domingo, 24 de enero de 2016

Sin agua no hay salida a la pobreza


Jóvenes paquistaníes transportan cántaros durante un atardecer en Lahore (Pakistán) / ARIF ALI (AFP)


Sin agua no hay salud. Ni educación. Ni igualdad entre sexos. Puede alguna de estas relaciones no ser obvia, pero todas existen. La primera es quizás la más clara: la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que por cada dólar invertido en suministro de agua potable se ahorran entre 3 y 34 en sanidad. Las horas que pasan los menores transportando este líquido en lugar de ir a la escuela explica la segunda. El hecho de que sean las mujeres las que suelen cargar con el peso de proveer a sus comunidades tras interminables recorridos en busca de pozos o ríos aclara la tercera. Y son solo tres ejemplos: agricultura, energía, nutrición, mortalidad infantil tienen una estrecha relación con el agua. Sin ella no hay desarrollo ni salida a la pobreza.


Todavía quedan en el mundo 760 millones de personas que no tienen acceso a agua potable. Representan algo más de un 10% de la población del planeta. No es una cifra despreciable, pero hace solo 15 años eran más del doble. Con ello, la meta que se planteó la ONU dentro de los Objetivos del Milenio se ha cumplido. No así en cuanto al acceso a saneamiento: 2.500 millones carecen de él. Unicef y la OMS resumen los próximos retos en cinco propuestas: nadie debe defecar al aire libre (en 2011 todavía lo hacían 1.000 millones de personas); todos deben disponer de agua potable, saneamiento e higiene en el hogar; esto también debe suceder en todas las escuelas y centros de salud; las instalaciones deben ser sostenibles; las inequidades en el acceso han de ser eliminadas. Lo que no es tan evidente es la vía para realizarlas. La ONU está preparando los objetivos post 2015, que marcarán la agenda del desarrollo humano hasta 2030. El acceso al agua es uno de los candidatos a estar entre la decena de metas que conseguir, pero también puede quedarse fuera, disperso entre otras, ya que es transversal a muchas como las antes mencionadas.

España, que participa en la elaboración del borrador que se presentará en la ONU el próximo julio sobre la agenda post 2015, es uno de los países que presiona para que el agua sea uno de los objetivos medibles, con entidad propia. El secretario de Estado de Cooperación Internacional, Gonzalo Robles Orozco, que ha participado esta semana en el Tercer Encuentro de la Gobernanza del Agua de la OCDE en la Casa de América de Madrid, explica que la posición del Gobierno: "El acceso a agua limpia es un derecho humano y ha de ser reconocido como tal. Parece que vamos por el buen camino. Y todo hace pensar que está al alcance de la mano que en 15 años todo el mundo tenga acceso a agua en condiciones de salubridad. El reto es la gestión de los residuos".

El saneamiento no es un problema menor. Conseguir llevar agua a cualquier rincón del planeta puede convertirse en un esfuerzo inútil si los desechos que generan sus habitantes la contaminan. "Si se llevan 100.000 litros a una población, deben de salir después por algún lado", ejemplifica Marco Antonio Fortín, presidente de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados de Ecuador, país, como la mayoría de los de su región, que trabaja para tratar las aguas negras que se generan sobre todo en las zonas rurales creando problemas de salud para sus poblaciones. En ocasiones, fatales.

El problema del saneamiento es doble: por un lado requiere de infraestructuras más complejas; por otro, las inversiones son menos visibles, según Aziza Akhmouch, directora del programa de Gobernanza del Agua de la OCDE: "Cuando un político, un alcalde, por ejemplo, lleva agua potable a una población donde no la había, el reconocimiento es inmediato y el rédito, también. El saneamiento es una segunda etapa más complicada de implementar pero que tiene un gran impacto, ya que su ausencia contamina los acuíferos y también repercute en la salud de las comunidades". Akhmouch no es tan optimista como Robles Orozco con respecto a conseguir agua salubre universal en 15 años. "El reto debe ser ambicioso, porque aunque haya regiones del planeta donde no se pueda conseguir, en muchas otras seguramente sí, y será un incentivo para todas ellas. Pero debemos tener en cuenta que las zonas que no gozan hoy de suministro son precisamente aquellas donde es más difícil llevarlo", explica.

