sábado, 30 de enero de 2016

¿Condenados a la desigualdad? por Manu Escudero


sociedad libre

Las desigualdades excesivas, popularizadas en torno a la idea de la “sociedad del 1% frente al 99%”, han irrumpido en la agenda pública tanto en España como en todo el mundo desarrollado.
Por supuesto, todas las sociedades albergan algún tipo de desigualdad, y esto es hasta cierto punto positivo, – el corolario de una sociedad libre es una sociedad en alguna medida desigual, en la que hay espacio para opciones personales de promoción social.
Pero lo que se está dibujando hoy son sociedades polarizadas y desintegradas, en las que ha surgido una tendencia a que el 20% que más gana se despegue del 80% restante, y donde el 1% concentra una porción leonina y abusiva de renta y riqueza.
Conviene, de salida, deshacer dos mitos: aunque hay que agradecer enormemente a Oxfam la llamada de atención mundial que ha hecho sobre la desigualdad, a veces ha podido caer en el exceso de afirmar que se trata de una tendencia universal. Y no es así. Las desigualdades excesivas no se están produciendo en todo el mundo, sino, fundamentalmente, en los países más avanzados. En el resto del mundo los aumentos de la renta, que ha progresado de modo espectacular en los últimos 25 años, se han repartido algo más ecuánimemente.
También conviene deshacer otra idea muy extendida: la tendencia a unas diferencias de renta progresivas y exacerbadas  no ha sido causada por la crisis sino que se gestó mucho antes, en concreto desde finales de los años 80 del pasado siglo, – si bien, se ha agudizado hasta el extremo durante la larga crisis.
El gráfico que se presenta a continuación sirve para ilustrar los dos puntos mencionados. Nos muestra el reparto de los incrementos de renta a escala mundial entre 1988 y 2008, en los 20 años previos a la crisis. A pesar de su aparente sencillez, este cuadro esconde una gran elaboración estadística, puesto que resume las ganancias porcentuales acumuladas de renta de todos los habitantes de todos los países, clasificados a partir de los estratos de renta que ocupaban en 1998 (en el eje horizontal).

brankomio

Según sus autores ( http://www.voxeu.org/article/global-income-distribution-1988 Christoph Lakner , Branko Milanovic ) los grandes aumentos de renta favorecieron a dos segmentos. En primer lugar, los ciudadanos situados en torno a la zona media del gráfico, que casi doblaron sus rentas: los “ganadores” son las crecientes clases medias del Asia resurgente (China, Indonesia, Tailandia o India) y algunos países de América Latina.
Por otra parte, los otros grandes “ganadores” fueron las rentas más altas: el 5% de la población mundial contabilizó el 44% del aumento de toda la renta entre 1988 y 2008.
Pero es entre estos dos grupos donde se representa a los “perdedores”, aquellos que o no han visto incrementos importantes de su renta o que la vieron menguar en esos 20 años: se trata de las clases trabajadoras y medias de los países de la OCDE.
La tendencia a una desigualdad exacerbada, que polariza las sociedades desarrolladas se manifiesta al menos de dos formas principales:
  • Una primera tendencia es que los que más renta ganan van aumentando sus ganancias en relación a la mayoría de ciudadanos. Esto es comprobable si observamos la evolución a lo largo de los años de la renta media y de la renta de la mayoría de ciudadanos. Cuando la renta media aumenta más rápidamente que la renta de la mayoría esto significa que los segmentos de renta más alta de la sociedad van ganando terreno en relación al ciudadano normal.
Esa tendencia ya existía antes de la crisis en España: la diferencia entre la renta media y la renta de la mayoría aumentó entre 1995 y 2007 en 21,5%. Y entre 2008 y 2013 esta diferencia creció  otro 23,2%. Se puede decir, por tanto, que las desigualdades ya se estaban fraguando antes y se duplicaron durante la crisis.
Esto no solamente ocurrió en España: desde 1975 se observa la misma tendencia en los EEUU, de modo que, para 2010 la renta media se había alejado 80 puntos respecto a la renta de la mayoría de la población.
  •  Una segunda tendencia consiste en las diferencias de renta entre los ciudadanos normales y los “superstars” se han disparado de modo exponencial. Esto ocurre en campos tan diversos como el arte, la literatura, los deportes, la moda, y por supuesto, los grandes inversores, CEOs y consejeros de grandes empresas.
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 Ya en 2006, es decir, antes de la crisis, cuando el salario medio español era de unos 19.700 euros, la paga de altos ejecutivos superaba en más de 100 veces ese sueldo. La situación se ha mantenido sin variación a lo largo de la crisis y a su salida: si el salario medio de los españoles en 2012 era de 22.700 euros, el salario promedio de un consejero ejecutivo de una gran empresa del Ibex35 ascendía a 2,9 millones de euros anuales, (https://www.cnmv.es/portal/Publicaciones/Informes.aspx ): 126 veces el salario medio español
Una situación similar existe a nivel internacional: los ejecutivos de las empresas englobadas en el FTSE 100 ganaban en 2014 una renta 131 veces la del salario medio en sus compañías  (http://www.hrmagazine.co.uk/article-details/the-evolution-of-executive-pay ). Sin embargo en los años 60 del pasado siglo, antes de que se iniciara la carrera hacia sociedades desiguales, los CEOs ganaban en promedio 40 veces el salario medio.
La aparición de las desigualdades excesivas, y su crecimiento a lo largo de los últimos veinte años, obedece a dos factores que se refuerzan mutuamente.
Por un lado es resultado del modelo económico que se inauguró en los años ochenta, el modelo económico neoliberal, en el que aún estamos inmersos. Sus rasgos han estado en operación y se han profundizado a lo largo del tiempo: la destrucción del poder organizado de los trabajadores, la tendencia a la baja de los salarios, la aparición del “precariado”, la financiarización de la sociedad (por la que el consumo y la inversión familiar se mantienen con el recurso a un crédito abundante, compensando así el descenso en los salarios de la mayoría). Todos estos rasgos explican de modo muy principal la emergencia de la desigualdad en los países desarrollados.
Pero esto se ha visto reforzado por otra tendencia paralela: lo que se ha dado en llamar en el Foro Económico de Davos la “cuarta revolución industrial”, la digitalización económica.
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A decir del informe que ha publicado el Foro Económico Mundial, esta revolución va a significar hasta 2020 la desaparición neta de cinco millones de puestos de trabajo. Sin embargo los efectos de la economía digital son anteriores, y probablemente, no tan tranquilizadores. De acuerdo con un detallado estudio de 702 profesiones hecho en 2013 se concluía que un 47% de los puestos de trabajo actuales en los EEUU estaban en riesgo de desaparecer debido a la digitalización de muchas profesiones rutinizables, cualificadas o no cualificadas (http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf ).
Los efectos de la economía digital van más allá, y explican la aparición de las “superstars” antes mencionada. La digitalización ha transformado los mercados en instantáneamente globales. En ellos, el pago a los de arriba no se relaciona con el desempeño en términos absolutos, sino en términos relativos: se paga a los que están en la cúspide no tanto por su productividad directa, sino porque una pequeña ventaja comparativa respecto a otros posibles candidatos se traduce en beneficios incalculables en los mercados globales. Por ello hemos visto surgir en nuestras sociedades a esos “superstars”.
Las “stock options”, o el pago de directivos en acciones ligadas a la valoración bursátil, fue el primer elemento de los increíbles sueldos de grandes ejecutivos. Esto creó un nuevo mercado, en el que los grandes directivos se comenzaron a cotizar por cifras astronómicas. A partir de ahí, por emulación, los salarios directivos en general se han ido gradualmente despegando de su productividad y el resultado son los excesos que antes hemos señalado y que están contribuyendo muy poderosamente a la creación de sociedades más y más desiguales, donde el 20% prospera y el 80% se estanca.

