jueves, 23 de julio de 2015

OTRO ESTUDIO CIENTÍFICO CONFIRMA EL EFECTO POSITIVO DE LA MEDITACIÓN PARA EL CEREBRO

                         

Imagen: Tevaprapas (Wikimedia Commons)


DESPUÉS DE UNA EXPERIENCIA DE 20 AÑOS QUE COMENZÓ COMO UNA SIMPLE CLASE DE YOGA, LA NEUROCIENTÍFICA SARA LAZAR INDAGÓ SOBRE LOS EFECTOS DE LA MEDITACIÓN EN EL CEREBRO HUMANO, Y LOS RESULTADOS SON TAN CONTUNDENTES COMO SORPRENDENTES. 



Quienes se han iniciado en la práctica de la meditación y la han incoporado metódicamente como parte de su vida, saben que hay aspectos de su pensamiento, de las decisiones que toman y, en suma, de forma en que se sitúan y viven la realidad, que caben en la dicotomía antes/después. La atención, la concentración, la conciencia del presente y otras habilidades cognitivas afines se ejercen de manera distinta antes y después de haber hecho de la meditación un hábito sostenido.

Esto, como decimos, podría corroborarse con el testimonio de las personas que meditan, sin embargo, quizá algunos escépticos considerarían dichas pruebas mero empirismo discursivo y exigirían evidencia más contundente.

Es posible que esa haya sido la postura de Sara Lazar al respecto. Lazar labora actualmente en el Hospital General de Massachusetts y en la Escuela de Medicina de Harvard, en donde ejerce y enseña como neurocientífica. Como otros, la doctora también tenía ciertas reservas hacia los beneficios de la meditación que se pregonan con tanto fervor. Un día, sin embargo, mientras se entrenaba para el maratón de Boston y como consecuencia de una recomendación médica para tratar una lesión propia de corredores, Lazar comenzó a tomar clases de yoga, un poco como parte de la tendencia contemporánea de popularización con respecto a dicha disciplina.

La doctora solo acudió porque su médico le aconsejó ganar flexibilidad muscular, pero aun así tuvo que escuchar el entusiasta discurso de su instructor, quien le aseguró que el yoga la volvería más compasiva y le haría abrir su corazón. Y ella, que al principio era incrédula, poco a poco notó que, en efecto, estaba más calmada, podía enfrentar situaciones complejas con cierta facilidad y, por último, se había cumplido lo dicho por el instructor: notaba mayor compasión en su vida diaria, además de cierta inclinación por dar cabida a puntos de vista distintos al suyo.

Su curiosidad de científica le llevó a investigar estos efectos del yoga con el rigor de su formación y sus recursos al alcance. Además de encontrarse con abundante literatura al respecto ―estudios que, por ejemplo, indagan sobre el uso terapéutico de la meditación en casos de estrés, depresión, insomnio, angustia y otros padecimientos mentales y psicosomáticos―, Lazar emprendió sus propios experimentos de laboratorio, también como parte de su investigación posdoctoral, inicialmente en biología molecular pero la cual viró hacia la neurociencia por su experiencia con el yoga.


                       

                       Imagen: Pink Sherbet Photography (flickr)

En principio, la doctora examinó la materia gris de dos grupos de personas: uno, integrado por hombres y mujeres que han meditado buena parte de su vida y, por otro lado, un grupo de control con personas que no practicaban la meditación ni algún otro ejercicio afín. Entre otros resultados, Lazar y su equipo encontraron que dicho componente era mayor en el primer grupo, particularmente en el córtex frontal (asociado con la memoria y la toma de decisiones) pero, en especial, en el córtex sensorial, la ínsula y regiones relacionadas con la audición. “Lo cual tiene sentido”, explica la doctora, “cuando estás más consciente pones atención a tu respiación, a los sonidos, a la experiencia del momento presente, y apagas la cognición: es lógico que los sentidos mejores”. En el caso del córtex prefrontal y su vínculo con la memoria, Lazar también encontró que la materia gris presente ahí en personas de 50 años que meditaban era equivalente al de una persona sana de 25 años.

En este punto, para no creer que la meditación era una panacea, la investigadora se preguntó si quizá las personas del grupo de meditadores no tenían ya más materia gris antes de practicar la meditación. Para responder, armó otro experimento en el que un grupo de control sería comparado con otro de personas que nunca antes habían meditado y que durante 8 semanas, por 40 minutos al día, participarían en un programa de atención plena (mindfulness) orientado a reducir el estrés.

Para sorpresa de ella misma, incluso en un periodo tan breve, el cerebro de las personas en ese segundo grupo tuvo cambios significativos en cuatro regiones:

La corteza cingulada posterior, asociada con la dvagación y la importancia de sí.

