viernes, 24 de julio de 2009

INTERESANTE ARTÍCULO DE OPINIÓN DE MARTÍN GALLEGO


Traslado a este blog el interesante artículo publicado como tribuna de opinión de Martín Gallego (ex Secretario General de la Energía) sobre el negocio o beneficio que hay con la energía nuclear, creo que explica muy bien el concepto de "déficit tarifario2 que tanto sirve de argumento y sobre todo concreta el negocio. Quedaría por explicar o proponer que modelo de retorno parcial debería tener ese retorno para el conjunto de la sociedad (lo que antes se llamaba reparto de la riqueza). Quizás podría obligarse a que una parte de ese tremendo beneficio (a costa de todos y por real decreto) pudiese destinarse a I+D+i en renovables.

Paso a trasladar el artículo y el enlace al mismo en EL PAÍS (23 de julio de 2009)



TRIBUNA: Martín Gallego Málaga
¿De quién es el negocio nuclear?
Martín Gallego Málaga 23/07/2009


Las centrales existentes tienen altos beneficios,

al vender toda su producción a precio elevado
Se paga al precio más alto una energía cuyos

costes ya han sido amortizados


La reciente polémica que ha originado la prolongación por cuatro años de la vida de la central de Garoña ha estado marcada y polarizada por actitudes pro o antinucleares, que suelen tener un gran componente visceral pero, como indicaba Natalia Fabra en un artículo del pasado 2 de julio en Cinco Días, ha servido para poner de manifiesto otros aspectos de gran trascendencia que van más allá de la cuestión nuclear y que conviene que sean también examinados y debatidos.

Detrás del debate nuclear hay intereses económicos muy importantes, aunque hay que distinguir claramente entre las posibles nuevas centrales nucleares a instalar y las ya existentes. Las primeras están sometidas a muchos riesgos e incertidumbres económicas, por lo que sólo podrán ser abordadas si cuentan con un elevado apoyo institucional y social. Sin embargo, las nucleares existentes tienen altos beneficios, al vender toda su producción a un elevado precio.
Éste viene establecido por el precio de mercado que la Ley Eléctrica de 1997 establece como el coste que tienen que satisfacer los consumidores, pero esto no significa que ése sea el coste en el que incurre la empresa que produce la electricidad. En el caso de las centrales hidráulicas y nucleares existentes, que generan un 40% de la electricidad total, dicho coste es muy inferior al de la central más cara de gas o carbón que determina el precio de mercado, como ha puesto de manifiesto la Comisión Nacional de la Energía.


El precio de mercado es un indicador relevante para decidir hacer nuevas inversiones en centrales, pero no tendría que aplicarse como precio de venta de la energía producida por las centrales que ya existían al aprobarse la ley de 1997, cuya decisión de inversión se tomó en base a la ley anterior, que les reconocía la recuperación de los costes, que les fueron luego asegurados por los CTC (Costes de Transición a la Competencia) que cobraron íntegramente.


La regulación vigente se ha desarrollado además admitiendo que si las tarifas eléctricas, establecidas por el Gobierno, no se igualan al precio de mercado se genera una diferencia que el Estado reconoce y avala a las empresas, que es el artificiosamente denominado déficit tarifario que no implica, en modo alguno, un déficit entre tarifas y costes de producción.


Por otro lado, el sistema regulatorio vigente es intrínsecamente amenazante para los consumidores, porque incentiva a que las empresas traten de equilibrar la demanda con la oferta de la central más cara, que marcará el precio al que les tendrán que remunerar toda su producción, incluida la de las centraleshidráulicas y nucleares. Este incentivo hace que también puedan tratar de aumentar sus beneficios incrementando puntualmente la demanda con exportaciones o con bombeo, para casarla con una oferta marginal más cara que determinará un precio más alto para toda su producción.


Todo ello genera un sobrecoste eléctrico que es gravoso para todos los consumidores, que dificulta la competitividad de las empresas españolas y genera desconfianza en el precio de mercado.


