jueves, 14 de abril de 2016

Ana María Schlüter: "Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen"


Ana María Schlüter


La maestra zen participó en la Semana de Teología Patoral del ISP

"El Vaticano II anima a que promulguemos los bienes espirituales de otras religiones"

El sufrimiento tiene una causa, que es el deseo. Hay una salida, que es el desapego, y los caminos rectos: el recto pensar, el recto hablar, el recto decidir, el recto vivir, el recto recogerse, el recto despertar



(Jesús Bastante).- Ana María Schlüter es una maestra zen que vive en Guadalajara. Desde el Instituto Superior de Pastoral de la Fundación Pablo VI, donde ha participado en la XXIV Semana de Teología Pastoral, nos habla de la "ceguera maligna" que padecemos en Occidente, "que nos hace pensar que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad".

Ana María afirma que "lo interior separado de lo exterior no es verdaderamente interior", y que el quietismo que se atribuye al zen es una falacia. 

Defiende que "hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen bien entendido", y también encuentra semejanzas en cuanto a la situación de la mujer en ambas confesiones: "Están igual de apartadas en el budismo y en el cristianismo, esto tiene que ver con una conciencia patriarcal por la que pasa la humanidad en su totalidad".

Para concluir, nos ofrece una sencilla definición del zen: "El zen es un camino para volver a casa"

¿Qué hace una maestra zen en un pueblo perdido de Guadalajara?

Ahí fuimos a parar buscando un lugar donde crear un centro zen. En el 76 vino aquí un jesuita de Tokio que, después de un discernimiento con Arrupe decidió enseñar zen. Estuvo en España durante 10 años, y yo le conocí a través de unas compañeras holandesas y austriacas que habían estado con él. Y luego, a través de él, conocí el zen. Él a su vez me presentó a un maestro zen japonés, que fue el que me dio el reconocimiento como maestra después de estar en Japón formándome.

¿Cómo le explicarías a los occidentales, a los que nos suena todo parecido (el zen, el budismo...), qué es el zen?

Un maestro japonés, al inicio de su manual de advertencias para la práctica del zen, dice que "el zen lleva a descubrir la luz original de cada uno". Es un camino para volver a casa, a casa de verdad. Suena un poco a lo que dice Cervantes en el Quijote a través de la pastora: "contemplando el cielo el alma vuelve a su morada primera". El zen es un camino para volver a lo que realmente uno es, que es cuando uno se entera de lo que realmente es.

¿Estamos, en general, un poco perdidos?

Sí, padecemos una "ceguera común", porque curiosamente el ser humano, lo que más es, no lo sabe. Es una ceguera maligna, porque no saber quién se es, no identificarse con la propia profesión o la propia edad, con ser de aquí o de allí... Si todo esto viene apuntalado por teorías, por ejemplo racionalistas, consumistas, materialistas, etc., es una ceguera maligna, porque dice que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad. Pero hay quien se da cuenta, sabe que esta ciego. se pone en camino y va al "oculista espiritual". Ésa es la ceguera del discípulo zen. Luego está la ceguera de haber caído en la cuenta de esa realidad que no se entiende con los sentidos ni con el entendimiento, y que lo deja a uno colgado. Es lo que antes se llamaría "iluminismo", pensar que todo lo demás no importa, que no hay pobres ni ricos, ni crisis ni nada... Eso sería la enfermedad zen. 

Pero la la iluminación zen, el verdadero despertar de esta ceguera, sería cuando, sin dejar de percibir todo lo que es igual, se pueden ver las diferencias, puedo distinguir entre quien no tiene casa porque le han desahuciado y quien no tiene comida y tiene que ir a comer en Cáritas. Ése es el verdadero despertar. Lo otro es estar colgado.

¿Cómo se aplica el zen a la vida? ¿No es algo demasiado interior como para poder manifestarlo hacia el exterior en el día a día?

Lo interior separado de lo exterior no es verdaderamente interior. Eso es quietismo, y es una falacia. En nuestro tiempo se cae a menudo en eso, porque se busca algo más profundo, pero entonces es muy comprensible que de vez en cuando se resbale, o que se quede muy en la superficie, buscando quietud. Eso está muy bien, pero no es suficiente. Con eso no te enteras de la realidad, no descubres el misterio de Dios.

¿Descubrir todo esto te obliga a intentar cambiarlo?

Es que si una persona se da profundamente cuenta de qué es la realidad, de que todos somos uno, y que el dolor del otro es mi dolor, necesariamente tiene que intentar cambiar.

¿Se parece mucho a las enseñanzas de Cristo?

Sí, hay una gran equivalencia. El zen surgió en el ámbito del budismo, pero cuando se mira con perspectiva, efectivamente tiene mucho que ver con la fe cristiana. Es como si viviéramos en el mismo universo, pero en dos galaxias diferentes. Como dijeron los griegos, y luego San Pablo: "todos vivimos en el mismo universo, pero nos movemos en distintos". Lo enfocamos desde otra perspectiva, pero es la misma realidad. Y eso es también una gran riqueza. Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana (por ejemplo, la sanjuanista), y el zen bien entendido.

