sábado, 26 de septiembre de 2015

Eric Liu: por qué un ciudadano corriente necesita entender el poder



Demasiados ciudadanos desconocen lo que significa el poder: qué es, cómo funciona y por qué algunas personas lo ejercen. En consecuencia, los pocos que entienden lo que es el poder tienen una influencia desproporcionada sobre el resto de la gente. "Tenemos que hacer que la educación cívica sea atractiva de nuevo", dice el educador Eric Liu. "Tan atractiva como lo fue durante la revolución estadounidense o durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos".


viernes, 25 de septiembre de 2015

La parábola de Buda sobre la flecha envenenada o como atender a lo que realmente nos ocurre

buddha park archer
LA FAMOSA PARÁBOLA DE LA FLECHA ENVENENADA ILUSTRA LA SIMPLEZA DEL SISTEMA BUDISTA, OCUPARSE DE LO QUE EL MOMENTO DICTA ES EL INICIO DEL CAMINO A LA LIBERACIÓN.

POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO ALTERCULTURA

Buda, al igual que grandes maestros como Pitágoras, Sócrates o Lao-zi enseñó fundamentalmente una filosofía práctica, orientada a liberar al ser humano de la ignorancia y el sufrimiento (que es la consecuencia de la ignorancia). Estos grandes sabios coinciden también en que es baladí intentar definir aquello que es infinito, inefable e inconmensurable, puesto que cualquier cosa que digamos sobre lo Absoluto será solamente una proyección condicionada de nuestra mente (definir es profanar). A veces es mejor ocuparse de cosas más sencillas: un camino de 1,000 kilómetros empieza por un sólo paso, como dice el Tao.
En el Majjhima Nikaya, una colección de textos atribuidos al Buda, que forman parte del Canon Pali, se cuenta la que ha sido llamada “La parábola de la flecha envenenada”. La historia es contada por Gautama Buda aparentemente después de que un discípulo estuviera impaciente de escuchar del maestro las respuestas a las “14 preguntas sin respuesta”, las cuales tenían que ver con cuestiones altamente metafísicas (como la eternidad del mundo, la vida después de la muerte, etcétera).
Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber él nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un  halcón, de un buitre o de un pavo real… Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas.
Esta es básicamente la parábola, si bien a veces es relatada con algunos más detalles, la esencia es esta. Evidentemente la actitud del hombre herido es absurda y podríamos pensar que es de una necedad inaudita, pero Buda nos diría que a la mayoría de nosotros nos está pasando algo muy similar pero no nos damos cuenta. De alguna manera todos estamos heridos con esa flecha envenenada –todos estamos muriendo– y hacemos preguntas irrelevantes (por más que sean fascinantes), y le damos importancia a cosas que solamente nos desvían de nuestra realidad. Todos tenemos la oportunidad de salvarnos de esta herida –si abandonamos nuestra importancia personal– pero pocos los hacemos. Hay muchas cosas que son innecesarias –la verdadera espiritualidad consiste más en eliminar las cosas que son innecesarias que en penetrar construcciones metafísicas y obtener deslumbrantes conceptos filosóficos. De alguna manera Buda nos está sugiriendo que el camino no es a través de la mente y de sus especulaciones –la mente que es incesante en su duda y en su deseo y que teje laberintos espectrales a la velocidad del pensamiento– sino que el sendero se abre a través de la acción que responde a lo que es necesario, la conducta en armonía con la Ley. Manly P. Hall comenta sobre esta parábola en su libro Buddhism and Psychotherapy: 
En la parábola, la flecha es la tragedia inmediata, significando el egoismo base que se ha convertido en el lugar común de la existencia moral… No nos damos cuenta de la gravedad de la herida, o estaríamos impelidos a remover la flecha inmediatamente, utilizando cualquier medio a nuestro alcance para liberarnos de los venenos que han sido colocados en la punta de la flecha. Mientras el ser humano viva apegado a un código de interés personal, justificando el error malinterpretando los patrones universales a su alrededor, nunca podrá conocer la libertad más allá del dolor.
[...] El budismo toma la posición de que cuando un hombre se da cuenta que está viviendo de manera incorrecta, es su obligación moral rectificar su carácter, y si no hace esto debe de cosechar sus errores. Es completamente imposible para un ser humano romper las reglas de su especie y evitar el sufrimiento. Así que debe de decidir cuánto está dispuesto a sufrir, cuanto tiempo está dispuesto a ser infeliz y a vivir sin seguridad como resultado de su ignorancia o falta de valentía. 
Creo que la parábola de Buda y el comentario de Manly P. Hall, nos invitan a examinar nuestra propia conciencia, nos llaman a atrevernos a ver lo que es evidente. ¿Qué es lo necesario? ¿Qué es aquello que debo de hacer antes que otra cosa? Creo que si meditamos –no es necesario tener gran técnica,  sí lo es la sinceridad– nos daremos cuenta que lo necesario, lo que justamente debemos de hacer, es tan contundente como una flecha enterrada en el cuerpo.  
Twitter del autor: @alepholo