El lado derecho del hipocampo, asociado con el aprendizaje, la cognición, la memoria y la regulación de las emociones.

La juntura temporoparietal, en donde se procesan la toma de perspectiva, la empatía y la compasión.

El puente troncoencefálico, en donde se produce una buena cantidad de los neurotransmisores con los que funciona nuestro cerebro.

La amígdala, que algunos consideran fuera del cerebro, también se redujo como consecuencia de la meditación, lo cual se ha relacionado con la disminución de emociones como la angustia, el miedo y la tensión.

La curiosidad de Lazar la llevó a encontrar por sí misma el soporte científico de un conocimiento que se tiene sobre todo por experiencia personal. Y como ella misma lo dice, no es que la meditación sea una panacea que nos sirve para remediar todos los males que pudiera desarrollar nuestro cuerpo, sino más bien que, como toda disciplina saludable, como el ejercicio físico e incluso el examen metódico del yo, aporta sus propios beneficios en esa consolidación del equilibrio a veces precario que necesitamos para vivir con mente sana en cuerpo sano.


Publicado en pijamasurf

miércoles, 22 de julio de 2015

Bailarines y coreógrafos: 2x1



Entre los jóvenes que vienen pisando fuerte en el mundo de la danza hay que mencionar a Nicolas Huchard. Este parisino de 28 años trabajó en el circo hasta que un día decidió que se quería dedicar a la danza. Desde entonces ha trabajado como bailarín con los mejores coreógrafos, entre muchos otros Maurice Bejart. En los dos últimos años nos ha sorprendido con coreografías propias de temas como Get Lucky versionada por Daughter o Night Air. Me quedo con esta coreografía de tintes étnicos de la canción Stimela de Wynter Gordon.

lunes, 20 de julio de 2015

¿Desarrollo económico o desarrollo humano?


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Dice Jostein Gaarder que “el ser humano no vive sólo de pan. Necesitamos amor y cuidados, y encontrar una respuesta a quiénes somos y por qué vivimos”. Y tiene toda la razón. Es más, hoy en día nadie pondría en cuestión la afirmación de que el desarrollo de los pueblos está íntimamente ligado a las posibilidades de medrar de los individuos, a la capacidad potencial de cada miembro de una colectividad de tener una vida mejor, en todos los niveles, que la que tuvieron sus padres o sus abuelos.

Sin embargo, hasta hace bien poco esta afirmación, no sólo se cuestionaba, si no que tan únicamente un minúsculo grupo de pensadores y economistas la exhibía como su estandarte, como su caballo de batalla. En efecto, desde la década de los años 40, época en la que podríamos situar el despegue de la denominada teoría económica del desarrollo (es decir, la rama de la economía que se ocupa de la mejora de las condiciones en países con bajos ingresos), ésta estuvo dominada por corrientes utilitaristas, que ponían el acento en el enriquecimiento material, en el incremento de la producción de bienes y servicios per se, como clave del desarrollo económico de un país, que reduciría su nivel de pobreza e incrementaría el bienestar general de la población. Esta concepción netamente materialista pronto se elevaría al nivel de dogma incuestionable y, durante años, toda la teoría económica del desarrollo estuvo impregnada de esta visión; hasta tal punto que, los escasos disidentes existentes dentro de la teoría nunca llegarían a cuestionar realmente la prioridad del incremento de la producción de bienes y servicios dentro de toda estrategia de desarrollo, centrándose los debates en la mejor forma de acelerar dicho incremento, sin plantearse siquiera otras alternativas.

Tendríamos que esperar hasta los años 80 para comenzar a encontrar voces que pusieran en tela de juicio este aserto. Sería a finales de esta década cuando numerosos expertos procedentes de instituciones internacionales como la OIT, o programas de Naciones Unidas como UNICEF o el PNUD comenzaran a reclamar insistentemente un cambio en las estrategias globales de desarrollo, apostando por el conocido como “paradigma de desarrollo humano”. Los apóstoles de esta nueva visión, entre los que podríamos destacar a Amartya Sen o Mahbub ul Haq, apostaban por el capital humano como pilar del crecimiento económico, desechando las premisas utilitarias anteriores y cuestionando que el medio para alcanzar el desarrollo fuera la acumulación de capital físico, es decir, la inversión en instalaciones industriales y bienes de equipo. Al contrario, defendían la necesidad de abandonar la prioridad del incremento del PIB per se en las estrategias de desarrollo económico, acometiendo una redistribución de la renta, y utilizando en favor de la población más desfavorecida parte del producto adicional creado por el proceso de crecimiento, invirtiendo en activos de especial importancia para ellos, entre ellos, y de forma muy especial, la educación. Así, la teoría económica del desarrollo comenzaría a pivotar hacía el antropocentrismo: a partir de ese momento, las personas pasarían a ocupar el centro del escenario convirtiéndose, simultáneamente, en objeto de las políticas diseñadas e instrumento fundamental de su propio desarrollo y aplicación.