El escenario actual, donde las clases trabajadoras y medias no progresan, parece que continuará en el futuro. Lo siento, no lo digo yo, sino la OCDE (http://www.keepeek.com/Digital-Asset-Management/oecd/economics/policy-challenges-for-the-next-50-years_5jz18gs5fckf-en#page21 ), que asegura que las desigualdades en renta crecerán hasta 2060 entre un 17 y un 40%. De hecho nos auguran un futuro muy poco optimista: países reconocidos por su justicia social, como Suecia o Noruega se irán pareciendo más a la media de la OCDE, mientras que los países de la OCDE se parecerán más y más, en términos de desigualdades a los EEUU.
Como asegura Paul Mason en su magistral “Postcapitalism: a guide to our future”, habría que concluir diciendo que las generaciones actuales, las más educadas en toda la historia de la Humanidad difícilmente van a aceptar ese futuro de alta desigualdad.

viernes, 29 de enero de 2016

Paul Mason: "El capitalismo ha agotado su capacidad de adaptarse"



Primer plano de Paul Manson CARLOS FRESNEDA


No se sabe qué fue antes, si el analista, si el agitador o si el profesor de música que llegó a ser Paul Mason cuando se lanzó al ruedo económico, antes, durante y después de la crisis, con un pie en Grecia y otro en España, donde asegura haber percibido ese "nuevo espíritu" que ha fraguado en su nuevo libro: Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós). Asegura Mason (editor económico del Canal 4 británico y antes de la BBC) que la esencia camaleónica del capitalismo ha llegado a su punto final. En su opinión, la puya al sistema que ha llevado las riendas del mundo en los dos últimos siglos viene de la mano de la revolución tecnológica que lo está cambiando todo: del modo de producir a la manera de trabajar, de crear valor, de colaborar y de pensar en un mundo en red y sin las viejas jerarquías. es el nombre que Paul Mason ha puesto provisionalmente a ese experimento en "fase beta" que puede acabar cuajando en algo radicalmente nuevo. Siempre y cuando la disfunción económica y política no nos lleven a todos a un escenario bastante distinto y tirando a apocalíptico...

El capitalismo ha mostrado en los dos últimos siglos una gran capacidad de adaptación a los cambios. ¿Qué le hace pensar que esta vez será diferente? 

El capitalismo es efectivamente un sistema complejo y muy adaptativo, pero creo que ha llegado a los límites de su propia capacidad para adaptarse. El factor que a mi entender lo cambia todo es la tecnología de la información, que altera por completo la noción del trabajo. También está alterando la capacidad del mercado para poner precios correctos a las cosas: los mercados están basados en la gestión de la escasez, mientras que la información es abundante... El tercer factor es el ascenso espontáneo de la producción colaborativa, con bienes, organizaciones y servicios que no responden a los dictados del mercado o la gestión jerárquica. El mayor producto de información en el mundo es la Wikipedia, que está hecho por 27.000 voluntarios gratuitamente y que ha acabado con la industria de las enciclopedias y con un mercado de publicidad de más de 3.000 millones de euros. En el futuro vamos a ver más disrupciones al estilo Wikipedia que al estilo Facebook. Pero hay gente que piensa que modelos como Uber (contratar coches con chófer vía internet) o Airbnb (para alojamiento entre particulares) son el capitalismo de siempre con un nuevo disfraz. ¿Acaso el sistema no ha cooptado (reclutado, asimilado...) ya a lo nuevo que emerge? El mecanismo de autodefensa del capitalismo es la formación de monopolios, pero no van a durar porque nos estamos acercando al límite. Desde los tiempos de Marx, el capitalismo se ha enfrentado a su propia contradicción: cuanto más automatizas, menos mano de obra necesitas. Si quitas a la gente del proceso de producción, puede ser bueno para el proceso de producción, pero la sociedad va a necesitar dos cosas: a) buscar otro empleo para toda esa mano de obra, y b) crear nuevas necesidades, nuevos productos, nuevas industrias que permitan una adaptación del capitalismo a un nivel más alto. Eso es más o menos lo que ha venido sucediendo desde la revolución industrial. Así surgieron de la noche a la mañana colosos como Victor, la compañía que rompió moldes con las grabaciones acústicas y vendió un cuarto de millón de discos a primeros del siglo XX. Pero en la era la información la ecuación cambia, porque la necesidad de trabajo manual se reduce, y existe una separación creciente entre la propiedad y el control, y no quedan muchos más filones para seguir explotando con la clásica mentalidad capitalista... La tercera revolución industrial irá más allá de las relaciones sociales que crea el capitalismo y acabará cuajando en todo caso en una sociedad de redes. El capitalismo ha agotado su capacidad de adaptarse a los cambios y tiene que dejar paso a otra cosa.

Una transición larga 

¿Y cómo llamamos a eso nuevo que surge? ¿Llamarlo "postcapitalismo" no es acaso una manera de devaluarlo o de reconocer que aún no tiene forma?