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Esta es la región del cerebro que nos hace únicos como especie

V0009496 The human brain, divided according to Bernard Hollander's sy
Imagen: The human brain, divided according to Bernard Hollander’s system of phrenology. Photomechanical reproduction with pen and ink rendering, c. 1902. (Wikimedia Commons)
Desde que el ser humano adquirió conciencia de sí mismo, una de las preguntas más frecuentes sobre su propia naturaleza es aquella que busca responder qué nos hace únicos como especie. Desde distintas disciplinas hay quienes han encontrado dicha especificidad en la empatía, en la compasión o en la posibilidad de amar. Otros dicen que somos los únicos que rinden culto a los muertos, o que utilizamos a nuestro favor los recursos que nos rodean. En cualquier caso, todo parece indicar que el origen de esa diferencia se encuentra en nuestro cerebro, probablemente el único órgano que, evolutivamente, se desarrolló de manera distinta a otros primates.
Recientemente, un equipo multinacional de neurocientíficos publicó un artículo en el que sostienen haber encontrado la región del cerebro que nos distingue como especie y, por ende, nos otorga la posibilidad de desarrollar habilidades únicas, en especial el pensamiento abstracto y el lenguaje.
Los resultados de la investigación, dados a conocer en la revista especializada Current Biology, muestran que entre el cerebro de un ser humano y el de otros primates existen diferencias no sólo anatómicas, sino también en lo que respecta a la aprehensión de la información proveniente del exterior y su procesamiento.
En particular, los científicos observaron la manera en que el cerebro de una persona y el de un mono reaccionaban a una secuencia de sonidos en la que tres tonos idénticos daban paso a un cuarto distinto. El ejemplo más célebre de este patrón es el conocido inicio de la Quinta Sinfoníade Ludwig van Beethoven, el célebre “da-da-da-DAH” en el que tres notas idénticas preceden a una cuarta distinta.
El propósito general del experimento era saber si el cerebro del ser humano o el del mono podían reconocer las secuencias en dos aspectos: el número de tonos presentados y la forma en que estos se repetían. De este modo, se podía conocer también qué cerebro era capaz de procesar un patrón algebraico de información.
En un primer momento, los investigadores probaron con otras secuencias con la misma estructura mientras con imágenes de resonancia magnética miraban las zonas del cerebro activadas por dichos sonidos (AAAB), pero después probaron con otros patrones como AAAAB, AAAA y AAAAAA.
En sus observaciones, el equipo encontró que tanto en seres humanos como en monos se activó la región del cerebro asociada con los números, lo cual significa la posibilidad de notar el cambio de tonos. Asimismo, el reconocimiento de la repetición también fue común a ambas especie. Sin embargo, la diferencia entre una y otra se encontró en la respuesta del cerebro humano ante los cambios combinados de número y secuencia en los tonos. Específicamente, la región de nuestro cerebro que se activa ante esto es la conocida como giro frontal inferiorgiro
Esta zona del cerebro no es exclusiva del ser humano, pero a diferencia de otros primates, en nuestra especie su expansión en mucho mayor. Ahí, por ejemplo, se encuentra el área de Broca, que está asociada con el procesamiento del lenguaje. En el caso de los patrones de sonido presentados, los monos los reconocieron pero pronto dejaron de considerarlos “interesantes”, una forma de acercarse distinta a la del cerebro humano, que además de prestarles atención, comenzó al instante siguiente a analizarlos.
Lo interesante, por otro lado, es que parece ser que esta manera de procesar la información y, en especial, la de tipo abstracto, podría estar incluso más allá del lenguaje, como una suerte de característica única que da sentido a la manera en que, como seres humanos, como especie, aprehendemos el mundo.

martes, 1 de septiembre de 2015

NIVEL DE VIDA Y CALIDAD DE VIDA



Muchas veces escuchamos que el nivel de vida de la población de países como Brasil, China o Indonesia está aumentando, y que cada vez son más las personas que, en este tipo de países, pasan a formar parte de la clase media. Pero, ¿qué quiere decir que el nivel de vida aumenta?