¿Cómo puede liberarse a los consumidores eléctricos de esta especie de nuevo impuesto feudal? Al eliminarse -como está previsto- las tarifas, desaparece el concepto de déficit tarifario, pero los consumidores permanecen inermes ante unos comercializadores que les suministran una energía que tienen que seguir adquiriendo a los generadores al precio de mercado. Para liberar a los consumidores hay que ir al fondo y solucionar el problema de inequidad entre generadores y consumidores eléctricos, modificando la regulación para que estos últimos puedan obtener la energía de las centrales hidráulicas y nucleares a un precio relacionado con su coste.


Hay que señalar al respecto la enorme cuantía de la diferencia entre los costes de producir la electricidad en las centrales existentes, tanto nucleares como hidráulicas, y el precio de venta de mercado. En el caso de Garoña, esta diferencia puede alcanzar en 10 años de prolongación de vida un orden de magnitud de 1.500 millones de euros. Para la totalidad del parque nuclear, podría suponer en 10 años entre 15.000 y 25.000 millones de euros; para el conjunto de hidráulicas y nucleares, unas cifras dobles de las anteriores.


El diagnóstico de dicha falta de equidad y su solución son conocidos y ya han sido recomendados por el Libro Blanco sobre la reforma de la regulación de la generación eléctrica en España, de 2005, y por la Comisión Nacional de la Energía (CNE); pero además, como el problema no es sólo español, pues se deriva de una regulación de la UE, también la ha propuesto recientemente en Francia la Comisión sobre la Organización del Mercado Eléctrico (Champsaur), creada por los ministros de Economía, Industria y Energía.


El Libro Blanco proponía "mantener el equilibrio económico equitativo entre generadores y consumidores" y consideraba "gravoso para los consumidores el continuar pagando a precio de mercado la electricidad producida por instalaciones cuyos costes de inversión han sido ya totalmente garantizados (hoy pagados) por estos mismos consumidores". En sus recomendaciones consideraba diferentes alternativas, entre ellas la de liquidar la energía producida en dichas centrales por diferencias entre el precio de mercado y el aceptado por las empresas en la promulgación de la ley de 1997, con las actualizaciones correspondientes, de forma que se minorara el precio a los consumidores


La CNE ha puesto de manifiesto en su Informe Complementario sobre precios y costes de la generación eléctrica de mayo de 2008 "su preocupación en relación con los altos precios del mercado que están poniendo de manifiesto una importante y sostenida divergencia con los costes de generación". Indica asimismo que "los cambios producidos en el modelo regulatorio retributivo han desconfigurado su coherencia interna y disminuido su capacidad para revelar los costes de generación, poniendo de manifiesto la apertura de una importante brecha entre los precios que determina el mercado para la generación de la electricidad y los costes de generar esa misma electricidad".


En Francia se da la paradoja que con un 90% de la electricidad producida por centrales hidráulicas y nucleares, la mayor parte de los consumidores pagan la electricidad al precio más elevado de las centrales de gas y aunque esto se equipara más con un verdadero impuesto, en la medida en que Électricité de France (EDF) es propiedad del Estado, la Comisión Champsaur ha diagnosticado, el pasado abril, la situación como insostenible desde el punto de vista de equidad y económico. Para solucionarla considera posible tanto el establecimiento de un impuesto a EDF para redistribuir el beneficio a los clientes finales, como el acceso regulado de todos los comercializadores a la producción de bajo coste de EDF, recomendando finalmente esta última vía.


Las eléctricas españolas consiguieron que el Gobierno de Aznar les aprobara un alargamiento de vida a 65 años de las concesiones hidroeléctricas, sin subastarlas y sin ninguna elevación del canon para compensar el sobre beneficio regulatorio por pasar, con la ley de 1997, de vender la electricidad a un coste de "barril de agua" a un precio de "barril de petróleo". Ello implicó una apropiación privada de un beneficio generado por una decisión normativa, con manifiesto perjuicio del interés general.