Postcapitalismo tiene en cierto sentido una connotación negativa, desde el momento que implica dejar atrás el sistema anterior. La transición será larga, de varias décadas quizás, y lo que venga después está tomando aún forma, así que mejor llamarlo de un modo no concreto. Mi libro no es un plan, en todo caso el proyecto de un plan. ¿El Proyecto Cero? Lo he llamado así con doble intención, porque estamos aún en el punto de partida y en fase experimental. Creo que avanzamos efectivamente hacia eso que Jeremy Rifkin ha llamado una "sociedad de coste marginal cero" que va a crear un nuevo paradigma económico en el que muchas cosas serán gratis o costarán poco. Pienso que otra de las metas tiene que ser la creación de un sistema energético de emisiones cero y basado en las renovables. Y creo por último en la reducción de las jornadas laborales a algo próximo a cero... Si nos quitan el trabajo las máquinas, ¿qué es lo que hacemos y cómo nos ganamos la vida? La naturaleza del trabajo está experimentando una gran transformación. El trabajo ha dejado de ser ya lo que nos define, como definía al trabajador de la fábrica a principios del siglo XX o al oficinista de los años 50 que juraba fidelidad a su empresa. Se puede ver claramente ese cambio de actitud hacia el trabajo en los millennials [los nacidos desde 1981 al 2004], incluso en situaciones de gran desempleo como la que está viviendo España. La gente de 20 años tiene ahora un espíritu emprendedor que no teníamos en nuestra generación. Son conscientes de que van a vivir peor que sus padres, que no van a tener estabilidad, que se enfrentan a un futuro incierto, pero están experimentando y buscan en todo caso una utopía basada en la identidad y no en el trabajo. Los millennials tienen un fuerte sentido de la individualidad: el sentido de la colectividad lo buscan en las redes. Son como nodos que se apoyan para intentar hacerse más fuertes en medio de una gran incertidumbre.En su Proyecto Cero usted rompe una lanza por la Renta Básica, considerada aún como un tabú por la mayoría de los partidos políticos... Es curioso porque la idea de "una paga básica incondicional para todos" ha surgido alternativamente tanto de la derecha como de la izquierda en las últimas décadas. Yo propongo la Renta Básica como una solución temporal, que va a ser necesaria para formalizar la separación entre trabajo y salario y para "socializar" los costes de la automatización y compensar la precariedad laboral. Pero la transición de la que yo hablo va a erosionar la economía de mercado, y va a dificultar que se recaude suficiente dinero en impuestos como para pagar la Renta Básica a toda la población. El objetivo será lograr que al final del proceso de automatización, muchas cosas sean o muy baratas o gratis: del agua a la electricidad.

En plena experimentación 

¿Y cuánto tardará en cuajar esa transición? 

La experiencia del siglo XX me hace sentirme un poco frustrado, la verdad. Hemos pasado décadas poniendo metas y dejándolas pasar. El cambio de modelo energético, por ejemplo, lo hemos aplazado hasta que hemos llegado a esta situación límite que está creando el cambio climático. No puedo decirlo, pero cuando tratamos con grandes sistemas humanos, siempre hay un gran elemento de imprevisibilidad. Estamos ahora en plena experimentación, en fase beta, y es difícil predecir qué saldrá de todo esto. Usted habla del advenimiento de un "nuevo espíritu" como palanca de esa transición. ¿Dónde está ese "nuevo espíritu"? Pienso que ese nuevo espíritu está ya aquí con nosotros ¿Cómo se puso si no en marcha Wikipedia? De acuerdo con la economía convencional, algo así no debería haber tenido éxito en la economía capitalista. Jimmy Wales [fundador de Wikipedia] no ha actuado como un homo economicus, y ha demostrado, sin embargo, que hay otra manera de crear valor sin buscar a toda costa el beneficio. Yo he palpado este espíritu en Grecia y en España, donde están surgiendo modelos de autogestión e iniciativas de economía social que algún día serán algo más que meras alternativas marginales. Y veo ese nuevo espíritu en las nuevas generaciones, en mi propia ahijada de 12 años que es una nativa digital y podrá usar la tecnología de una manera infinitamente más creativa de lo que yo nunca seré capaz.

El "wikiestado 

"Usted habla también del advenimiento del «WikiEstado». ¿Utopía o realidad? 

Lo tenemos a mano y no podemos desperdiciar esa oportunidad. En la transición que vamos a vivir, el papel de Estado como gesto es fundamental, tanto a nivel local como a nivel nacional. Hay que evitar que la transición caiga en manos de los banqueros y de la elite financiera y económica. Hay que innovar desde las instituciones y desde los ayuntamientos, y creo que en España hay en este sentido una buena oportunidad con el ascenso de partidos como Podemos o Barcelona En Común. Hemos dejado hasta el final la cuestión política. En países como el Reino Unido el neoliberalismo campa a sus anchas. Tras lo ocurrido en Grecia, se habla también de cómo la izquierda puede ser cooptada por el sistema. ¿Hasta qué punto la sociedad está preparada para un cambio radical? Yo viví desde muy dentro todo lo ocurrido en Grecia, y no aspiro ni mucho menos a asesorar desde aquí a Podemos. Soy de los que piensan que para cambiar las cosas hay que querer ganar, pero entiendo que el país del Opus Dei no se puede hacer «postcapitalista» de la noche a la mañana. Esta transición va a llevar su tiempo y hay que tomar posiciones para los grandes cambios sociales que se avecinan, pero el hambre de poder puede pasar factura.Usted habla en su libro de dos salidas posibles a esta crisis social que ha venido después de la crisis económica. Una es el agotamiento del actual sistema en 10 o 20 años y la transición. Y el otro es un escenario apocalíptico como el de los años 30. ¿Cuál cree que es más probable?Me preocupa el futuro, tengo que reconocerlo. Y las analogías con los años 30 [del siglo pasado], después del crack del 29, son por desgracia bastante evidentes, como vemos en el ascenso del populismo y del fascismo en algunos países europeos. En el Reino Unido, aunque me pese reconocerlo, teníamos un líder laborista como George Lansbury, pacifista y defensor de la justicia social, con el mismo perfil que Jeremy Corbyn... Las contradicciones objetivas del sistema se pueden exacerbar masivamente. Por un lado tenemos la elite financiera, velando por el orden económico desde lugares como Davos y Jackson Hole, y prometiendo que todo volverá a ir bien. Y por otro lado tenemos los problemas geopolíticos que nuestros líderes no son capaces de resolver, como la situación explosiva de Oriente Medio y el hecho de tener a Rusia y a Estados Unidos bombardeando el mismo país [Siria] y sin comunicación entre ellos. Y entre uno y otro, graves problemas como la crisis de los refugiados y la presión social creciente en Europa. Mi miedo es que la disfunción económica acabe colisionando con la disfunción internacional y geopolítica, y que el caos social ponga en riesgo todo esto que está surgiendo.

