lunes, 28 de febrero de 2011

LA DIFERENCIA ENTRE EL PIB Y CALIDAD DE VIDA por Miguel Aguado


Publicado en DIARIO PROGRESISTA

Cada vez somos más los que opinamos que el indicador PIB como elemento del nivel de un país no es un indicador válido.

Las primeras referencias eran hasta no hace mucho el estado de Bután, un país que comenzó a valorar de forma seria y técnica el medir con otro indicador “El índice de felicidad”. Medir la evolución y progreso de su país con indicadores ligados, además de al desarrollo económico, con aspectos educativos, de salud, de sostenibilidad ambiental, de respeto y cuidado de los más débiles y un largo etcétera. Sonaba bien y además algo exótico ubicado en un pequeño país budista. Pareció más serio cuando el gobierno británico de Tony Blair, el cual hizo muchas cosas buenas aunque todas ellas tiradas por la borda con su participación a la guerra de Irak, comenzó a estudiar la incorporación de este tipo de criterios en la valoración de su país. Hoy muchos más estados lo están valorando, España entre ellos,  e incluso la conservadora Unión Europea acaba de publicar un informe bien sustentado en este sentido. Parece que marchamos bien.

Hoy podemos ver de forma clara con nuevos datos que la situación de un país debe medirse con nuevas miras.

Estos días hemos conocido la confirmación oficial de una noticia que sabíamos desde agosto: la economía china es ya la segunda del mundo, solo por detrás de Estados Unidos, modificando un pódium en vigor desde 1968. China ha superado a Japón. No obstante, en términos de PIB per cápita, se expresa otra realidad bien diferente: según el FMI, el de China ascendió a 4.283 dólares en 2010, ocupando la posición 95 en el ranking mundial, frente a los 42.325 dólares de Japón, diez veces superior al de China. Es un hito para China, pero distorsionante en extremo. China ha superado a Japón en algo más de 400 millones de dólares en valor bruto del PIB.

Las cifras: el PIB Chino es de 4,4 billones de dólares de valor bruto frente al japonés de 4 billones. Parece claro: China supera a Japón. La renta per capita de un japonés es ¡diez veces superior a un chino!. La población china a su vez es 10 veces superior numéricamente a la japonesa. Un país es más rico que otro, pero sus ciudadanos son 10 veces más pobres.

Creo que es un buen ejemplo para valorar. Si además incluimos otros valores como la libertad, la democracia, el respeto a los derechos humanos y un largo etcétera; preferiría ser japones; aunque la verdad es que me gusta más aún ser español.

Debemos valorar la situación de un país con otros ojos, con otros valores que los meramente economicistas. Porque cambiar una sociedad a un modelo más socialdemócrata donde las personas son, no podría ser de otra manera, el eje central; exige medir y valorar de otra persona. Política en la hoja de Excel.



jueves, 24 de febrero de 2011

jardín congelado en china

Desconozco si este fenómeno ha ocurrido por algo en especial, únicamente por el frio, por una fuerte helada producida en el sur de China o quizás unida a una lluvia.
La verdad es que el paisaje ha quedado precioso, parecen flores de plástico con tanto relieve.

jardin congelado
jardin congelado en china
imagenes de una helada en china
helada en china flores congeladas













miércoles, 23 de febrero de 2011

martes, 22 de febrero de 2011

Descarga el libro “Rumbo al cosmos”




En estos tiempos de copyrights, de polémicas con autores y de leyes Sinde, que alguien como Javier Casado, uno de los emblemas de la divulgación en internet, haya decidido poner en disposición de todo el mundo su libro “Rumbo al Cosmos” es una muy buena noticia.

Javier Casado, para quien aún no lo conozca, es un ingeniero aeronáutico cuya labor divulgativa en internet se extiende en la red desde hace ya más de siete años, en uno de los blogs más recomendables que conozco: El espacio de Javier Casado.
Vuelve a sacar un nuevo libro, “Rumbo al Cosmos, los secretos de la astronáutica” pero en esta ocasión la novedad reside en que está licenciado bajo Creative Commons y es el propio Javier Casado quien te lo ofrece en descarga gratuita desde su blog.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los 1.216 litros de agua de una pizza margarita



Por: Clemente Álvarez. WWW.ELPAIS.COM (ECOLAB)
Pizza margarita

¿Cuál es el volumen de agua que se necesita para una pizza margarita? No sólo para cocinarla, sino también para cultivar y producir sus ingredientes. Para responder a esta pregunta dos investigadores de laUniversidad de Twente(Holanda) recurrieron a una receta de la BBC que explica cómo preparar este plato italiano en cuatro sencillos pasos: 300 gramos de harina de trigo, levadura, 100 mililitros de salsa de tomate, albahaca, un diente de ajo, 125 gramos de queso mozzarella, aceite, sal...