Junto a España, otros 56 países han firmado a favor de que el agua sea un objetivo y un total de 94 ya están alineados en esta meta. Esto hace el propio Robles Orozco y la comunidad del agua en general, como se autodenominan los actores que participaron en el foro (ministerios, agencias públicas y privadas, asociaciones, fundaciones y otros organismos que trabajan en este ámbito), sean moderadamente optimistas con respecto a que la ONU lo convierta en uno de los objetivos prioritarios para 2030. Gérard Payen, presidente de AquaFed (la federación de operadores privados de agua), es uno de ellos: "Hay muchos objetivos que conseguir y todos son muy importantes: seguir reduciendo la mortalidad infantil, mejorar la salud, reducir la pobreza. Mucho de lo que hay detrás de ellos se soluciona con agua salubre, por eso considero que no debe quedar difuminado dentro de otras metas".

¿Tiene tanta importancia que sea un objetivo individual? La opinión de esta comunidad del agua es casi unánime. "El acceso al agua es un prerrequisito para todos los indicadores del desarrollo. Y se debe abordar individualizadamente, porque si estás en todos, no estás en ninguno", insiste Tom Soo, director de la Asociación Internacional de Recursos Hídricos. Menos tajante es Akhmouch, quien explica que para la OCDE, independientemente de cómo se plantee su abordaje, lo fundamental es que todos los países estén al tanto de la importancia que tiene la política hídrica para el progreso. "Tenemos que concienciarlos de que no se puede reducir la pobreza sin agua, que influye en la agricultura, la energía, los movimientos migratorios. Es el centro del desarrollo", explica. Sea un objetivo prioritario o no, lo que tiene claro la organización es que resulta imprescindible cambiar el modelo con el cual nos relacionamos con el líquido elemento: "Debemos convencer a los usuarios de que hay que pagar por el agua que consumen. Tiene un coste, no puede ser gratuita. Para llegar a ello, es clave involucrar a los usuarios, los gobiernos han de desarrollar comunicación política adecuada".


Una mujer india carga con un cubo de agua enfrentándose al viento y la arena junto al río Brahmaputra, en Gauhati, India. / ANUPAM NATH (AP)

En la información de los usuarios y el coste del agua hacen también mucho hincapié Fuad Bated, consejero de la división de Agua de la Unión para el Mediterráneo y Anthi Brouma, del Global Water Partnership, agencias ambas que trabajan principalmente asesorando en asuntos hídricos a los países del norte de África y del sur de Europa. "Los Estados tienen dificultades para encontrar los recursos económicos suficientes para implementar políticas de agua apropiadas. Una de las soluciones es involucrar al sector privado, pero puede ser complicado, porque es necesario un marco regulatorio que funcione bien, cada actor ha de tener muy claro su papel. Esto no quiere decir que promovamos la involucración de las empresas, simplemente proponemos que se analicen los pros y contras, las oportunidades y los retos", explica Brouma. Su colega añade que la información prestada a los usuarios es crucial: "En la región mediterránea la población demanda que los gobiernos estén incluidos en los procesos. Ellos saben que es financieramente difícil, por lo que probablemente es bueno que haya empresas privadas involucradas".

Esto no es un canto a la privatización del agua, según sostienen ambos asesores: "Es un método que ha sido usado en muchos lugares del mundo con algunos éxitos y muchos fracasos. Se trata de que cada Estado tome las soluciones más adecuadas gracias a la experiencia de los demás". En este sentido, la OCDE recuerda que solo el 10% del planeta consume agua privatizada. "Nuestro papel es que los países tomen decisiones informadas. Si privatizan, que lo hagan bien. Por eso ofrecemos un guía con 24 principios que deberían tener en cuenta a la hora de gestionar sus recursos hídricos. No se puede pensar que por privatizar, el Estado se desentiende, es necesario que garantice el suministro y que regule de una forma adecuada", añade Akhmouch.