Publicado por CARLOS FRESNEDA en EL MUNDO

jueves, 28 de enero de 2016

LA TIERRA ES NUESTRA. cortometraje



Cortometraje de ACSUD Las Segovias realizado por Carlos Alvarez Zambelli. En el marco de la campaña “La Tierra es Nuestra”.
Fecha del vídeo 6 octubre de 2009

miércoles, 27 de enero de 2016

¿Poscapitalismo? Hacia una economía alternativa y solidaria

Foto: Mercado Social de Madrid.
Foto: Mercado Social de Madrid.
Frente al neofeudalismo del capitalismo radical, la economía de las personas. En una nueva entrega de ‘Sitios de Paso’, Ana Esteban recuerda su visita al Mercado Social, organizado en Madrid por la Red de Economía Alternativa y Solidaria, y su encuentro con Muhammad Yunus, ‘el banquero de los pobres’. Y extrae pruebas de que muchas personas ya están buscando vías alternativas a nuestra dependencia de un sistema gobernado por la opacidad de las grandes finanzas. Cooperativismo, solidaridad, sostenibilidad ambiental, consumo responsable. ¿Primeros pasos del poscapitalismo?
Pensándolo bien, muchas de las cosas que nos ocurren, la mayoría de nuestras preocupaciones o problemas cotidianos, tienen relación con la economía. Y sin embargo, al pronunciar la palabra ECONOMÍA, así, en mayúsculas, acuden a la mente (al menos a la mía, mal dotada para las cuestiones mercantiles) imágenes y conceptos abstractos con un ligero matiz amenazante: entramados financieros, corporaciones gigantes, oscuros rascacielos, especulaciones bursátiles. También aparece la palabra estafa. Y todo eso tan pomposo que sale en los noticiarios donde la economía va bien, aunque luego en la calle la gente busque su economía en los contenedores de basura. El desastre griego ha venido a iluminar con su desgarro lo que ya vislumbrábamos desde nuestra propia crisis: nuestras decisiones, la voluntad y los deseos con los que queremos organizar nuestras sociedades son solo combustible para el motor de las grandes finanzas, porque nuestra economía deshumanizada desemboca en una política inhumana. La economía, esa asignatura que ahora cursan nuestros hijos en la escuela, ya no es la “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales” (DRAE), porque hace ya mucho tiempo que la economía no se ocupa de nuestras vidas sino solo de la suya.
Hace más de diez años entrevisté para el dominical de un diario a Muhammad Yunus, el economista bangladesí inventor de los microcréditos y fundador del Banco Grameen, el banco de los pobres. Me contó cómo en 1975, cuando dirigía el Departamento de Economía de la Universidad de Chittagong, recorría con sus estudiantes las aldeas obsesionado con la idea de acabar con la pobreza que asolaba el país. Lo primero que observó era que los más pobres no tenían acceso a créditos bancarios o vivían bajo el yugo de prestamistas que subían año a año sus desorbitados intereses, lo que les impedía salir de su penosa situación. Y se le ocurrió que esas personas solo necesitaban poder iniciar una actividad de subsistencia –por ejemplo, comprando una vaca-, aunque para ello tenían que obtener algo de dinero mediante la concesión de un pequeño préstamo. El problema era que la única garantía con la que contaban sería su buena fe para devolverlo cuando las cosas les fueran mejor. ¿Qué banco les ayudaría? Ninguno, claro. Así que comenzó él mismo un ensayo sobre sus teorías: prestó unos pocos dólares a un grupo de mujeres para que pudieran comprar las materias primas con las que fabricaban artesanías para después venderlas. Siete años después, el resultado de su experimento había impulsado un banco autónomo cuyo revolucionario sistema de pequeños créditos a muy bajo interés eliminaba la necesidad de garantía, lo que permitía a sus clientes superar holgadamente el umbral de la pobreza y devolver sus préstamos en un 95% de los casos. Luego, pese a la resistencia de las grandes entidades bancarias, el método Grameen se fue extendiendo por todo el mundo, y su creador fue obteniendo importantes reconocimientos internacionales hasta ser galardonado con el Nobel en 2006.
En su libro autobiográfico Hacia un mundo sin pobreza, Yunus relata emocionantes casos concretos que demuestran cómo los microcréditos cambian la vida de la gente, y reflexiona acerca de nuestro modelo económico. Habla de una economía que incite a los hombres a explorar sus propias posibilidades, y a no suponer que sus capacidades son limitadas. Los microcréditos fomentan la economía individual y el autoempleo, y dan otra vuelta de tuerca al sistema económico tradicional donde las personas son solo meros consumidores o trabajadores, y los empresarios individuos con otro estatus (quién no ha tenido un jefe). Yunus estaba convencido de que si quieren, los gobiernos podrían acabar con la lacra de la pobreza. Para erradicar la pobreza hay que tomar medidas más globales y profundas que las necesarias para la simple creación de empleo. El trabajo no salva a los pobres, sino el capital unido al trabajome dijo en la entrevista. Corría el año 2002, y cuatro años antes Jim Wolfensohn, entonces presidente del Banco Mundial, había declarado que su misión era crear un mundo sin pobreza y reducir a la mitad el número de personas que vivían en la miseria –con menos de un dólar al día- antes de 2015. O sea, hoy. Pero hoy los ricos son más ricos y los pobres cada vez tienen menos. Hay millones de desplazados, conflictos, desastres y hambrunas que hacen aumentar escandalosamente las cifras de marginados y demuestran que nuestros sofisticados mecanismos económicos no las tienen en cuenta ni sirven para paliarlas. En nuestro entramado financiero, las personas que sufren acaban siendo solo estadísticas.