El trabajo publicado en Agricultural Systems, lo realizaron la españolaMaite Aldaya y el profesor holandés Arjen Hoekstra, el propio creador del concepto de huella hídrica. Y en realidad no contemplaron todos estos ingredientes, pero sí que utilizaron como guía estas cantidades para los tres elementos principales: la harina, el tomate y el queso. El resultado encontrado es que para elaborar esta simple pizza para dos personas en Italia se requieren de media unos 1.216 litros de agua. Mucha agua, aunque como ya hemos incidido en otros cálculos de huella hídrica en Eco Lab, esta cifra debe ser explicada.
Primer paso: La base de la pizza.
De los 1.216 litros de agua estimados como necesarios para producir la pizza, tan sólo son 0,2 litros de este líquido los que se emplean directamente en la receta de la BBC para preparar la masa. Todo lo demás, corresponde al volumen de agua necesaria en Italia para la producción de la harina de trigo, los tomates y el queso. ¿Cuál de estos ingredientes requiere de más agua? Con mucha diferencia, la mozzarella. En el caso del trigo para la masa, el estudio estima que el cultivo de la cantidad indicada por la receta requiere de 288 litros.
“El 85% de la huella hídrica en el mundo corresponde a la producción de los alimentos”, incide Aldaya, que ahora trabaja en París para el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El resto se reparte entre la producción de bienes (9,6%) y el consumo doméstico (4,6%). “Escogimos la pizza por ser un plato muy típico”. 
Segundo paso: La salsa de tomate.
A menudo los resultados de la huella hídrica son malinterpretados, pues en los cálculos se suelen sumar tres tipos de agua distintas: el agua azul, la verde y la gris. El color azul corresponde al agua de riego, el verde a la que cae en forma de lluvia y el gris a la parte que resulta contaminada. El impacto de cada color resulta distinto. En el caso de la salsa de tomate para la pizza, el trabajo considera que para producir un kilo de tomates en Italia se requiere de media 117 litros de agua verde y 200 litros adicionales de agua azul, a la vez que se dejan 63 litros de agua gris contaminados por el uso de fertilizantes. A partir de aquí, los investigadores deducen que para la cantidad de tomate de esta pizza se usaría -o contaminaría- un total de 38 litros.
Tercer paso: Extender la masa en forma redondeada.
El concepto de la huella hídrica resulta muy interesante para analizar laglobalización del agua. Hoy en día, son ingentes las cantidades de alimentos que se mueven de unos países a otros y todos tienen una determinada huella hídrica. Obviamente, no es lo mismo que los ingredientes de una pizza que requiere de 1.216 litros se hayan cultivado en un país húmedo dónde la mayor parte de este volumen proceda de agua de lluvia (agua verde) que de un país seco en el que haya que utilizar riego (azul). De hecho, el comercio internacional podría ayudar a solucionar desequilibrios hídricos entre países. Aunque esta es una hipótesis que debe ser considerada con cautela.
“Hay que contemplar tanto el volumen de agua utilizada como los impactos. El volumen total usado es importante porque a nivel global hay una cantidad de agua limitada”, indice Aldaya. “Para asignar los recursos disponibles hay que saber en qué se está gastando, es una cuestión también de seguridad alimentaria”.
Cuarto paso: El contenido, el queso.
De esta forma llegamos a una de las partes más interesantes del estudio,la de la mozzarella. En una pizza margarita resulta que el 73% de la huella hídrica corresponde al queso890 litros. Esto es así por el agua requerida indirectamente para los cultivos con los que alimentar a los animales de los que procede la leche para la mozzarella (tradicionalmente búfalas, aunque en el estudio se trata de vacas). Como hemos visto con otros indicadores ambientales (como las emisiones de CO2), el ganado vuelve a mostrar la mayor huella de la alimentación(lo que resulta lógico por estar en un escalón superior de la cadena trófica que las plantas).  
Según el informe Water Footprints of Nations, de Chapagain y Hoekstra de 2004, producir un kilo de patatas en España tendría una huella hídrica de 53 litros de agua, un kilo de zanahorias 109 litros, un kilo denaranjas 362 litros, un kilo de queso 8.582 litros, un kilo de lentejas 10.589 litros, un litro de aceite de oliva virgen 15.831 litros y un kilo de carne de vacuno 20.157 litros. Hoekstra también ha calculado que la huella hídrica de la dieta con carne de una persona en un país desarrollado (de 3.400 Kcal/día) es  de unos 3.600 litros al día, mientras que la de una dieta vegetariana (también de 3.400 Kcal/día) supone unos 2.300 litros. A su vez, la de una dieta con carne en un país en desarrollo (de 2.700 Kcal/día) tendría una huella hídrica de 2050 litros días y una vegetariana 1.750 litros. Como ya se ha explicado, esto se refiere a la cantidad de agua utilizada, pero no al impacto ambiental.
¿Qué supone todo esto en la ganadería española? Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han estimado cuál es la huella hídrica del conjunto de este sector en España: 54 km3 de agua. La gran mayoría se utiliza de forma indirecta para fabricar los piensos y concentrados con los que alimentar a los animales. Como especifica uno de los autores, Alberto Garrido, el 50% de este volumen de agua se “importa” de otros países, principalmente de Brasil y Argentina, de donde se compran cereales y soja; siendo luego España exportadora de ganado.
En lo que se refiere a su impacto, el 95% de esa agua “importada” es de color verde (agua de lluvia acumulada en el suelo). En principio, esto significa que la ganadería española no conlleva hoy en día un problema de escasez de agua (habría que analizar qué pasará en el futuro si se generaliza en el mundo el aumento del consumo de carne y productos derivados). Sin embargo, como inciden los investigadores de la UPM, en el caso de la ganadería española hoy sí que se produce un impacto en aquellas zonas de dónde se importan los piensos por la contaminación causada por la agricultura intensiva “por vía de nitratos, uso de transgénicos o pesticidas” y por la deforestación para obtener tierras. 
¿Hay que hacerse vegetariano? Esta pregunta provocó una gran polémica en un post anterior enfocado en el cambio climático. Hoy en día, son cada vez más los mensajes lanzados en este sentido. Sin embargo, para Garrido, esa no es la solución:  “Esta visión tan negativa es un poco exagerada, si miramos la cantidad de proteínas que necesitamos no está claro que la alimentación fuese más eficiente en agua y territorio sustituyendo la carne por plantaciones de soja [con la que se elabora alternativas vegetarianas como el tofu]”. ¿Vosotros qué pensáis?