Porque la gobernanza casi tan importante como la propia abundancia o escasez del líquido en muchos territorios. En Latinoamérica, sobre todo, los hay con generosas precipitaciones y una acuciante falta de acceso. Los ángulos para abordar este tipo de problemas son muchos. Las infraestructuras resultan importantes, pero como subrayan los expertos consultados en el foro, no suficientes. En España hay un ejemplo muy claro: las desaladoras financiadas con presupuestos comunitarios por unos 1.500 millones de euros funcionan a menos del 20% de su capacidad. La planificación adecuada para los recursos, el empoderamiento de las comunidades donde se toman decisiones o un marco regulatorio adecuado son actuaciones complementarias e igualmente necesarias para solucionar los problemas de falta de acceso al agua.

Avances y retos hidrológicos

Un informe de la OMS y Unicef publicado en 2013 hizo una radiografía de los problemas del agua en el mundo. Estas fueron sus principales conclusiones:
  • Casi dos tercios de la población mundial tenía acceso a instalaciones mejoradas de saneamiento, casi 1.900 millones de personas más que en 1990.
  • 2.500 millones de personas carecían de acceso a servicios de saneamiento mejorados. De estos, 761 millones usan servicios de saneamiento público o compartido, y 693 millones instalaciones que no cumplen las normas mínimas de higiene.
  • En 2011, 1.000 millones personas todavía defecaban al aire libre. El 90%, en zonas rurales.
  • A finales de 2011, el 89% de la población mundial utilizaba una fuente mejorada de agua potable, y el 25% tenía una red de agua corriente en el hogar. Esto indica que alrededor de 768 millones de personas carecen de fuentes mejoradas de agua potable, de las cuales 185 millones dependen de las aguas superficiales para sus necesidades diarias.

“El agua virtual es tan importante como los trasvases”

El director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, Ramón Llamas, se indigna cuando en los foros internacionales sobre agua, como el encuentro de la OCDE que se ha celebrado esta semana en Madrid, no se tiene en cuenta un concepto clave para él: el líquido virtual; es decir, el que se necesita para la producción de cualquier producto. 

Pregunta. ¿Por qué es tan importante tenerlo en cuenta?
Respuesta. La mayor parte del agua se usa para producir cosas con muy poco valor, como trigo o algodón. Eso hace 20 o 30 años era necesario porque todo país tenía que ser autosuficiente en alimentación básica. Hoy no. Un ejemplo son los kiwis. La mayoría vienen de Nueva Zelanda. Esa fruta llega de las antípodas porque el transporte es rápido y barato. De lo contrario, no la comeríamos.
P. ¿Propone redistribuir el agua por medio de los alimentos? 
R. Exacto, es un concepto básico, importantísimo que puede cambiar la política del agua en el mundo. Jordania, Israel y el norte de África no podrían vivir con su propia agua, sino importando alimentos. En España la industria ganadera, que es bastante importante, no podría subsistir solo con agua española. Se importan piensos, sobre todo de Argentina y de Brasil. Vivimos de la lluvia de esos países. 
P. ¿Por qué cree que algunos foros no tienen en cuenta el agua virtual?
R. No se entiende. Temo que hay gente que vive de sembrar esta catástrofe de la escasez. 
P. ¿Cómo se ha de tener en cuenta el agua virtual a la hora de la planificación?
R. Por ejemplo, en España la cuenca del Segura no puede planificar sin tener en cuenta trasvase del Tajo. Hoy día esta conexión es planetaria. El agua virtual tiene un papel tan importante como los trasvases. Un problema de escasez permanente o temporal se resuelve en gran parte con comercio de alimentos. Eso mucha gente no lo quiere admitir. 
P. ¿Cómo se articula esta solución?
R. La falta real de agua es un problema ético. Ocurre que las reglas del comercio internacional son poco justas y poco solidarias. No seamos hipócritas, legislemos en este ámbito. Me decía no hace mucho un agricultor de Murcia: “Mis problemas van a ser los ajos y las cebollas de China”. El comercio internacional es factor muy importante a tener en cuenta desde todos los puntos de vista.
P. ¿Las infraestructuras son secundarias, entonces?
R. Para mí es curioso que España vanaglorie de ser el cuarto país del mundo en grandes presas, es un absurdo. No hacían falta tantas. Hemos perjudicado nuestros ríos. Las infraestructuras son necesarias en muchos lugares, pero no es la única solución, aunque es la que más interesa a las empresas constructoras. El mundo ha cambiado, se puede hacer un enfoque muy distinto.

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