Aquí en España hay una Red de Economía Alternativa y Solidaria que nació en 1995 como respuesta experimental a la creciente deshumanización de la economía, y que acoge hoy a más de 300 entidades y empresas en nuestro país involucradas en proyectos cooperativos y solidarios. Buscan fórmulas que tratan de resolver las necesidades sociales, apartándose del modelo económico globalizado de competencia salvaje que hasta el Papa, en una declaración reciente, ha calificado de sistema financiero que ahoga la economía real. Uno de sus métodos es contemplar el consumo como un factor de cambio, y promover los mercados sociales como el que se celebró en Madrid hace un par de meses bajo el lema “La economía cambia, la cambias tú, por donde pasé en un sábado caluroso. Allí, entre los participantes, había cooperativas agrícolas, pequeños productores de alimentos y cosmética ecológica, viajes en bici, asesorías de alternativas económicas, academias de idiomas, seguros; había actividades y mesas redondas sobre nuevos modelos empresariales y cooperativos, sistemas de financiación, modelos de emprendimiento, procesos productivos, inserción sociolaboral y desarrollo de nuevas formas de energía. Había una increíble actividad en torno a la idea de una economía alternativa, más humana, que cambie nuestra forma de producir y consumir, y cuyos supuestos y compromisos ya vi materializados en lugares como Zarzalejo.
Aquel día pagué algunas compras con boniatos, la moneda social de Madrid, que se podía cambiar por euros al llegar o al marcharte. Charlé con algunos expositores como Charo y Pilar, que cosieron pantalones durante años en la fábrica Rok hasta que cerró, llevándose por delante sus puestos de trabajo. Igual que miles en la misma situación, tuvieron que reinventar –ese tonto eufemismo- su vida, y formaron cooperativa para hacer dulces y trufas de chocolate según la receta de un americano al que conocieron en medio de su debacle. Un par de puestos más allá, Aída exponía cuadernos diseñados a partir de viejos discos de vinilo, fabricados en los talleres donde enseñan a aprovechar materiales de desecho a personas desempleadas y sin recursos –en un doble reciclaje, según sus palabras-, que además participan en los beneficios de la venta. Imar y Raúl, con algunos educadores más, formaban una cooperativa audiovisual que utiliza el cine como herramienta educativa y terapéutica. Uno de sus más emocionantes proyectos había sido el apoyo psicológico a mujeres maltratadas, que al contar sus historias ante la cámara las convertían en material de montaje, y podían observarlas desde fuera como simple material narrativo.
Para recuperar la dimensión social de la economía parece esencial un aprendizaje que modifique nuestras inercias de consumo y la dependencia de las fuentes de energía tradicionales. Las iniciativas que vi en el mercado tenían esta consigna, y las personas con las que hablé insistían en ello. A Primi y Rocío las conocí hace un par de semanas en el mercadillo de artesanías y productos ecológicos como mermeladas y vino, que se celebraba en el jardín de una casa de la sierra madrileña. Exponían y vendían en un pequeño perchero ropa de segunda mano, que según me dijeron usaban además para coser conciencias, para mostrar el revés del mundo de la moda mediante campañas de reciclaje y charlas en colegios e institutos donde hablan a los chavales de la cantidad de prendas que tiramos, de estereotipos publicitarios, explotación laboral, estéticas y cánones imposibles que llevan a la anorexia. En ese mercadillo improvisado a modo de cooperativa privada también conocí a Mario y Elena, arquitectos argentinos en paro protagonistas de una sorprendente historia de amor, que en vez de hacer casas elaboran hoy empanadas y tartas. Y a David y Luciana, que trabajan mano a mano un huerto cooperativo en las afueras de Madrid, con el que prosperan poco a poco surtiendo de verduras ecológicas a particulares y restaurantes.
Estas historias pueden parecer anecdóticas, pero son la prueba de que muchas personas ya están buscando vías alternativas a nuestra dependencia de un sistema gobernado por la opacidad de las grandes finanzas, y ayudando a otros a encontrar la manera de hacerlo: cooperativismo, solidaridad, sostenibilidad medioambiental, consumo responsable. Quizá podamos ir cambiando las leyes feudales del sistema global por una economía positiva que sea la consecuencia de nuestra actividad sobre el planeta, y no la causa de nuestra existencia. Cambiar el sistema, poco a poco, hacia una economía real, transparente y humana. ¿PoscapitalismoQuizá ya está pasando, aunque aún no sea noticia en las páginas salmón de nuestros diarios.
Para terminar aquella entrevista le pregunté a Yunus si tenía esperanza en un futuro distinto, lo que me hace volver de nuevo la vista a Grecia con melancolía. Su respuesta fue extremadamente optimista y, para una europea como yo, halagadora; supongo que igual que él, por aquel entonces también esperaba una Europa unida y solidaria como paradigma del desarrollo económico, cultural y social de sus ciudadanos. “Tengo una fe absoluta en el destino final de la humanidad”, me contestó. “Con todos los conflictos, los errores de la justicia, la violencia cotidiana y la sinrazón, la humanidad emergerá para crear un modelo correcto de sociedad. Igualdad, justicia social, compañerismo entre todas las personas y derechos humanos para hombres y mujeres se verán firmemente establecidos: en vez de un mundo dividido será un mundo sin distancias, sin fronteras, libre de pobreza. Miren Europa; contemplando sus logros obtenemos una tremenda inspiración para el futuro. Europa es una realidad hoy. El nuevo mundo será una realidad mañana si mantenemos la fe en él y trabajamos duro para alcanzarlo”.

Publicado por Ana Esteban en EL ASOMBRARIO & CO

domingo, 24 de enero de 2016

Sin agua no hay salida a la pobreza


Jóvenes paquistaníes transportan cántaros durante un atardecer en Lahore (Pakistán) / ARIF ALI (AFP)


Sin agua no hay salud. Ni educación. Ni igualdad entre sexos. Puede alguna de estas relaciones no ser obvia, pero todas existen. La primera es quizás la más clara: la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que por cada dólar invertido en suministro de agua potable se ahorran entre 3 y 34 en sanidad. Las horas que pasan los menores transportando este líquido en lugar de ir a la escuela explica la segunda. El hecho de que sean las mujeres las que suelen cargar con el peso de proveer a sus comunidades tras interminables recorridos en busca de pozos o ríos aclara la tercera. Y son solo tres ejemplos: agricultura, energía, nutrición, mortalidad infantil tienen una estrecha relación con el agua. Sin ella no hay desarrollo ni salida a la pobreza.