El nivel de vida se refiere a la posibilidad de las personas de obtener bienes y servicios en mayor cantidad. Así, una persona que tiene a su alcance ropa, coches, información, películas de cine, parques de atracciones, bicicletas, más ropa… etc, puede decirse que tiene un nivel de vida alto. Para obtener todas estas cosas sólo se precisa una cosa: tener dinero.

Podemos relacionar el nivel de vida con el nivel de renta. A mayor renta, mayor nivel de vida. Porque, cuanto más dinero se tenga, mayores son las posibilidades en esta vida.

En el mundo en el que vivimos, globalizado y comercializado, las personas pueden consumir todos los productos que quieran. Quien más pueda consumir, mayor nivel de vida tendrá.

Sabiendo estos conceptos básicos, podemos preguntarnos: ¿en qué lugar se vive mejor, en Yakarta, ciudad emergente y llena de posibilidades, o en un pueblo de la isla de Java, en el mismo país? La ciudad nos ofrece un espacio global y que pone a nuestro alcance todo tipo de bienes y servicios. El pueblo, por su parte, nos limita a obtener únicamente aquellos bienes que sean necesarios para desarrollar la vida, y muy pocos productos alternativos para el consumo o el disfrute.
Otro concepto: calidad de vida

Por otro lado, nos encontramos con el término calidad de vida. ¿No es lo mismo que lo anterior? Si el nivel de vida indica cómo viven las personas, se supone que a mayor nivel de vida, mejor vida, ¿no?

La calidad de vida se refiere a la presencia en la vida de una persona de aquellos elementos que favorecen el bienestar social, es decir, que fomenten la satisfacción y la tranquilidad individual o colectiva. En el mundo de hoy en día, uno de los elementos que favorecen la satisfacción personal es el hecho de consumir. Comprando cosas somos más felices. Pero también fomentan el bienestar otro tipo de actividades menos materialistas y más simples, como pasear, viajar, charlar, reír o tumbarse en la hierba. Pueden parecer actividades estúpidas o irrelevantes en el tipo de sociedad actual, en la que hay que vivir muy rápido y hacer muchas cosas que sean rentables, competitivas y mejores que las del vecino.

Hablar del término calidad de vida es hacer una valoración subjetiva de un concepto muy abstracto. Puede haber quien piense que hay mayor calidad de vida en una ciudad de 15 millones de habitantes y en la que existe la posibilidad de comprar todo tipo de productos y ponerse en contacto con los mercados globales y los flujos de información internacionales. De la misma forma, puede haber gente que encuentre una mayor calidad de vida en un pueblo en la montaña, apartado de la globalización y el desarrollo económico.

Todo se entiende mejor con un ejemplo

En el siguiente póster vamos a acercarnos a una de las zonas más emergentes del mundo, el Delta del río Ganges. En esta región, ciudades como Dacca o Calcuta lideran el crecimiento económico, y sus ciudadanos disfrutan de un nivel de vida que aumenta cada año.

Unos kilómetros al norte, en las montañas, se encuentra el desconocido país de Buthán, cuya capital, Timbú, no es famosa por sus rascacielos, por sus elevadas tasas de desarrollo ni por su producción industrial. Tampoco es un centro financiero y de negocios importante en el escenario mundial. Es más, se podría decir que Timbú ni siquiera forma parte de ese escenario mundial. No es relevante en un mundo globalizado.

En cambio, los habitantes de Buthán disfrutan de una buena calidad de vida. Su existencia entre las montañas les mantiene alejados del bullicio que sigue a los ríos Ganges y Bramahputra. Ellos no se han preocupado por la macroeconomía ni por los negocios y se mantienen tranquilamente en su valle, junto a su riachuelo. La renta per cápita es de unos 1300 dólares, y la mayoría de las personas viven de la agricultura.

Definitivamente Buthán no es un país muy desarrollado, ni moderno, ni con niveles de vida deseables en este S.XXI. Pero, debemos repetirnos la pregunta, ¿dónde preferiríais vivir, en la emergente Dacca o en el tranquilo Timbú?

CALIDADVIDA

Publicado por Javier Pérez ventura