El desarrollo humano comenzaría a copar los debates sobre desarrollo tras la llegada, en 1989, de Mahbub ul Haq (ex-ministro de finanzas de Pakistán y ex-economista jefe del Banco Mundial) al PNUD como Asesor Especial del Administrador General de este programa de Naciones Unidas, logrando el respaldo de la agencia al concepto de desarrollo humano. A partir de 1990, el PNUD comenzaría a publicar anualmente un Informe sobre Desarrollo Humano, que desarrollaba el concepto de desarrollo humano e intentaba demostrar a los responsables de diseñar las políticas de desarrollo cómo podía traducirse la estrategia en términos operativos. Y para sustentar sus recomendaciones, comenzaría asimismo a elaborar indicadores que midieran áreas consideradas fundamentales para el desarrollo humano, entre los cuales pronto destacaría el Índice de Desarrollo Humano, que se convertiría inmediatamente en un indicador alternativo de desarrollo (en oposición al PIB per cápita) ampliamente aceptado.

La publicación de los informes sobre IDH (así como de la elaboración del indicador del mismo nombre) colocaría la cuestión del desarrollo humano en la agenda de numerosos gobiernos e instituciones internacionales; y sería el pistoletazo de salida para la elaboración de numerosos índices que, además del desarrollo, tratan de medir cuestiones consideradas como intrínsecamente relacionadas con el mismo, como son los derechos humanos, la paz o el militarismo, entre otras problemáticas. Así, indicadores como el Índice Global de la Paz o el Índice de Pobreza Humana tratan de enmarcar un determinado fenómeno bajo un parámetro común que permita la comparación entre países, obteniendo una visión global de la temática e identificando los factores que promueven el cambio, todo ello con el fin de conocer si se avanza o se retrocede en su consecución; dejando así patente la tremenda utilidad de estas herramientas a la hora de realizar análisis exhaustivos, corregir errores, prever tendencias y establecer escenarios de futuro, orientando la elaboración de políticas dirigidas a la temática en cuestión.

Sin embargo, estos indicadores (incluido el IDH) también han dejado patentes sus carencias o limitaciones como instrumentos de medición de fenómenos relacionados con el desarrollo, tremendamente complejos y que a menudo desbordan el marco de estudio que los indicadores proponen. Resulta evidente que el uso de indicadores tiene sus límites: cuestiones como la subjetividad en los análisis, la escasez de datos en determinadas materias o la dificultad que presenta traducir el traducir en clave global índices recogidos en dimensión local o regional son cuestiones que limitan la efectividad de la medición realizada. De esta forma, los indicadores pueden estrechar la visión de la realidad o basarse en conceptos reduccionistas, que, sin embargo, luego demuestran tener una enorme influencia en la toma de decisiones políticas.

A pesar de todo, la elaboración de indicadores de desarrollo, paz y gobernanza han contribuido notablemente a la extensión y a una mayor visibilidad del paradigma de desarrollo humano, permitiendo a éste descender a la arena de las ideas frente a las visiones utilitaristas, todavía propugnadas desde el llamado “consenso de Washington”, representado en instituciones como el FMI o el Banco Mundial. Así, cada vez son más las voces que reclaman la promoción del gasto social entendido en términos de educación, salud y pensiones como pilares de la formación de un capital humano, de alta rentabilidad para las economías que apuestan por esta estrategia de desarrollo; cada vez son más las voces que reivindican la adopción de políticas redistributivas de la renta y de los recursos productivos, bajo la idea de que una distribución más igualitaria de los capitales natural y físico (a través, por ejemplo de medidas como el reparto igualitario de la tierra o la promoción de ayudas a pequeñas y medianas empresas) redundará en un mayor desarrollo humano y económico. Sin embargo, estos argumentos siguen siendo rechazados en gran medida por las instituciones económicas y financieras internacionales, que recelan de unas prácticas que, consideran, merman los incentivos, crean ineficacia en la asignación de recursos y reducen el ahorro.