Todavía quedan en el mundo 760 millones de personas que no tienen acceso a agua potable. Representan algo más de un 10% de la población del planeta. No es una cifra despreciable, pero hace solo 15 años eran más del doble. Con ello, la meta que se planteó la ONU dentro de los Objetivos del Milenio se ha cumplido. No así en cuanto al acceso a saneamiento: 2.500 millones carecen de él. Unicef y la OMS resumen los próximos retos en cinco propuestas: nadie debe defecar al aire libre (en 2011 todavía lo hacían 1.000 millones de personas); todos deben disponer de agua potable, saneamiento e higiene en el hogar; esto también debe suceder en todas las escuelas y centros de salud; las instalaciones deben ser sostenibles; las inequidades en el acceso han de ser eliminadas. Lo que no es tan evidente es la vía para realizarlas. La ONU está preparando los objetivos post 2015, que marcarán la agenda del desarrollo humano hasta 2030. El acceso al agua es uno de los candidatos a estar entre la decena de metas que conseguir, pero también puede quedarse fuera, disperso entre otras, ya que es transversal a muchas como las antes mencionadas.

España, que participa en la elaboración del borrador que se presentará en la ONU el próximo julio sobre la agenda post 2015, es uno de los países que presiona para que el agua sea uno de los objetivos medibles, con entidad propia. El secretario de Estado de Cooperación Internacional, Gonzalo Robles Orozco, que ha participado esta semana en el Tercer Encuentro de la Gobernanza del Agua de la OCDE en la Casa de América de Madrid, explica que la posición del Gobierno: "El acceso a agua limpia es un derecho humano y ha de ser reconocido como tal. Parece que vamos por el buen camino. Y todo hace pensar que está al alcance de la mano que en 15 años todo el mundo tenga acceso a agua en condiciones de salubridad. El reto es la gestión de los residuos".

El saneamiento no es un problema menor. Conseguir llevar agua a cualquier rincón del planeta puede convertirse en un esfuerzo inútil si los desechos que generan sus habitantes la contaminan. "Si se llevan 100.000 litros a una población, deben de salir después por algún lado", ejemplifica Marco Antonio Fortín, presidente de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados de Ecuador, país, como la mayoría de los de su región, que trabaja para tratar las aguas negras que se generan sobre todo en las zonas rurales creando problemas de salud para sus poblaciones. En ocasiones, fatales.

El problema del saneamiento es doble: por un lado requiere de infraestructuras más complejas; por otro, las inversiones son menos visibles, según Aziza Akhmouch, directora del programa de Gobernanza del Agua de la OCDE: "Cuando un político, un alcalde, por ejemplo, lleva agua potable a una población donde no la había, el reconocimiento es inmediato y el rédito, también. El saneamiento es una segunda etapa más complicada de implementar pero que tiene un gran impacto, ya que su ausencia contamina los acuíferos y también repercute en la salud de las comunidades". Akhmouch no es tan optimista como Robles Orozco con respecto a conseguir agua salubre universal en 15 años. "El reto debe ser ambicioso, porque aunque haya regiones del planeta donde no se pueda conseguir, en muchas otras seguramente sí, y será un incentivo para todas ellas. Pero debemos tener en cuenta que las zonas que no gozan hoy de suministro son precisamente aquellas donde es más difícil llevarlo", explica.

Junto a España, otros 56 países han firmado a favor de que el agua sea un objetivo y un total de 94 ya están alineados en esta meta. Esto hace el propio Robles Orozco y la comunidad del agua en general, como se autodenominan los actores que participaron en el foro (ministerios, agencias públicas y privadas, asociaciones, fundaciones y otros organismos que trabajan en este ámbito), sean moderadamente optimistas con respecto a que la ONU lo convierta en uno de los objetivos prioritarios para 2030. Gérard Payen, presidente de AquaFed (la federación de operadores privados de agua), es uno de ellos: "Hay muchos objetivos que conseguir y todos son muy importantes: seguir reduciendo la mortalidad infantil, mejorar la salud, reducir la pobreza. Mucho de lo que hay detrás de ellos se soluciona con agua salubre, por eso considero que no debe quedar difuminado dentro de otras metas".

¿Tiene tanta importancia que sea un objetivo individual? La opinión de esta comunidad del agua es casi unánime. "El acceso al agua es un prerrequisito para todos los indicadores del desarrollo. Y se debe abordar individualizadamente, porque si estás en todos, no estás en ninguno", insiste Tom Soo, director de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos. Menos tajante es Akhmouch, quien explica que para la OCDE, independientemente de cómo se plantee su abordaje, lo fundamental es que todos los países estén al tanto de la importancia que tiene la política hídrica para el progreso. "Tenemos que concienciarlos de que no se puede reducir la pobreza sin agua, que influye en la agricultura, la energía, los movimientos migratorios. Es el centro del desarrollo", explica. Sea un objetivo prioritario o no, lo que tiene claro la organización es que resulta imprescindible cambiar el modelo con el cual nos relacionamos con el líquido elemento: "Debemos convencer a los usuarios de que hay que pagar por el agua que consumen. Tiene un coste, no puede ser gratuita. Para llegar a ello, es clave involucrar a los usuarios, los gobiernos han de desarrollar comunicación política adecuada".


Una mujer india carga con un cubo de agua enfrentándose al viento y la arena junto al río Brahmaputra, en Gauhati, India. / ANUPAM NATH (AP)

En la información de los usuarios y el coste del agua hacen también mucho hincapié Fuad Bated, consejero de la división de Agua de la Unión para el Mediterráneo y Anthi Brouma, del Global Water Partnership, agencias ambas que trabajan principalmente asesorando en asuntos hídricos a los países del norte de África y del sur de Europa. "Los Estados tienen dificultades para encontrar los recursos económicos suficientes para implementar políticas de agua apropiadas. Una de las soluciones es involucrar al sector privado, pero puede ser complicado, porque es necesario un marco regulatorio que funcione bien, cada actor ha de tener muy claro su papel. Esto no quiere decir que promovamos la involucración de las empresas, simplemente proponemos que se analicen los pros y contras, las oportunidades y los retos", explica Brouma. Su colega añade que la información prestada a los usuarios es crucial: "En la región mediterránea la población demanda que los gobiernos estén incluidos en los procesos. Ellos saben que es financieramente difícil, por lo que probablemente es bueno que haya empresas privadas involucradas".