La petición de alargamiento de vida de Garoña ha supuesto, bajo el camuflaje de una mera autorización técnica, un intento similar en relación con las nucleares, pero -en este caso- no lo han conseguido.


En beneficio de todos y para no prolongar la incertidumbre generada en parte por su intención de maximizar sus beneficios a costa de los consumidores, las eléctricas deben salir del búnker seudorregulatorio y hacer un pacto con la realidad económica, o sea, con los costes de generación. El mercado eléctrico debe seguir funcionando y hacerse más competitivo, pero la renovación de las autorizaciones de funcionamiento de las nucleares debe establecer su remuneración a un nivel que reconcilie los precios que deban pagar los consumidores con sus costes de generación.


Martín Gallego Málaga ha sido secretario general de la Energía.


ENLACE A LA TRIBUNA EN EL PAÍS


miércoles, 22 de julio de 2009

PINK, Dear Mr. President



Musicalmente hablando me gusta mucho PINK, ahora viendo y escuchando este tema dedicado a Bush (no es tan actual) entiendo además ese punto especial que tiene. escucha y presta atención


martes, 21 de julio de 2009

La crisis del ego, por Jordi Pigem


Interesante artículo de Jordi Pigem sobre la crísis desde una perspectiva muy a tener en cuenta:

¿Hasta dónde alcanza la crisis?
Lo que ha entrado en crisis no es solo el neoliberalismo, ni siquiera el capitalismo. Podríamos decir que ha entrado en crisis el economicismo, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana. El economicismo es común al capitalismo y el marxismo, y durante mucho tiempo a la mayoría de nosotros nos pareció de sentido común —pero hubiera sido considerado un disparate o una aberración por la mayoría de las culturas que nos han precedido, que generalmente veían la clave de su universo en elementos más intangibles, culturales, religiosos o éticos.En el fondo, sin embargo, no sólo ha entrado en crisis el economicismo, porque la crisis actual es sistémica y no sólo económica. Tiene una clara dimensión ecológica (pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, caos climático), pero también hay crisis desde hace tiempo en la vida cultural, social y personal. La sociedad, los valores, los empleos y hasta las relaciones de pareja se han ido volviendo cada vez menos sólidos y más líquidos, en la acertada expresión del sociólogo Zygmunt Bauman. Disminuyen las certezas y crece la incertidumbre en múltiples ámbitos, incluso en las teorías científicas que en vez de volverse cada vez más simples y generales se vuelven más parciales y complicadas.Vivimos una crisis sistémica, que habíamos conseguido ignorar porque el crecimiento de la economía nos hechizaba con sus cifras sonrientes y porque los goces o promesas del consumo sobornaban nuestra conciencia. Pero el espejismo del crecimiento económico ilimitado se desvanece y de repente nos damos cuenta de que no podemos seguir ignorando la crisis ecológica, la crisis de valores, la crisis cultural. Tenemos cantidades ingentes de información, centenares de teorías y muchas respuestas, pero la mayoría sirven de muy poco ante las nuevas preguntas. Lo que ha entrado en crisis es toda la visión moderna del mundo, que de repente se nos aparece obsoleta y pide urgentemente ser reemplazada por una visión transmoderna, más fluida, holística y participativa.Una visión del mundo no es una simple manera de ver las cosas. Determina nuestros valores, dicta los criterios para nuestras acciones, impregna nuestra experiencia de lo que somos y hacemos. En el fondo podríamos decir que lo que finalmente ha entrado en crisis es el ego moderno, toda una forma de estar en el mundo basada en un complejo de creencias que inconscientemente compartíamos. Por ejemplo, que el ser humano es radicalmente diferente y superior al resto del universo. O que cada ser humano es también radicalmente diferente de los demás, contra los que ha de competir para prosperar. O que el universo es básicamente inerte y se rige por leyes puramente mecánicas y cuantificables. El ego moderno se siente como un fragmento aislado en un universo hostil, y de su miedo interior nace su necesidad de certeza y seguridad, de objetivar y cuantificar, de clasificar y codificar, de competir y consumir.Pero el ego moderno no puede ser sustituido por un ego transmoderno, porque no hay tal cosa. La crisis nos invita (o nos acabará obligando) a ir más allá del ego y a descubrir que nuestra identidad es en el fondo relacional, que no estamos aislados sino que cada persona y cada ser es una ola en un océano de relaciones en el que todos participamos y en el que también fluyen la sociedad, la naturaleza y el cosmos.Por ello la crisis no solo es una oportunidad para avanzar hacia economías y sociedades que sean más justas, sostenibles y plenamente humanas. También es una alarma que ha saltado porque ya es hora de despertar. Porque la economía global era como un gigante sonámbulo, que avanzaba a grandes zancadas sin saber a dónde iba, sin saber lo que estrujaba bajo sus pies, inmerso en las ensoñaciones de una visión del mundo caduca. Por ello la crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar.