Hoy en día el debate continúa, alentado por unos países emergentes que parecen estar dando un giro de 180º en sus estrategias de desarrollo económico: en China, ya en su discurso de investidura, Xi Jinping lanzó una proclama en favor del desarrollo sostenible y el fin de las desigualdades sociales; en Brasil, hemos asistido a masivas manifestaciones exigiendo mejoras en sanidad, educación y transportes, demandas que han sido acogidas por el gobierno de Roussef; y en India, cada vez son más las voces políticas que claman por una política firme y decidida de lucha contra la pobreza. La pujanza de estos nuevos actores en el escenario internacional ha supuesto un nuevo empuje del paradigma de desarrollo humano, que no sólo es capaz ya de bajar a la arena de las ideas, sino que parece estar ganando la batalla en el coliseo de la teoría económica del desarrollo.

Publicado por:  Adrian Vidales

viernes, 3 de julio de 2015

Las traducciones más descabelladas del inglés al español

Una historia de Experiensense.
Cuánto daño ha hecho el traductor automático de Google. Hoy en día, cualquier tuercebotas se cree capaz de pasar al español una frase del inglés, o del sueco al suahili, o viceversa. Pero ojo con la traducción automática, que suele caer en la literalidad más rampante: donde en inglés dice “Please, turn off showers when you are done” alguien poco informado de la lengua de Cervantes puede interpretar un incongruente “Por favor, vuelta lejos chaparrones cuando usted es hecho”, como puede observarse en una piscina pública de Los Ángeles.
A continuación, una selección de carteles, etiquetas y avisos desopilantes para los que la frase “una patada al diccionario” (“a kick to the dictionary”) se queda muy corta:
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“No subir sobre estatuto”
Más que una prohibición de índole cívica, esta extraña versión de “estatua” podría pasar por una admonición de tipo político en Cataluña.
Hubiera bastado con un “No subirse en la estatua”.
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“Final de guardado área de nadada”
Traducción propia de un disléxico del mucho más inteligible “End of guarded swim area”.
Hubiera bastado con “Fin de zona vigilada por socorristas”.
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“Por favor, vuelta lejos chaparrones cuando usted es hecho”
¿Qué trata de decir este cartel a los hispanohablantes con ese enigmático “lejos de los chaparrones”? Se supone que estamos en la piscina, ¿no?
El error se debe a un “falso amigo”, que podría solventarse con un “Por favor, cierre el grifo  cuando hayas terminado de ducharte”.
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“Deshágase por favor de su goma en la basura puede”
La goma se refiere en realidad al chicle, aunque lo que clama al cielo en este cartel es la obtusa traducción de “trash can”, el cubo de la basura, como “basura puede”.
“Por favor, arroje el chicle en la papelera” hubiese sido bastante acertado.
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“Huelga”
Suponemos que quería decir “hola”, pero a esta cafetería de San Francisco le salió un beligerante “huelga” por la culata.
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“No necesita un carro arriva
La dirección de este Ikea de Gran Bretaña no sólo tiró de traductor automático sino que incluso se permitió subvertir la ortografía y usar la “be baja”, que diría un argentino.
“No necesitas un carrito, puedes utilizar una bolsa amarilla” hace las veces a la perfección.
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“En construcción nos complace advertimos”
Este es bastante inexplicable. ¿En qué momento “Please use caution” se convirtió en “Nos complace advertimos”? Un sinsentido.
Hubiese valido “En construcción. Tenga cuidado”.
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“Violadores serán multados”
Otro “false friend” inverso para no olvidar: los violadores (violators) en inglés no son tan atroces como los de aquí, principalmente porque no son más que pobres infractores.
“Prohibido aparcar en el carril de emergencia. Los infractores serán multados…”
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“Ninguana natación”
Simpático lapsus que mezcla “ninguna” con “iguana” para parir ese singular “ninguana” de inéditas connotaciones.
“Prohibido nadar” basta y se sobra.
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“El cuarto de cambiar”
Caliente, caliente, pero no: el “Fitting Room” de allá es nuestro “Probador”. Fin de la discusión.
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“La cancha de tenis gobierna”
Todo el letrero es un enorme dislate pero nos quedamos con el distópico título, que nos remite a un gobierno mundial dominado por una cancha de tenis en Otawa. La culpa la tiene ese “rules” de doble (y triple) acepción.
“Reglas de la pista de tenis” sería una opción apropiada.
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“El ningún fumar”
Disparatada traducción del universal “No Smoking” que, sin embargo, podría servir como eslogan del prohibicionismo: “El ningún fumar”. Mola.
“No fumar” sirve, aunque con la señal del cigarrillo basta y sobra.
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“La puerta para quedarse cerró siempre”
En este caso el dislate en la traducción cobra un inesperado cariz poético, que remite a amores imposibles e infancias que nunca volverán.
También hubiera valido “La puerta debe permanecer cerrada en todo momento”.