viernes, 18 de febrero de 2011

UN REGALO

Elena me envía este bonito vídeo para su difusión.
Bonito, agradable y sencillo. Un regalo


video

jueves, 17 de febrero de 2011

Robert Proctor: "Existe una industria de creación de ignorancia"





Los alumnos de Robert Proctor están acostumbrados a exámenes sorpresa imposibles de preparar, ya que incluyen preguntas de lo más inesperado y ajenas a la materia: “¿Qué edad tiene la Tierra?”, “¿Cuántos millones hay en un billón?”, “¿Estás convencido de que los humanos comparten un ancestro común con los simios?”. Y es que a este profesor estadounidense de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford le apasiona evaluar no sólo lo que saben los estudiantes sino, sobre todo, también lo que ignoran. Quizá por eso imparte cursos con nombres tan peculiares como El cambiante concepto de raza y El tabaco y la salud en la historia mundial. Guiado por lo que él llama “la última fantasía del aficionado”, Proctor pone en tela de juicio las falsas creencias consolidadas por la poderosa maquinaria global de la desinformación. Y no le asusta enfrentarse a un gran rival; lo demostró cuando decidió arremeter contra el imperio de las tabacaleras. Además de haber testificado en los tribunales contra estas empresas, ha escrito libros y artículos en los que desvela la información que poseen y las campañas millonarias que elaboran para limpiar su imagen. Y esta búsqueda de la honestidad intelectual es una actitud que Proctor lleva a cada ámbito de su vida. Sin ir más lejos, no se cansa de preguntarse por qué las ágatas únicas y raras que él colecciona resultan tan baratas, mientras que los diamantes, abundantes y homogéneos, tienen un enorme valor.