Fuente: Blog amigo Crisis económica 2010


Jordi Pigem es Filósofo de la ciencia y escritorJordi Pigem (Barcelona, 1964) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Del 1998 al 2003 fue profesor y coordinador del Área de Filosofía del Masters in Holistic Science del Schumacher College en Dartington (Universidad de Plymouth, Inglaterra). Ha sido profesor invitado en la Universidad de Barcelona y ponente en diversas universidades, incluídas las de Columbia y Oxford. En 1999 obtuvo el Premio de Filosofía del Institut d'Estudis Catalans. Fue coordinador de la revista de ecología Integral y editor del volumen Nueva Conciencia (Integral Ed., 1991). Es autor de La odisea de Occidente (Kairós, 1994) y El pensament de Raimon Panikkar (Institut d'Estudis Catalans, 2007), y colabora habitualmente en publicaciones periódicas en catalán, castellano e inglés.

EL PIANO DE MICHAEL NYMAN

Es una delicia, creo que su música nos acompaña en muchas de nuestras películas preferidas,escúchalo.......




Sin palabras

miércoles, 15 de julio de 2009

Engage Me!

Los niños de la Escuela de Primaria ROBIN HOOD de Birmingham, nos dicen de forma clara lo que ellos quieren y opinan sobre la enseñanza. Es sencillo y nos invita a la reflexión. Míralo y piensa:



lunes, 13 de julio de 2009

MJ MÁS VIVO QUE NUNCA


Cada día, en algún lugar del mundo, se celebra alguna especie de tributo a Michael Jackson,... La gente tenía casi en el olvido al rey del pop, pero ahora que ha fallecido, es cuando resurge de sus cenizas en la memoria de todos. En Estocolmo, el pasado 8 de julio, una multitud realizó una coreografía de uno de sus más conocidos temas en plan "espontáneo" (lo entrecomillo porque queda claro que estaba preparado). Un video que a quien más y a quien menos le pondrá los pelos de punta.



DEBATE EN TV SOBRE EL CIERRE DE GAROÑA

El sábado pasado participé en un debate en LIBERTAD DIGITAL dentro del programa Debates en libertad sobre el cierre de Garoña. Como en otras ocasiones que acudo a este programa estoy solo en el debate. Pero creo que defendí con pasión y datos mi postura sobre CIERRE DE GAROÑA y sobre todo por la apuesta por las renovables. Está interesante y puedes verlo en el enlace adjunto

viernes, 10 de julio de 2009

Yo de mayor quiero ser como Severn Suzuki




Olga, una buena amiga y seguidora de mi blog me recomendó que publicase este archivo en mi blog. me agrada por dos cosas: la primera personal, el blog es activo y de doble sentido cuando alguien me recomienda algo para que los demás lo vean. De eso se trata de servir de punto de referencia y de diálogo.

La segunda más importante es que el discurso que dió la niña canadiense de 10 años, Severn Suzuki, en la ONU es impresionante. Habla con pasión, con sabiduría, con el corazón y con la cabeza. Cuando sea mayor quiero ser como Severn Suzuki.