¿Alrededor del zen, como alrededor de la mayoría de religiones, hay todo un mercado que tiende a desdibujar la búsqueda de plenitud del zen?

Sí, sin duda lo hay hoy en día. Sucede muchísimo, pero se explica porque hay un anhelo de más profundidad. Lo que pasa es que lo superficial ya no satisface, pero se va a parar otra vez a una superficialización.

Tengo un colega jesuita en la India que dice: "es increíble cómo en Occidente son capaces de consumir cualquier cosa, incluso la espiritualidad".

¿Los libros de autoayuda son fruto de este "boom de la espiritualidad"?

Sí, un intento de búsqueda de lo esencial. Pero no hay que quedarse ahí.

¿Podrían acusarnos de relativismo, por hablar del cristianismo y del zen como caminos parecidos en esencia?

Es cuestión de perspectivas, y eso nos enriquece mutuamente, y nos puede corregir. Eso es lo que se está intentando hacer hoy en día, además recomendado por el Vaticano II, que en la "Declaración sobre las religiones no cristianas", nos dice a los cristianos que conozcamos, valoremos, y hasta promulguemos los bienes espirituales de otras religiones.

¿Es decir, que se puede ser cristiano y practicar zen?

Pues sí. Mi maestro zen japonés era budista, y una vez me dijo: "Si le enseño a usted el camino del zen es para que sea mejor cristiana".

¿Cómo está actualmente la situación en cuanto a convivencia religiosa? ¿Cree la mayoría de cristianos, como cree usted, que hay distintas experiencias de fe compatibles con la fe cristiana?

Se ha avanzado muchísimo desde el Vaticano II. Hay encuentros a nivel de acción, a nivel de reflexión, y en cuanto al zen, hay sobre todo encuentros de experiencia contemplativa. Hará ya unos 40 años casi un benedictino belga estuvo conviviendo con unos monjes zen en Japón, y así surgieron unos encuentros periódicos entre monjes zen y monjes de la tradición benedictina cisterciense. Unas veces han venido aquí a Europa a convivir, y otras veces se han ido allí. Por ejemplo, un año estuvieron los monjes zen en Montserrat.

¿El zen es una experiencia de Salvación, o no afronta el tema de la Vida Eterna?

Sí lo afronta, y muy de raíz. Toda la tradición del zen arranca de la experiencia del sufrimiento y de la impermeabilidad de todo. Uno nace, uno crece, uno enferma, uno muere... La impermeabilidad es en realidad la experiencia humana fundamental de donde arranca todo, junto al sufrimiento. O bien se tiene algo y se tiene miedo de perderlo, o bien no se tiene y se tiene ganas de tenerlo. El sufrimiento tiene una causa, que es el deseo. Hay una salida, que es el desapego, y los caminos rectos: el recto pensar, el recto hablar, el recto decidir, el recto vivir, el recto recogerse, el recto despertar.

¿Es un camino que se puede llegar a completar o, como la propia vida, no tiene más fin que el propio camino?

La persona que se libera, que realmente llega a la Gran Liberación, llega a la salvación según la visión budista. El budismo cree que cuando una persona muere sin haber despertado, vuelve a nacer y vuelve a vivir, en una noria horrorosa que le obliga a volver a pasar por el sufrimiento. Eso de las reencarnaciones aquí en Occidente también se entiende con dificultad y se superficializa. Al igual que en el budismo no se habla de divinidad, aunque tampoco se niega. El zen no habla de lo que no puede conocer, pero también nosotros sabemos que a Dios nadie le ha visto.

¿Se puede alcanzar la felicidad?

Sí, y el camino es el despertar. Al enterarme de la realidad (que es igual y diferente a la vez), se alcanza una gran paz, una gran serenidad, que no quita sentir el dolor, pero sí el sufrimiento. No es lo mismo sentir dolor que sufrimiento. Por ejemplo, cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, llora porque sufre; pero en cuanto le recoge su madre y le abraza, le sigue doliendo pero ya ha dejado de sufrir. Es distinto.

¿La situación de la mujer en el budismo y en el zen es semejante a la que tiene en las confesiones cristianas?

Hay confesiones dentro del cristianismo en las que la mujer está apartada, y otras en las que ahora empieza a tener un papel mucho más importante. En el budismo y en el zen pasa lo mismo. Yo creo que esto tiene que ver con una conciencia patriarcal por la que pasa la humanidad en su totalidad. Entre las mujeres budistas y zen de Estados Unidos hay un movimiento muy grande para recuperar el puesto femenino dentro de la tradición del zen. Los verdaderos maestros zen no harían diferencias nunca.

Publicado en PERIODISTA DIGITAL

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