis en Suecia, Dinamarca, Austria, Holanda, Alemania o los Estados Unidos de Obama. Las piezas están por componer en un programa articulado. En ese programa tiene que figurar necesariamente una reflexión sobre la sociedad en la que la socialdemocracia quiere vivir tras el túnel de la crisis. En esa reflexión las condiciones de un crecimiento sostenible deben ocupar un lugar central, y siendo fiel a sí misma también unas políticas “igualitarias” que consistan fundamentalmente en la erradicación de la necesidad (que incluya una renta básica para aquellos que la sufran), las salidas a trampas de pobreza (mediante políticas activas de empleo y una formación profesional asentada en una educación polivalente) y la igualdad en las oportunidades de vida.

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