Te recomiendo encarecidamente que lo veas, lo escuches y lo sientas. Te darás cuenta que además de los discursos, de los que dicen que la política no sirve, que las palabras no sirve,... Severn nos muestra que la pasón, los valores, los ideales y la realidad es POLÍTICA con mayúsculas.




Aunque no me gusta escribir sobre temas personales o de mi familia, hoy quiero dedicarle esto a mi hija Celia, a Paula y a Marina igualmente, pero a Celia muy especialmente. Quiero decirle que al ver a Severn la veo a ella, quiero decirle que la fuerza está en las ideas, en la pasión, en la fuerza interna, en la seguridad de las cosas buenas, en la nobleza de las acciones,... en LAS PERSONAS. El padre de Severn le enseño que "no eres lo que dices, eres lo que haces". Yo veo a severn y te veo a tí. En el fondo de mayor quiero ser como Severn y como tú Celia.



miércoles, 1 de julio de 2009

UN LOBBY PARA EL INTERÉS GENERAL


La atención de los medios de comunicación y de los ciudadanos se centra cada vez más, y en general para bien, sobre la dimensión presupuestaria o cuantitativa de la gestión pública. La política, la gestión de los asuntos públicos, contiene muchas veces una decisión para asignar dinero a tal prioridad en lugar de a tal otra. La discusión de los presupuestos, la financiación de los programas, la dotación de concejalías y ministerios, la cuantía de los ‘rescates’… todo eso puede medirse en términos de asignación de fondos. Y donde hay asignación de fondos hay presiones, y grupos de interés, y al final del proceso, beneficiarios y no beneficiarios. En cambio, hay otra dimensión de la esfera pública de la que los beneficiarios somos todos los ciudadanos. Sí, incluido tú, lector. Es el interés general: acaso porque no tiene un lobby detrás defendiendo sus tesis, ese interés general suele ser más difícil de reducir a cifras. Pero que se le mencione menos no quiere decir que sea menos importante.

Hace unas semanas, en un debate en directo en el que participé en Telemadrid sobre la energía nuclear frente a las energías renovables, le argumentaba a mi adversario dialéctico que la energía nuclear es hoy económicamente inviable, tecnológicamente obsoleta, medioambientalmente insostenible y socialmente peligrosa, y destaqué cómo el supuesto ‘debate nuclear’ era fruto de las presiones del poderosísimo lobby nuclear, que defiende los intereses de corporaciones, no de ciudadanos. Mi interlocutor enseguida arguyó que las energías renovables también contaban con un lobby a favor de las fuentes de energía renovable. Es evidente, y así lo hice notar en el debate, que el poder económico, industrial, político y mediático del lobby renovable es ridículamente pequeño, infinitesimal en comparación con los tentáculos del lobby nuclear.

Sin embargo, al apagarse los focos y terminar el programa, seguí dándole vueltas a si contraponer lobbies con intereses divergentes es racional o medianamente justo.

Yo creo que no lo es. A mi parecer, lo deseable no ese sopesar los intereses de la industria nuclear frente a los del emergente sector de las renovables. Quien debería contradecir las ideas y los datos (muy sesgados, por cierto) del lobby nuclear debería ser una instancia neutra, ni pronuclear ni antinuclear, que velara por el interés general.

Según la ciencia política, una de las contradicciones de las sociedades democráticas postmodernas como la española es que a veces están menos protegidos los derechos de la colectividad que los derechos de algunos grupos que la componen. Lo que los mexicanos llaman cabildeo, y nosotros denominamos grupos de intereses especiales o lobbies, sacan a menudo una indebida ventaja en su tira y afloja frente a los defensores del bien común. Por eso los ciudadanos tendemos a sentirnos indefensos ante algunos colectivos endogámicos, privilegiados e influyentes cuyo poder se ejerce sin suficiente supervisión pública: por ejemplo, recelamos del derecho a la huelga de controladores aéreos, de pilotos o de jueces, porque llega un momento en que el peaje que tales minorías hacen pagar al conjunto de la sociedad, aunque normalmente es incalculable por su propia naturaleza, se antoja excesivo, insoportable. Es lo que el politólogo Fernando Vallespín planteaba en su artículo ‘Cuando los pocos nos dañan a todos’, publicado en El País el 16 de enero, cuando se preguntaba: “Si, como parece el caso, estos ‘trabajadores’ no están excluidos del derecho de huelga, ¿quién nos defiende entonces frente a quienes tienen la capacidad de subvertir funciones cruciales para la vida de todos?”.