En mayo de 2008 se publicó su libro Agnotology: The Making and Unmaking of Ignorance(Agnotología: La construcción y destrucción de la ignorancia), coeditado con su mujer, Londa Schiebinger. 


–¿Qué es la agnotología? 

–Es el estudio de la política de la ignorancia. Investigo cómo la ignoracia se genera activamente a través de cosas como el secretismo en los avances científicos militares o por medio de políticas deliberadas. Es el caso del esfuerzo en generar confusión por parte de una industria del tabaco cuyo lema no es otro que “La duda es nuestro producto” (este fue explicado en detalle en la memoria de una compañía tabacalera de 1969). El conocimiento no siempre crece, también puede destruirse. 


–¿La fabricación de ignorancia es un fenómeno frecuente? 

–Sí, es bastante común. Uno de los casos más conocidos es el del calentamiento global. Los que niegan su existencia han repetido insistentemente durante años: “No está probado que se esté produciendo, necesitamos más investigación”. Piden mayor precisión, cuestionan los métodos físicos, idean posibilidades alternativas y crean cortinas de humo. Pero lo interesante es que muchas de las personas que están implicadas en esta campaña de desinformación son las mismas que también trabajan para las Big Tobacco –el término peyorativo para hablar de las grandes empresas tabacaleras–.


–¿De verdad? 

–Sí. La industria del tabaco ha desarrollado y perfeccionado durante mucho tiempo las técnicas de fabricación de dudas, que después se han exportado a otros sectores. Hay cientos de empresas que hoy usan estrategias de confusión con la intención de minimizar sus riesgos económicos. Una de sus metas es cuestionar los datos proporcionados por las estadísticas. Y sus estrategias son muy poderosas. 


–¿Qué relación existe entre la ideología y la ciencia?

–Las malas ideologías pueden producir buena ciencia, y viceversa. En mi libro The Nazi War on Cancer (La guerra nazi contra el cáncer), mostré que una ideológia espantosa es capaz de producir ciencia de primera línea. Y en mis estudios sobre los orígenes del ser humano demostré que el antirracismo progre también puede producir muy mala ciencia. Incluso los prejuicios más demenciales pueden contribuir al progreso científico. Por ejemplo, todos pensamos que los nazis estaban locos pero, como sabes, hicieron a veces ciencia extraordinaria, no sólo a pesar de su ideología, sino a causa de ella. Y eso sucede dentro de muchos grupos que se rigen por creencias firmes. Los creacionistas se dieron cuenta muy pronto del engaño del hombre de Piltdown, el descubrimiento en 1912 de la supuesta calavera de uno de nuestros ancestros, que 40 años después se demostró que era un cráneo humano unido a una mandíbula de simio; y eso fue porque, debido a sus prejuicios religiosos, rechazaban que fuese real. 


–¿Qué otros casos recuerda de ciencia de calidad nacida de una ideología cuestionable? 

–Por ejemplo, tendemos a olvidar que el primer vuelo espacial tripulado se produjo en pleno auge del imperio soviético. La arqueoastronomía maya también es interesante. En esta cultura, unas élites supercompetentes crearon una astronomía calendárica que se mezclaba con sacrificios humanos. Es espeluznante. 


–¿Cómo surgió su interés por estos asuntos? 

–Me atrae la combinación de la ciencia con la política y la ética. Hago lo que yo llamo “historia activista de la ciencia”, un tipo de investigación que sirve para analizar tanto los problemas actuales como los del pasado. La historia es útil para denunciar el presente, pero también me gusta usar el presente para desvelar la historia. 


–Parece como si su curiosidad fuera interminable. 

–Me sorprende que la gente no sea curiosa. Me educaron para pensar que la vida consiste en hacerse preguntas constantemente y darse cuenta de que siempre hay más cuestiones por resolver; que lo que conocemos es una parte infinitesimal de lo que podríamos saber. Me interesan los grandes interrogantes, la infinita masa de ignorancia en la que estamos sumergidos. 