Esto no es un canto a la privatización del agua, según sostienen ambos asesores: "Es un método que ha sido usado en muchos lugares del mundo con algunos éxitos y muchos fracasos. Se trata de que cada Estado tome las soluciones más adecuadas gracias a la experiencia de los demás". En este sentido, la OCDE recuerda que solo el 10% del planeta consume agua privatizada. "Nuestro papel es que los países tomen decisiones informadas. Si privatizan, que lo hagan bien. Por eso ofrecemos un guía con 24 principios que deberían tener en cuenta a la hora de gestionar sus recursos hídricos. No se puede pensar que por privatizar, el Estado se desentiende, es necesario que garantice el suministro y que regule de una forma adecuada", añade Akhmouch.

Porque la gobernanza casi tan importante como la propia abundancia o escasez del líquido en muchos territorios. En Latinoamérica, sobre todo, los hay con generosas precipitaciones y una acuciante falta de acceso. Los ángulos para abordar este tipo de problemas son muchos. Las infraestructuras resultan importantes, pero como subrayan los expertos consultados en el foro, no suficientes. En España hay un ejemplo muy claro: las desaladoras financiadas con presupuestos comunitarios por unos 1.500 millones de euros funcionan a menos del 20% de su capacidad. La planificación adecuada para los recursos, el empoderamiento de las comunidades donde se toman decisiones o un marco regulatorio adecuado son actuaciones complementarias e igualmente necesarias para solucionar los problemas de falta de acceso al agua.

Avances y retos hidrológicos

Un informe de la OMS y Unicef publicado en 2013 hizo una radiografía de los problemas del agua en el mundo. Estas fueron sus principales conclusiones:
  • Casi dos tercios de la población mundial tenía acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento, casi 1.900 millones de personas más que en 1990.
  • 2.500 millones de personas carecían de acceso a servicios de saneamiento mejorados. De estos, 761 millones usan servicios de saneamiento público o compartido, y 693 millones instalaciones que no cumplen las normas mínimas de higiene.
  • En 2011, 1.000 millones personas todavía defecaban al aire libre. El 90%, en zonas rurales.
  • A finales de 2011, el 89% de la población mundial utilizaba una fuente mejorada de agua potable, y el 25% tenía una red de agua corriente en el hogar. Esto indica que alrededor de 768 millones de personas carecen de fuentes mejoradas de agua potable, de las cuales 185 millones dependen de las aguas superficiales para sus necesidades diarias.

“El agua virtual es tan importante como los trasvases”

El director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, Ramón Llamas, se indigna cuando en los foros internacionales sobre agua, como el encuentro de la OCDE que se ha celebrado esta semana en Madrid, no se tiene en cuenta un concepto clave para él: el líquido virtual; es decir, el que se necesita para la producción de cualquier producto. 

Pregunta. ¿Por qué es tan importante tenerlo en cuenta?
Respuesta. La mayor parte del agua se usa para producir cosas con muy poco valor, como trigo o algodón. Eso hace 20 o 30 años era necesario porque todo país tenía que ser autosuficiente en alimentación básica. Hoy no. Un ejemplo son los kiwis. La mayoría vienen de Nueva Zelanda. Esa fruta llega de las antípodas porque el transporte es rápido y barato. De lo contrario, no la comeríamos.
P. ¿Propone redistribuir el agua por medio de los alimentos? 
R. Exacto, es un concepto básico, importantísimo que puede cambiar la política del agua en el mundo. Jordania, Israel y el norte de África no podrían vivir con su propia agua, sino importando alimentos. En España la industria ganadera, que es bastante importante, no podría subsistir solo con agua española. Se importan piensos, sobre todo de Argentina y de Brasil. Vivimos de la lluvia de esos países. 
P. ¿Por qué cree que algunos foros no tienen en cuenta el agua virtual?
R. No se entiende. Temo que hay gente que vive de sembrar esta catástrofe de la escasez. 
P. ¿Cómo se ha de tener en cuenta el agua virtual a la hora de la planificación?
R. Por ejemplo, en España la cuenca del Segura no puede planificar sin tener en cuenta trasvase del Tajo. Hoy día esta conexión es planetaria. El agua virtual tiene un papel tan importante como los trasvases. Un problema de escasez permanente o temporal se resuelve en gran parte con comercio de alimentos. Eso mucha gente no lo quiere admitir. 
P. ¿Cómo se articula esta solución?
R. La falta real de agua es un problema ético. Ocurre que las reglas del comercio internacional son poco justas y poco solidarias. No seamos hipócritas, legislemos en este ámbito. Me decía no hace mucho un agricultor de Murcia: “Mis problemas van a ser los ajos y las cebollas de China”. El comercio internacional es factor muy importante a tener en cuenta desde todos los puntos de vista.
P. ¿Las infraestructuras son secundarias, entonces?
R. Para mí es curioso que España vanaglorie de ser el cuarto país del mundo en grandes presas, es un absurdo. No hacían falta tantas. Hemos perjudicado nuestros ríos. Las infraestructuras son necesarias en muchos lugares, pero no es la única solución, aunque es la que más interesa a las empresas constructoras. El mundo ha cambiado, se puede hacer un enfoque muy distinto.

viernes, 22 de enero de 2016

62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial


A pesar de que los líderes mundiales hablan cada vez más de la necesidad de abordar la desigualdad y en septiembre fijaron un objetivo mundial para reducirla, la realidad es que la brecha entre los más ricos y el resto de la población ha aumentado de manera drástica a lo largo de los últimos doce meses. La predicción que Oxfam realizó antes de la reunión de Davos del año pasado, de que en poco tiempo el 1% poseería más riqueza que el resto de la población mundial, se ha cumplido en 2015, un año antes de lo esperado.
Oxfam hace un llamamiento para que se tomen medidas urgentes contra la crisis de la desigualdad extrema, que pone en peligro todo el progreso realizado a lo largo de los últimos 25 años en la lucha contra la pobreza. Como prioridad, la organización pide que se acabe con la era de los paraísos fiscales, cada vez más utilizados por las personas ricas y las grandes empresas para evitar pagar los impuestos que les corresponden de manera justa. Como resultado, los Gobiernos se han visto desprovistos de unos recursos esenciales para abordar la pobreza y la desigualdad.
Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, y que acude de nuevo a la reunión de Davos tras haberla copresidido el año pasado, afirma: “Simplemente no podemos aceptar que la mitad más pobre de la población mundial posea la misma riqueza que un puñado de personas ricas que cabrían sin problemas en un autobús”.