Pasaré de puntillas sobre lo discutible que resulta llamar ‘trabajador’ a un juez, y obviaré también la espinosa cuestión de que si los titulares del poder judicial pueden declararse en huelga, también deberían poder hacer lo mismo los titulares de los poderes legislativo y ejecutivo (según esa lógica malsana, ¿por qué no una huelga de diputados, de senadores, de ministros e incluso del presidente del Gobierno?). Lo que quisiera subrayar con Vallespín es que a veces, sólo a veces, frente a algunos colectivos cerrados, corporativistas y con una capacidad de presión desproporcionada, muchos echamos de menos un lobby que defienda los intereses de todos.

Un lobby que defienda de manera implacable los intereses de los usuarios de la justicia. Y de los usuarios del transporte aéreo. Y de los usuarios del sistema bancario y financiero. Un lobby del conjunto de la ciudadanía, que contrarreste los múltiples y poderosos lobbies que la acongojan. No un Defensor del Pueblo que vele contra abusos concretos, no una Administración Pública que articule la gestión de lo colectivo, no: yo propongo que frente a los ‘grupos de interés particular’ erijamos un ‘grupo de interés general’ que alimente de argumentos y de cifras la defensa del bien común, y que pelee con las mismas armas. Supondría democratizar el acceso a lo que en Estados Unidos denominan la ‘industria de la influencia’ (lobbies y think tanks, ya sabes). Revolucionario, ¿no? Imagínate, lector, que tu interés como ciudadano fuera defendido con el mismo ardor, con los mismos recursos y con el mismo arsenal de datos, gráficos, tablas y presentaciones en PowerPoint que los intereses especiales de los grupos que amenazan diariamente con perjudicarte como ciudadano.

Utópico, ¿eh? Bueno, pues esa es precisamente la dirección en la que apunta un estudio pionero en Europa sobre el coste intangible de la catástrofe del petrolero Prestige de 2002. El informe, realizado por la investigadora María Loureiro, del Instituto de Estudios e Desenvolvemento de Galicia (Idega) de la Universidade de Santiago, cuantifica en euros contantes y sonantes los daños ambientales que la sociedad ha de afrontar, descontados los costes de la limpieza y recuperación y las pérdidas comerciales para el sector pesquero, el turístico y demás colectivos específicos. Todos estos costes sí visibles y sí bien conocidos, y que por cierto suman 805 millones de euros.

Según el estudio de María Loureiro, así pues, el coste invisible para los españoles, coste que no ha abonado ni abonará nunca nadie, asciende a 774 millones de euros, es decir casi 130.000 millones de las antiguas pesetas. Es curioso que esa factura intangible sea casi igual de alta que la tangible (774 millones frente a 805). Mas lo triste no es ya que el hundimiento del Prestige nos haya costado a nuestro medio ambiente y a nuestro futuro casi 130.000 millones de pesetas, sino que ningún lobby en representación del pueblo español va a presentar ninguna petición al respecto, así que sencillamente los perderemos en silencio y sin que nadie se rasgue las vestiduras. 774 millones de euros son muchas escuelas infantiles, muchos especialistas en nuestros centros de salud, muchas ambulancias y muchas bibliotecas.

El mar vale más que la suma del pescado que contiene, del mismo modo que el bosque vale más que su madera y que una central y la no extinción de una especie vale más que su valor de mercado. ¿Cuántas facturas de 774 millones de euros estamos pagando como sociedad cada vez que los grupos de interés particular dirimen entre sí sus conflictos partidarios y el interés medioambiental, el interés general, ni se cuantifica ni mucho menos se abona?