–¿Ha seguido usted trabajando sobre el tema del tabaco? 

–He colaborado en una exposición llamada Not a Cough in a Carload –título intraducible que equivaldría a Aquí no entra ni una tos–, que recoge anuncios antiguos sobre el uso médico de los cigarrillos: que eran buenos para una zona del cuerpo, que calmaban los nervios… En aquellos carteles publicitarios se hacían afirmaciones del tipo “los experimentos científicos prueban que la marca A es mejor que la B”, o “20.000 médicos recomiendan Camel”. Para muchos de esos anuncios se empleaban atletas y modelos, y la estética era bellísima. 


–¿Cómo surgió este tipo de márquetin? 

–Lo inauguró la industria tabacalera. Hubo una campaña de propaganda masiva para defender el tabaco a toda costa en contra de la ciencia. Este fenómeno se dio fundamentalmente después de la Segunda Guerra Mundial, aunque hay casos anteriores: en la década de 1920, la industria del plomo comenzó una campaña para suavizar las críticas contra este metal, que estaba casi prohibido en la pintura y la gasolina. Después, en los años 30, Big Tobacco se dedicó a manipular a los consumidores para convencerles de que fumar era natural y una actividad cool. Desde entonces, la aplicación de argumentos científicos al márquetin de manera engañosa ya forma parte de la historia de la publicidad. 


–Usted trabaja en campos muy diferentes. ¿Hay alguna perspectiva común que guíe sus investigaciones? 

–Sigo tres principios emocionales en mi trabajo: el asombro, la compasión y la crítica. Son virtudes de distintas disciplinas que no suelen combinarse. Tradicionalmente, el asombro es propio de las disciplinas científicas. Es genial maravillarse con la grandeza del universo, recuperar la fascinación infantil, sentir el asombro ante Stephen Jay Gould y Albert Einstein. También está la virtud de la compasión, que surge al explorar la historia e interpretar el pasado para comprender la manera en que la gente lo vivió realmente. Yo he escrito dos libros sobre la medicina nazi y mi meta no ha sido sólo condenarla, sino saber cómo presentaron sus ideas y cómo se justificaron a sí mismos. Así les podemos ver como seres humanos completos y entender la profundidad de su depravación. El tercer principio es la crítica, que nos hace ver que ante todo somos humanos, y después, cosmólogos, historiadores o lo que quiera que seamos. Y debemos darnos cuenta de que hay un montón de basura en el mundo. No podemos limitarnos a disfrutar de las maravillas de la naturaleza y apoyar un statu quo en el que cada día mueren millones de personas; como humanos e intelectuales, tenemos el deber de hacer algo al respecto. 


–¿Cree que deberían guiarse otros científicos por estas motivaciones? 

–Yo creo que son buenos principios. Los científicos suelen estar implicados en trabajos muy concretos que son sólo pequeñas fracciones de un gran cuadro. Sus investigaciones se realizan por motivos específicos; por ejemplo, un geólogo se puede dedicar a la búsqueda de nuevos combustibles. Pero es necesario contemplar la escena completa de la realidad, porque cuando se decide financiar un tipo de investigación en vez de otra, se está tomando una opción política y social; es una decisión colectiva sobre lo que queremos considerar importante. 


–¿Por qué nunca ha elegido una especialidad? 

–La especialización puede ser la muerte de la investigación intelectual. Me gusta ver las cosas como un amateur, que significa, literalmente, amante. Si no amas ni odias aquello en lo que trabajas, si no juegas ni bromeas con el objeto de tu investigación, entonces no lo estás tratando de la manera apropiada. Les digo a mis alumnos que si nunca se sienten enfadados, emocionados y absorbidos por el tema de estudio que han elegido, es hora de que escojan otro diferente. 


–¿Es difícil estar siempre separando la verdad de las mentiras? 

–Yo no soy un escéptico, sino un pragmático. Creo que tenemos que vivir en este mundo y no podemos ser hipercríticos con todo, pues eso nos llevará a la locura. La confianza es una parte fundamental del ser humano. Creo en el sentido común de la mayoría de la gente. Aunque también hay mucha ignorancia y sinsentido común… y es casi ilimitado. 

Michael Abrams
Elena Sanz
01/06/2009
 www.muyinteresante.es