“La preocupación de los líderes mundiales sobre la creciente desigualdad todavía no se ha materializado en medidas concretas para contrarrestarla. El mundo es mucho más desigual, y la tendencia ascendente de la desigualdad se está acelerando. No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre mientras que las élites económicas absorben los recursos que podrían ayudar a estas personas a salir de esa situación.”

"Reto a los Gobiernos, empresas y élites presentes en la reunión de Davos a que hagan lo que deben para acabar con la era de los paraísos fiscales, que está exacerbando la desigualdad económica e impidiendo que cientos de millones de personas puedan salir por su propio pie de la pobreza. Las empresas multinacionales y las élites económicas juegan con unas normas distintas al resto, y rehúsan pagar los impuestos necesarios para que la sociedad funcione adecuadamente. El hecho de que 188 de las 201 mayores empresas estén presentes en al menos un paraíso fiscal es un indicador de que es hora de actuar."

En 2015, los Gobiernos del G20 decidieron tomar medidas, a partir del acuerdo del proyecto BEPS, para reducir la evasión y elusión fiscal de las multinacionales. No obstante, estas medidas apenas ayudarán a los países más pobres e ignoran en gran medida el problema de los paraísos fiscales.
Se estima que, en todo el mundo, hay un total de 7,6 billones de dólares de patrimonio financiero individual ocultos en paraísos fiscales. Si se tributaran los beneficios que esta riqueza genera, los Gobiernos recaudarían 190.000 millones de dólares más al año.
Se calcula que hasta el 30% del patrimonio financiero de África se encuentra en paraísos fiscales, lo que supone una pérdida fiscal estimada de 14.000 millones de dólares al año para los países africanos. Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria a madres y niños, lo cual podría salvar la vida de cuatro millones de niños al año, y permitiría contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.
Nueve de cada diez socios estratégicos del Foro Económico Mundial están presentes en al menos un paraíso fiscal, y se estima que los países en desarrollo pierden cada año al menos 100.000 millones de dólares como consecuencia de la evasión y elusión fiscal por parte de las grandes empresas. La inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado casi por cuatro entre 2000 y 2014.
Para que los líderes mundiales alcancen el objetivo que asumieron en septiembre de erradicar la pobreza extrema para 2030, es fundamental que los Gobiernos puedan recaudar los impuestos que las grandes empresas y las personas ricas deben pagar.
Si bien entre 1990 y 2010 se redujo a la mitad el número de personas que viven en situación de extrema pobreza, los ingresos medios anuales del 10% más pobre de la población mundial han aumentado en menos de tres dólares en el último cuarto de siglo; es decir, sus ingresos diarios han aumentado menos de un centavo al año.
Si la desigualdad dentro de los países no hubiese aumentado entre 1990 y 2010, otros 200 millones de personas habrían salido de la pobreza.
Una de las principales tendencias que subyacen a esta creciente desigualdad que pone de relieve el informe de Oxfam es la reducción de la participación de los trabajadores en la renta nacional en prácticamente todos los países más avanzados y en la mayoría de los países en desarrollo, y el hecho de que la brecha salarial entre las personas con mayor y menor remuneración es cada vez mayor. A su vez, la mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres.
Por el contrario, las personas que ya eran ricas han visto cómo su capital ha ido creciendo de forma constante (a través del pago de intereses, dividendos, etc.) a un ritmo significativamente más rápido que el crecimiento de la economía. Esta ventaja se ha visto todavía más acentuada debido al uso de paraísos fiscales, los cuales son uno de los mayores ejemplos expuestos en el informe de cómo se han manipulado las reglas que rigen la economía global para reforzar la capacidad de los más ricos y poderosos de concentrar más riqueza.
Oxfam hace un llamamiento para actuar contra los paraísos fiscales como parte de una triple estrategia para abordar la desigualdad. Las medidas para recuperar los miles de millones ocultos en paraísos fiscales deben verse acompañadas de un compromiso de los Gobiernos para invertir en atención sanitaria, educación y otros servicios públicos esenciales que determinan la suerte de las personas más pobres del mundo.

Los Gobiernos también deben tomar medidas para garantizar que el trabajo funcione tanto para quienes menos ganan como para las personas con mayor remuneración, incluyendo elevar los salarios mínimos hasta que se conviertan en salarios dignos y acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres.

“Los ricos no pueden seguir defendiendo la idea de que su riqueza beneficia a todo el mundo. Al contrario, su extrema riqueza es un síntoma de una economía global enferma. La mayoría de la población mundial, y sobre todo las personas más pobres, han pagado el precio de la reciente explosión de riqueza de las personas más ricas", añade Byanyima.

Oxfam asistirá a la reunión en Davos no solo como parte de su campaña contra la desigualdad, sino para presionar también a los líderes mundiales y las grandes empresas para que aborden el cambio climático y tomen medidas para resolver las crisis humanitarias, incluida la que está ocurriendo en Siria. 

Notas a los editores

Número de personas que poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial desde 2010:
2010
388
2011
177
2012
159
2013
92
2014
80
2015
62
Los datos sobre la riqueza del 1%, el 50%, y el 99% provienen del Credit Suisse Global Wealth Datebook (2013 y 2014) https://www.credit-suisse.com/uk/en/news-and-expertise/research/credit-suisse-research-institute/publications.html
Se ha calculado la fortuna de las 62 personas más ricas del mundo a partir de la lista de milmillonarios de Forbeshttp://www.forbes.com/ los datos anuales provienen de la lista publicada en marzo.
Los cálculos incluyen riqueza negativa (es decir, deuda). Para comprobar la veracidad de los datos, Oxfam ha recalculado la participación del 1% más rico en la riqueza mundial una vez deducida la riqueza negativa. No hubo un cambio significativo (pasó del 50,1% al 49,8%). La participación de la riqueza negativa en la riqueza total ha permanecido constante a lo largo del tiempo, por lo que las tendencias de distribución de la riqueza no se han visto afectadas.
Descargar el informe completo - Una economía al servicio del 1%